Como en tiempos más graves por violencia durante la administración tristemente célebre de la ex alcaldesa Norma Otilia Hernández Martínez, actualmente Chilpancingo pasa por un enésimo momento álgido, de extrema alerta, porque no puede haber momentos, a lo largo del año, en que la población capitalina tenga condiciones seguras y dignas de tranquilidad y pacificación en su entorno. Al contrario: como fue hace apenas unos años, salir a las calles de la ciudad puede implicar desde ser potencial víctima de un asalto –ya hasta ‘lo normal’ en recientes semanas-, ser posiblemente testigo de algún hecho de sangre, advertir incluso cuerpos sin vida tirados igualmente en vía pública –como, por cierto, sigue ocurriendo en otro municipio perdido por la inseguridad, que es Acapulco-, o como la noche del jueves en la colonia Tribuna Nacional, ser incluso potencial víctima o testigo de otro acto de sangre más en el transporte público.
Es decir, la capital del estado no acaba de rescatarse ni de recomponerse y por ello, ahora más que nunca, es viable solicitar tanto la comparecencia del alcalde sustituto Gustavo Alarcón Herrera en el Congreso local, como también que los demás órdenes de gobierno tomen en sus manos incluso algunas competencias que le toquen a esta administración local que sigue más y más rebasada ante la incidencia criminal, que para nada dota de condiciones de seguridad y pacificación en sus colonias, barrios, comunidades y vías carreteras, lo que se demuestra nada más consultando recientes informaciones de prensa e incluso este mismo espacio desde hace días, donde no ha dejado de advertirse que, por enésima vez, algo ocurre con Chilpancingo en el tema de la seguridad, por eso siguen más desatados los delitos del fuero común, como también los del nivel federal, mientras a nivel de gobierno local se padece una administración –se recalca- mucho más ocupada en la captación de dinero, de donde se pueda, y ahora hasta en la polarización con sectores sociales, exactamente como ocurría con la ex alcaldesa Hernández Martínez, que ya es bien sabido cómo está acabando su trayectoria pública-política.
Invariablemente a eso se va a enfrentar al alcalde sustituto Gustavo Alarcón: gozando durante un trienio la silla edilicia que le queda grande, y que aprovecha sólo para allegarse de recursos, él y demás servidores públicos del ayuntamiento, el próximo también se va a ir por la puerta de atrás no sólo del gobierno municipal, sino de la historia institucional de la ciudad y del estado incluso, porque únicamente todo lo negativo ha ido en aumento a partir de que tomó protesta en el Congreso, evocando aquella vez la memoria del alcalde asesinado, que por eso mismo está ahora donde siempre deseó verse, aunque en muy decepcionantes condiciones.
Como está Chilpancingo por enésima vez, como siempre por acciones de una delincuencia que le gana de todas, todas, al gobierno municipal, se hace necesario poner sobre la mesa la propuesta de que diputados locales, además autoridades estatales y federales, se metan más a recomponer este ‘barco’ chilpancingueño que sigue amagando con hundirse por completo, donde no se advierte capitanía y menos la voluntad para evitar que colapse. Urge hacer algo, desde ya, antes de que se sigan aventando más cadáveres en las calles y más pasajeros de las urvans se vuelvan potenciales ‘víctimas colaterales’.