Ha trascendido finalmente que no se llevará a cabo, por segundo año consecutivo, la Feria del Libro que le ha tocado facilitar para su realización a los gobiernos municipales en turno; es decir, a pesar de los cuestionamientos de –sólo una parte, hay que señalarlo- integrantes del sector cultural en Chilpancingo, incluso después de una conferencia de prensa de representantes del denominado Nodo Cultural –que agrupa a gestores, cronistas, escritores, vendedores de libros, encabezados por el renombrado, hoy faltado al respeto, Juan Sánchez Andraca-, no hubo ni una motivación para que en el gobierno sustituto de la capital se pusieran del lado del fomento a la lectura, no de la captación de dinero por “pisaje”, y eso ha influido para que finalmente no sólo no haya venta de publicaciones, tampoco actividades culturales –presentaciones y comentarios sobre libros, recitales, bailables, anecdotarios- infaltables en cada actividad anual llevada a cabo en el pasillo del zócalo frente al Museo Regional.
Era lo último que faltaba en este Chilpancingo con su ‘clase’ gobernante más apurada, actualmente, por el acopio de dinero, de donde se pueda y se dejen, para sufragar, el próximo año, los sueños húmedos electorales, primero, muy probablemente, del alcalde sustituto Gustavo Alarcón Herrera –visto en el zócalo la tarde de este jueves, por cierto, de nuevo de manera vergonzante ‘blindado’ por un séquito de seguridad que ya quisiera el resto de la población-, como también de más de un regidor, síndico, directivo y hasta de algún familiar del propio médico, como uno de sus hijos; todos estos últimos, sobre todo desde hace meses, activando una campaña legaloide en las redes sociales, aprovechando las lagunas en la vigilancia, fiscalización y cumplimiento de reglamentaciones electorales oficiales precisamente en la red de internet.
La suspensión de una actividad de arte y cultura, además por supuesto del fomento a la lectura, representa el enésimo golpe para un sector local, representado incluso por el propio Sánchez Andraca, el de la compra-venta de libros no pirata, en constante crisis; además, por supuesto, de otra oportunidad perdida para la misma población chilpancingueña, de por sí dada ahora a comprar menos libros y que sin espacios para la difusión y fomento de las artes siempre sale perdiendo, porque una sociedad culta es vital para generar una sociedad mejor informada, más crítica, consiente, respetuosa, defensora de sus espacios público-familiares, como el zócalo.
Pero es a lo que le tira, seguramente, el gobierno sustituto priista-panista con este nuevo boicot a la Feria del Libro: a incidir para que la gente no lea y no se abra panoramas hoy vedados porque no va a poder tener acceso a un evento donde se fomenten intelectualidad y consciencia social; sí incidir, en cambio, como única prioridad de gobierno, en el acopio de dinero de la ciudadanía –como del sector comercial invasor que ahora ocupa más espacio en pasillos y escalinatas del zócalo- para que gente como Gustavo Alarcón, alguno de sus hijos y otros monumentos a la incompetencia en el ayuntamiento, tengan de dónde seguir agarrando para financiarse las aspiraciones personales, que no son de beneficio social sino para tratar de brincar a otro cargo público. Que no se olvide, para el próximo año de elecciones, este reciente agravio social que ahora le pega al fomento de la lectura y las artes, sectores también en crisis en Chilpancingo.