En medio de lo caótico y estresante –sobre todo para residentes- en que se ha convertido, sobre todo en recientes años, la realización del cada vez más popular pero degradado evento Acamoto, hasta la tarde-noche de este domingo lo resaltable era que el saldo entre la asistencia no había sido ni tan alarmante y mucho menos trágica con respecto a ediciones anteriores, sobre todo la del año pasado, cuando en Acapulco se dio cuenta de un inédito y gravísimo saldo de ocho decesos, al menos 30 lesionados, unos 40 detenidos, además de detonación de armas de fuego y desfiguros diversos que han ido desde peleas en las calles, personas prácticamente desnudas y el consumo público de enervantes como solventes, sobre todo.
Este fin de semana los desfiguros fueron los habituales pero la verdad, hay que reconocerlo, es que en menor medida, como menos fueron los accidentes y los escándalos desde el viernes y hasta la tarde de este domingo en ese puerto sí urgido de turismo y eventos de calidad, pero que tiene en su Acamoto anual una actividad que polariza, que genera polémica, de la que unos están a favor y otros en contra, pero que nunca ha dejado indiferente a la opinión pública y a los medios de comunicación, por cierto esta vez con mayor presencia en puntos de la Costera Miguel Alemán y en la zona de La Quebrada y Sinfonía del Mar, a donde se trasladó ‘la fiesta’ pero hay que resaltar también que sin que se registren mayores sobresaltos.
Un Acamoto menos peor este año y ello ha sido, primero, porque representantes y trabajadores de establecimientos y empresas, hoteles sobre todo, tomaron debidas previsiones y, por ejemplo, instalaron desde vallas restrictivas hasta contrataron policías de seguridad privada, precisamente para evitar desfiguros y hasta destrozos de las y los fuereños en propiedad privada; segundo –tal vez lo más destacable-, porque esta vez se diseñó un dispositivo interinstitucional que inhibió la comisión de actos ilegales, como las peleas en calles, el consumo de enervantes, incluso la portación y detonación de armas; también los peligrosos desfiguros de, sobre todo, conductores y conductoras de motocicletas, sean o no aptas para piruetas y altas velocidades.
Esta vez, para dimensionar el nivel de presencia uniformada en los puntos de mayor concentración de asistentes al Acamoto, se vio a elementos de la Guardia Nacional sugiriendo mayor cuidado a personas en las partes traseras de camionetas y a policías estatales realizando operativos, hasta con equipo antimotín, para inhibir la concentración de personas a centímetros de realización de ruidosas piruetas de inconscientes conductores que, la verdad, a eso acuden cada año al Acamoto del puerto, pero ello había incidido en accidentes diversos. Esta vez, se reconoce, el dispositivo de seguridad, sobre todo de los gobiernos del estado y el federal, ha influido para que el saldo no sea ni tan sangriento ni tan destructivo. Ello, por cierto, no debe ser impedimento para que se continúen promoviendo regulaciones en asignación de permisos, circulación de las unidades y concentración del turismo gustoso de la velocidad, el ruido de los motores y la demostración de unidades y malabares. Qué bueno que el saldo ha sido menos peor que en años anteriores pero no se debe dejar pasar la oportunidad de dignificar y rescatar esa actividad, positiva pero si se le transforma para bien.