Dr. Epifanio Martínez Barrera
Yoloxóchitl
A este romántico nombre responde una pequeña localidad indígena ubicada a escasos kilómetros al sureste de San Luis Acatlán, región de la Costa Chica.
Tuve la oportunidad de conocerla, en la segunda mitad de la década de 1960, atendiendo una solicitud escrita del comisario municipal a la Secretaría de Salubridad y Asistencia. En esos días recibí llamada telefónica de la Ciudad de México; mi amigo, el ingeniero José Castro Orbañanos, quería saludarme e informarme que el gobernador electo por Guerrero, profesor Caritino Maldonado Pérez había ido a saludar a su hermana a su oficina para solicitarle tomara en cuenta al Estado de Guerrero en el establecimiento de nuevos centros religiosos que atienden comunidades indígenas pobres, marginadas. Yo lo invité a visitar Yoloxóchitl y quedamos de vernos en el restaurant de Las Brisas el domingo siguiente a las 8 AM y así sucedió. Después de desayunar salimos a Marquelia y de ahí a Yoloxóchitl cuyos habitantes estaban reunidos, asustados porque la noche anterior cayó un aguacero con viento, rayos; uno de estos tocó la cruz de la torre de la iglesia, afectándola seriamente. Mi acompañante y amigo los tranquilizó y les ofreció obsequiarles un pararrayos para que no vuelva a suceder.
Después de un breve recorrido volvimos a la comisaría y platicamos; entre lo que trataron, el problema de la introducción de la luz a su pueblo pero que sentían difícil reunir la aportación económica que la Comisión Federal de Electricidad les pedía.
El ingeniero Castro les ofreció que volvería y ya muy tarde regresamos a Acapulco en donde nos despedimos. Antes del mes volvió a llamarme para informarme que el domingo siguiente regresaría acompañado de un ingeniero y quedamos de vernos el siguiente domingo en la misma hora y sitio y así fue; me presentó al otro ingeniero que, por lo que me enteré, era socio de la compañía que fabrica los postes de cemento que la Comisión Federal de Electricidad compra para sus obras. Nuestra estancia fue corta y con buenos resultados.
El ingeniero empresario les ofreció la donación de los postes necesarios, puestos en Marquelia y de ahí, los beneficiarios se ocuparían de transportarlos hasta Yoloxóchitl, para cuyos habitantes no hay imposibles.
Lamento no haber visto la obra terminada por mi cambio en el servicio; pero ya jubilado buscaré la oportunidad de visitar Yoloxóchitl.