JORGE ALBERTO ABRAJÁN GARCÍA, creación preservadora en San Antonio

“Solito buscaba mis maderas y empezaba a trabajarlas… lógicamente los trabajos salían mal, chuecos, feos”, recuerda el chilpancingueño, danzante tlacololero desde sus 12 años -como tantos chamacos de su tradicional barrio de San Antonio; él, como El Colmenero-, que de 16-17 se acercó con el mascarero Mateo González a que le enseñara a tallar madera, regularmente de colorín, para realizar máscara de Tigre de la Danza de los Tlacololeros (ahora elabora las 17 caracterizaciones, además de máscara de danzas de otras regiones y hasta estados); de ahí, a la par de conformar una primera danza infantil, con su hijo Jorge Luis como pitero, empezó –a pura observación, dice- a elaborar primero chaparreras, chirriones; después, huarachas de tapa de gamuza (la ‘reglamentaria’ para bailar), hasta llaveros y fundas de cuero para adornar botellas, tanto para venta (por ejemplo al mayoreo en el Casino del Estudiante) como para integrantes de su Danza del Compa Chapete (como es mejor conocido el también contador de profesión) que tiene desde hace 25 años, con su hija Brenda ejecutando flauta y tambor, “está reconocida ahorita como la primer, y única creo, mujer pitera en todo el estado”. Mucho orgullo es lo que dice sentir al preservar, junto a su familia, tradición y creación representativas de su barrio y su tierra, “me nace (…) se siente uno muy bien. A veces no me invitan a las bailadas cuando hay eventos, pero cuando veo mis máscaras, ahí voy, no hay necesidad de que me inviten”.

Pablo Israel Vázquez Sosa

Chilpancingueño, la niñez de este artesano de la ciudad, nacido el 23 de abril de 1974, transcurrió en el tradicional barrio de San Antonio, en la calle Agustín Ramírez, entre las danzas, las cuelgas, el mezcal, el pozole, la fiesta patronal y, por supuesto, la Feria de Navidad y Año Nuevo de cada diciembre, “de niño empecé a vestir la danza de los Tlacololeros a la edad de 12 años; fui de una danza a otra, luego a otra. Después, de adulto, me casé, nació mi hijo, a mi hijo le gustó mucho ser pitero, a los 6 años empezó a tocar la flauta y el tambor”.

– Me nace a mí solo-, dice sobre su caso, sobre por qué se integró a esa danza de chamaco, “lo vi de niño y me gustó. Nadie me inculca esto, sino que me nace de mí mismo”.

Y es que, se le comenta, en el barrio se ve a lo largo del año a niñas y niños jugando haciendo tronar el chirrión, hasta simulando Porrazos de Tigre en la plazoleta, “uno como padre se los inculca, a los niños les gusta y lo practican”, responde el hoy habitante de la colonia San Ángel de la capital.

Adolescente Colmenero, joven con su danza

Recuerda que la primer danza que integró la tuvo el señor Arnulfo Francisco, precisamente representante del barrio, “anduve en todas las cuelgas de los barrios, nos invitaban mucho a Zumpango, cuando era (día) de la Candelaria, a varias comunidades también fuimos”.

Hasta los 16, 17 años estuvo en las danzas tradicionales, “mi personaje que utilizaba era El Colmenero. Los 16 sones que integran la danza con los que aprendí a bailar”.

– A los 17 empecé a hacer lo mío, lo propio, me empezó a llamar la atención, nada más veía-, detalla el entrevistado, quien dice que nada sabía de elaboración de máscara tradicional, aunque recuerda que veía a don Mateo González trabajando en sus propias creaciones, de hecho “fue mi maestro en la elaboración de máscara de Tigre, de madera; fue como a los 20 (años), más o menos, que empecé a practicar. Yo solito buscaba mis maderas y empezaba a trabajarlas… lógicamente los trabajos salían mal, chuecos, feos”.

Entonces la madera la conseguía por medio de unos vecinos que se iban a los cerros a traer leña, “les encargaba; la que me traían más era el copal, era más fácil de conseguir”.

Fue en este contexto que el joven Jorge buscó al señor Mateo, prácticamente su vecino, “y gracias a Dios me aceptó, me dijo que sí me iba a enseñar; hacia las máscaras tradicionales de todas las danzas: Diablos, Manueles, Tlacololeros, las máscaras de piel era su fuerte”.

– ¿Cómo lo tomó él?, ¿Cómo fue el trato?

– Conmigo fue accesible. En el patio de su casa tenía un tronco donde trabajaba sus piezas, sus máscaras.

Como iba de a ratos a verlo, así transcurrieron alrededor de seis meses aprendiendo cortes y técnicas, sobre todo –dice- para las máscaras de Tigre, “me enseñó el corte tradicional, las medidas tradicionales, incluso sus moldes tienen una medida exacta; me prestó uno donde le saqué la réplica y en esa me baso para hacer las mías”.

Así que desde sus 20 años a la fecha “ya no lo he dejado”, así que con el conocimiento en elaboración de máscara también ha utilizado la madera de colorín –también conocido como zompantle o pito-, que ya no se consigue en Chilpancingo “pero vas, por ejemplo, a Quechultenango, rumbo a Chichihualco, también hay mucho colorín”.

Llegaron entonces sus creaciones propias de máscara de Tigre, primero con el molde, “la de madera es con el conocimiento que uno adquiere, va dándole la forma. Al principio las hice para mi danza, tengo una danza, soy representante”.

De eso, cuando tenía alrededor de 25 años, conformando su danza tradicional del barrio de San Antonio mucho más conocida por amigos, vecinos e integrantes de la tradición en la capital como la danza del Compa Chapete, “está muy activa. Esa danza surgió porque, te repito, a mi hijo le gustó ser pitero a los 6 años, empecé a hacer una danza de niños, pero la verdad es que es muy complicado, se batalla mucho con los niños, es mucha responsabilidad, los papás te dicen ‘te lo llevas, te lo encargo’, aparte es más trabajo porque ‘ya se aflojó (la máscara), amárrame’, se desamarró el otro”.

Dejó la iniciativa con los pequeños y surgió la danza con jóvenes y adultos “ya con las máscaras que yo elaboré; su primer tocada (de Jorge Luis, su hijo) fue en una cuelga de San Antonio”.

La Danza del Compa Chapete

Entonces, de inicio con su danza, “no teníamos chaparreras, no teníamos chirriones, absolutamente nada, lo único que teníamos era las máscaras que había hecho; hice las chaparreras de vinil, no eran de cuero; poco a poco fuimos comprando lo que es tradicional: chaparreras de cuero, chirriones de varilla, ya después lo empezamos a elaborar”.

Una danza completa la conforman 16 bailadores, 17 en total con quien personifica al Tigre; en su caso, dice que los fue conjuntando porque los entonces niños a quienes enseñó crecieron y se unieron después a la danza de los jóvenes y adultos.

– Poco a poco se va adquiriendo el conocimiento-, responde sobre la incursión a la elaboración de los demás ajuares para la danza, “por ejemplo no sabía cómo cortar una chaparrera, entonces viéndolo y practicándolo aprende uno… no es gran ciencia, pero sí necesitas ponerle algo de cerebro para ir dándole forma a las cosas; por ejemplo una máscara, hay que darle cerebro para ‘a ver cómo doy forma a la nariz’; hay muchos maestros que te enseñan, pero no te dicen exactamente cómo son los cortes, cómo vas a iniciarlo”.

Jorge El Compa Chapete ha elaborado máscaras de las 17 personificaciones de la danza de Tlacololeros: Tigre, Perra, Tlacololero, Jitomatero, Chile Verde, Colmenero, Tecorralero, Elotero, Mezcalero, Tiempero, Rayo Seco, Ventarrón, incluso de danzas de otros estados, como de Viejitos o Diablas, “las que nos piden”.

– Ahorita, a lo que más me estoy adentrando, son las huarachas de tapa, de gamuza, huaracha tradicional que usa el tlacoloero; el forro es cuero de chivo, la correa es cuero de res, la suela es hule de llanta-, detalla el artesano, aprendiz de un maestro huarachero de nombre Pedro Marino.

Cuero de res que también usa para hacer fundas estilizadas de botella, pero también, a pura observación, ya elabora y vende chirriones, llaveros –de mascaritas y huarachitos-, chaparreras.

– ¿Has salido a vender, por ejemplo a una expo de artesanías?

– No, la verdad es que tengo mi trabajo y me absorbe mucho, soy contador. Me han invitado pero no puedo juntar toda la mercancía, al rato me dicen ‘véndeme esto’, voy vendiendo; por ejemplo, trabajo mucho la máscara de Tigre pero en papel maché, esa la entrego por mayoreo directamente al Casino del Estudiante, ahí venden artesanos, ahí les entrego.

Ya cuando se trate de hacer una máscara para sacar danzar el trato es directo con Jorge Alberto, “por ejemplo, para invertir en una de Tigre necesito que me dejen el 50 por ciento del costo”, así que, ahora, “a la mayoría de las danzas de Tlacololeros de Chilpo les entrego máscaras”.

‘Presencia’ en la danza aunque no esté

Invitada su danza a prácticamente todas las cuelgas por fiestas patronales, por supuesto a la de San Antonio cada junio, quienes integran la agrupación vienen a esta vivienda, de la colonia mencionada, colindante con la colonia Telumbre, “vienen aquí nada más con su toalla, sus pañuelos, aquí se les da chaparrera, costal, sombrero, máscara, hasta chirrión; el sombrero, en la parte de atrás, lleva unas ramas que se llaman ahuejote, al frente llevan las flores de papel crepé”.

Por supuesto no es el único en esta casa preservando tradición e impulsando lo relacionado con la danza: además de su hijo, también su hija Brenda forma parte de esa iniciativa, ya sea como integrante de la danza e incluso ejecutando flauta y tambor, “está reconocida ahorita como la primer, y única creo, mujer pitera en todo el estado”.

– Desde antes (de que lleguen los jóvenes de la danza) empiezo a sacar costales, a arreglar las chaparreras, poner las máscaras, ya los danzantes vienen nada más a ponérselo y al baile-, dice Jorge Alberto, “en todas las fiestas patronales que nos invitan, ahí estamos”.

De hecho, en las realizaciones del Paseo del Pendón, la actividad que da inicio a las festividades de la Feria, la Danza del Compa Chapete es la segunda representante de San Antonio que encabeza el recorrido del barrio, “he invitado y vienen muchos muchachos a vestirse, a bailar; han venido a que les enseñe a elaborar máscara… ahí tengo un alumno, el más grandecito de mis alumnos”, dice sonriendo Jorge Alberto al señalar al artista plástico, vecino y amigo Samuel Astudillo, presente en este encuentro, “de jóvenes, de 12 años hacia arriba, con los niños es poquito más complicado y peligroso porque se utilizan mucho las navajas”.

– ¿Por qué Compa Chapete a tu danza?

– Es un mote, un apodo, así me dicen, desde siempre. La mayoría de los danzantes son compadres, contemporáneos unos, (luego dicen) ‘vamos a bailar donde el compa Chapete’, así se quedó entonces la Danza del Compa Chapete, así se le conoce.

Máscaras que llama resistentes, para niño y para adulto; además de los insumos para la danza ya mencionados, Jorge Alberto tiene nociones de sastrería y sabe coser prendas relacionadas con el Tigre, que por supuesto elabora para vestir a quienes integran la danza.

– ¿Qué te genera, Jorge, preservar tanta tradición arraigada en tu barrio y en Chilpancingo?

– Mucho orgullo, mucho gusto, ¿Invertirle mucho?, no le invierto, lo más costoso son las máscaras, cuando sale una y la vendo, ahí voy comprando material.

“Me relajo”, reconoce sobre el momento en que está elaborando sus creaciones.

– ¿Qué sientes cuando ves tu obra ya terminada, usada en la danza?

– Se siente uno muy bien. A veces no me invitan a las bailadas cuando hay eventos, pero voy, y cuando veo mis máscaras ahí, ahí voy, no hay necesidad de que me inviten.

 

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