Además de la habitual e impune incidencia en el robo de motocicletas y motonetas en la ciudad; la creciente deficiencia en materia de alumbrado público –lo que incide en el peligro de comisión de delitos contra peatones, comerciantes y automovilistas-, y la desaparición de recorridos y presencia de elementos de la Policía Preventiva en la vía pública, ahora se suma el riesgo de que, en la vialidad más concurrida de todo Chilpancingo, se dé el riesgo de una agresión sin explicación, como se denunció el jueves en la noche.
Aunque como casi siempre en redes sociales no se llega a profundizar ni a aclarar lo suficiente, surgió una denuncia anónima en el sentido de que una mujer embarazada fue agredida por un sujeto, presuntamente indigente, con un cuchillo; narra la denuncia –compartida en espacios diversos en Facebook- que la situación no pasó a mayores por la bolsa que portaba la presunta atacada, quien concluyó con una especificación: “no había ningún policía por la zona”.
Es decir, el caso pone en evidencia uno de los tantos pendientes institucionales en Chilpancingo: la garantía de seguridad pública para la población; hay que recordar que en ese muy concurrido lugar, la calle andador Emiliano Zapata, se han dado hechos graves de violencia, que van desde intentos de robo y robos consumados, hasta ataques a balazos a individuos y hasta a grupos, en este caso en la zona de los locales de venta de bebidas alcohólicas, que poco después de algún hecho de sangre vuelven a ser reabiertos, preservando con ello el círculo riesgoso de inseguridad, impunidad y riesgo de que vuelva a ocurrir algún ataque.
Una inseguridad en la zona también potenciada por indigentes y personas presuntamente con adicciones y deficiencias en facultades mentales que, como en el presunto caso denunciado –no se ha dado seguimiento y menos una reconfirmación de los hechos-, son potenciales agresores o generadores de actos de riesgo, como incendios –hay antecedentes de que esas personas prenden fuego en vía pública a lo que tengan a la mano-, mientras ha permanecido rebasada, y en muchos casos desaparecida, la Secretaría de Seguridad Pública de Chilpancingo, que ni titular formal tiene, porque el policía estatal Abraham García Valente ha seguido como encargado de despacho, sin certeza en la encomienda pública y ello, tal vez, incide en las deficiencias operativas y carencia de resultados de una Policía Preventiva prácticamente inexistente, ni en el primer cuadro ni en las colonias alejadas –se dice que las y los elementos llevan semanas sin dar rondines en la zona de la Guerrero 200 y alrededores, por ejemplo-, que no pueden ni garantizar algo de presencia en la vialidad más concurrida de toda la ciudad, que es la calle Zapata, enésimo punto de Chilpancingo que le recuerda a la población que la administración municipal sustituta, de Gustavo Alarcón Herrera, continúa indolente, rebasada, sin capacidad de reacción ni de gestión, ante tema sensibles como éste precisamente, el de la seguridad de las y los capitalinos, que ahora resulta que ya están en riesgo nada más saliendo a la calle y estando incluso caminando en lugares muy céntricos.
La enésima denuncia del jueves –especialmente grave en esta ocasión- sobre lo ocurrido en el andador Zapata sigue generando inquietud, desconfianza y molestia social: no hay garantía de seguridad mientras el “ciudadano de primera”, Gustavo Alarcón, ofende ostentosamente resguardado, pero, ¿Y el resto de la ciudadanía?