Tren Parlamentario

Vicente Bello

475 años de la Universidad de México, hoy UNAM

La Cámara de Diputados se erigió ayer en San Lázaro en una sesión solemne y homenajeó a la Universidad Nacional autónoma de México por los 475 años de su fundación. El homenaje incluyó la inscripción, en el muro de honor del recinto principal de la institución camaral, de la leyenda “475 años de la Universidad de México 1551-2026”.

Los seis grupos parlamentarios se posicionaron en torno de la muy prestigiada universidad del país. Y así fue la oratoria, a su vez, de Leonardo Lomelí Vanegas, rector de la UNAM: “La aprobación unánime de este reconocimiento expresa un acuerdo muy significativo para nuestra comunidad y para la educación pública del país. Agradezco al diputado Ricardo Monreal, presidente de la Junta de Coordinación Política, por su apoyo a esta iniciativa (…) y a todas y a todos los diputados que hicieron posible esta aprobación.

“Como señala el propio dictamen de la comisión, este acto difiere del realizado en 2003 cuando el nombre de nuestra casa de estudio quedó inscrito con letras de oro en este recinto. Hoy se honra una tradición universitaria de alcance nacional, regional e internacional, cuyas aportaciones a la educación, la ciencia, las humanidades y la cultura forman parte de la historia de México y trasciende fronteras.

“Que este acuerdo haya sido alcanzado en el seno de una Cámara de Diputados plural merece destacarse. Confirma que más allá de las diferencias políticas es posible valorar a las instituciones que sirven al país y respaldar la continuidad de su labor por encima de cada legislatura y periodo de gobierno.

“Recibimos esta distinción con gratitud y plena conciencia del deber que conlleva. Ante la representación nacional nos corresponde explicar cómo el quehacer universitario contribuye al bienestar de la población y qué recursos y apoyos requiere para ampliar sus aportaciones al país.

“De la universidad colonial a la universidad del siglo XXI, la tradición que conmemoramos ha atravesado rupturas y profundas transformaciones en su organización, sus propósitos y su relación con la sociedad.

“Su vigencia se ha sostenido en la capacidad de responder a nuevas preguntas e informar a quienes participan en la transformación del país. En particular, en los 116 años transcurridos desde la creación de la Universidad Nacional en 1910, su historia se ha entrelazado con la construcción de México contemporáneo, por sus aulas han pasado decenas de miles de hombres y mujeres que han llevado sus conocimientos a hospitales, escuelas, zonas marginadas, empresas e instituciones públicas. En su comunidad han surgido iniciativas que han nutrido la visión y comprensión de la educación superior. Fortalecido a la investigación y enriquecido la vida cultural del país.

“Buena parte de esa labor se manifiesta en el trabajo cotidiano de sus egresadas y egresados. La Universidad también ha sido una cantera de un campo fértil para pensar y reinventar a México con libertad y criterio.

“Ha dado cabida a distintas corrientes de pensamiento. Ha acogido a quienes encontraron aquí un refugio frente a la persecución y ha abierto foros para cuestionar las injusticias. Su vocación humanista ha ayudado a ensanchar nuestra vida democrática y a reconocer en la diversidad un faro que debemos preservar.

“Pero este recorrido en el tiempo también posee una dimensión íntima y singular, la de las familias que vieron a una hija o hijo cursar por primera vez estudios superiores. La de quienes encontraron en una maestra o maestro la motivación para seguir adelante. La de universitarias y universitarios cuyo empeño abrió oportunidades para las siguientes generaciones.

“Desde esta sede parlamentaria, esta historia invita a considerar una responsabilidad compartida, procurar que México cuente con instituciones capaces de generar conocimiento propio, examinar sus problemas y preparar a las generaciones que habrán de afrontarlos.

“El Congreso y la Universidad contribuyen a esta tarea desde ámbitos distintos. Por un lado, la representación política delibera y decide sobre las normas y los recursos públicos. Por su parte, la comunidad académica transmite saberes, investiga, contrasta explicaciones y aporta elementos para comprender las consecuencias de esas decisiones.

“La sinergia entre ambos exige reconocer esta diferencia, el conocimiento especializado puede esclarecer alternativas, proponer soluciones creativas y pertinentes, advertir riesgos y analizar resultados.

“La responsabilidad de seguir sobre el rumbo que habrá de tomar el país corresponde a quienes han recibido el mandato de la ciudadanía. En esa relación, la autonomía universitaria ofrece una garantía para la sociedad, permite que la pedagogía y la investigación sigan sus preguntas y sus métodos. Incluso, cuando sus conclusiones cuestionan intereses políticos, ideológicos o económicos.

“A su vez, el respaldo público a las instituciones de educación superior debe acompañarse de información clara sobre el ejercicio de sus recursos y el cumplimiento de sus tareas.

“La evaluación de resultados y la rendición de cuentas permiten identificar necesidades, corregir deficiencias y sustentar las decisiones sobre la asignación de recursos, con pleno respeto a las atribuciones académicas de cada casa de estudios.

“Esta Cámara cumple una función decisiva en este equilibrio. Mediante el trabajo legislativo y la aprobación de los presupuestos, contribuye a garantizar los recursos y las bases necesarias para que la educación pública, la investigación y la cultura estén al alcance de todas y todos.

“Las instituciones públicas concentramos más del 60% de la matrícula nacional. Entre los ciclos 2015-2016 y 2024-2025, la población escolar de nivel superior creció cerca de 30%, al pasar de 4.2 millones de estudiantes a 5.5 millones”…

Y seguían. Un detalle: ninguno de los oradores se acordó de Alejandro Gómez Arias, el gran baluarte de la autonomía universitaria en el movimiento de 1929.

 

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