En otro momento hubiera sido un escándalo. Pero no: como en tantos otros aspectos de la vida pública nacional –inseguridad, abuso de poder, casos de corrupción, complicidades-, hay nula capacidad social de crítica y de exigencia, hasta de solidaridad, ante los casos cada vez más constantes de protestas, bloqueos viales y paros hospitalarios por las condiciones tanto laborales como en existencia de insumlos, precisamente, en nosocomios públicos, ya sea en la Ciudad de México como en estados del norte o sur del país.
Aunque en Guerrero no se ha llegado a conformar públicamente un movimiento de médicos y enfermeras manifestantes, así como derechohabientes y familiares inconformes organizados, sí ‘bajo la mesa’, en la plática cercana, sobre todo en farmacias y afuera de clínicas y hospitales -se reitera que del sector público-, hay constante preocupación porque ciertos insumos y medicamentos no han estado tan disponibles para la población; un ejemplo es la insulina para el control y tratamiento en casos de diabetes, carente en el sector público de salud y que ha obligado a familias, así como de manera individual, a hacer lo más posible para encontrar medicamentos específicos incluso fuera de Chilpancingo, aquí donde, en específico, van en aumento los comentarios y las lamentaciones por las –todavía no tan hechas públicas- carencias en el área de farmacia de los hospitales públicos, lo que por consiguiente influye en el desvío de dinero ya presupuestado, para la manutención cotidiana del hogar y sus integrantes, para continuar garantizando el control y el acceso a una salud más o menos digna en quienes, en específico, padecen esa enfermedad crónico-degenerativa como la diabetes, además de alta incidencia en el país y por supuesto en esta entidad.
Si bien no se está ante una grave crisis preocupante, que amagaría con parar y colapsar la atención a la derechohabiencia de la capital y sus alrededores, siempre hay una ventana de oportunidad para que autoridades, estatales y federales, del sector Salud, sean garantes del acceso digno obligatorio a la salud; también una oportunidad para que representantes populares se interesen más en los temas que atañen a la ciudadanía y no tanto en los actuales intereses electorales, y aquí tienen un tema perfecto en el cual podrían involucrarse. Para ello también, claro está, se requiere que la ciudadanía quejándose de manera particular y casi casi a escondidas, cada que tiene oportunidad pero en alguna plática en corto, vaya conformándose para que, en colectivo, exijan la dignificación en el trato hospitalario y que ya no se les siga diciendo que no hay –como sólo un ejemplo- la insulina en las áreas de farmacias, y que por ello tienen que vérselas muy complicada para buscar y tratar de comprar ese insumo, que adquirido de manera particular tampoco es tan barato.
En efecto, en otros sexenios hubiera sido un escándalo la queja del personal médico en estados del país, así como las dificultades ciudadanas para acceder a medicamentos básicos en las instituciones donde estén cotizando, pero es lo que hay en este país que, se dice, se está transformando; antes de que la carencia se agrave a niveles hasta de riesgo para la vida de las y los derechohabientes, se insiste en la apremiante necesidad de que familiares y hasta los pacientes se vayan organizando, mínimo para visibilizar más este tema por ahora no denunciado públicamente, sólo padecido en silencio y de manera particularizada.