PETRA HERMILLO MARTÍNEZ, empleo doméstico y digna reivindicación

Sabedora de que tenía que ir a casa ajena aun estando enferma (le gustaba lavar baños: así se echaba agua y andaba descalza para sentir algo de alivio), la niña que empezó a ejercer trabajo doméstico desde sus 9 años creció entre la normalización de la segregación (“tú no comes aquí”), la alimentación con –por ejemplo- plátanos pasados de maduración, calificativos como “india ladina”, que le decían adultos, o “niña café”, como la nombraban niños que cuidaba, pero una palabra especialmente le molestaba: “sirvienta”. Hermana mayor, con su mamá Cenorina también trabajadora del hogar en Chilpancingo (llegadas de Ahuacuotzingo, Montaña de Guerrero), Petra siempre se preguntó por qué lo que hacía no implicaba tener vacaciones o aguinaldo, como cualquier otro trabajo. Un contexto social, 1988 con el candidato presidencial Cuauhtémoc Cárdenas, hizo que no sólo conociera nuevos conceptos (asambleas, organización vecinal, gestión), sino que se integrara, primero, al Comité de Defensa Popular (CDP), después a Mujeres Guerrerenses por la Democracia, junto a académicas universitarias con quienes supo (ella alegre, sorprendida) que había un Día Internacional del Trabajo Doméstico. Fundadora del PRD (al que renunció), en cursos, talleres, marchas, reuniones, conoció a más realizadoras de trabajo doméstico remunerado (las primeras fueron compañeras de escuela, adolescentes que le revelaban acoso de empleadores), y de trípticos informativos sobre derechos de género y laborales fue fundadora, hace 25 años, de la Red de Mujeres Empleadas del Hogar, entonces con 50 integrantes y ahora son 997 en municipios del estado, sabedoras de que su labor se basa en salario mínimo y acceso a prestaciones como seguridad social (un especial pendiente por el que siguen luchando y concientizando. Le piensa, la galardonada el año pasado con el premio estatal al Mérito Civil “Antonia Nava de Catalán”, cuando se le pregunta qué tiene que decir de Petra Hermillo y sus años de activismo, “¡no me he ocupado de mí! Las cosas que he hecho no las he hecho sola… falta muchísimo, todavía. Yo me voy a ir de este mundo y esto va a seguir”.

Pablo Israel Vázquez Sosa

Nacida el 19 de octubre en Oxtotitlán, municipio de Ahuacuotzingo (región Montaña del estado9, fue a finales de la década de los 60’s que la familia de la entrevistada llegó a Chilpancingo; ella, de 8, 9 años. Su mamá y tres hermanas llegaron en concreto a la capital “por un problema de violencia, mi papá Gorgonio fue asesinado; mucho después nos platicó: la buscaban a ella también (a su mamá) y a su familia”

Detalla que la causa fue la defensa de tierras y de su propia familia; unos individuos invasores llegaron, se les denunció y como se les encarceló prometieron venganza, que se consumó en parte –porque fueron varios los campesinos organizados en Oxtotitlán- con el crimen de Gorgonio en Huitzuco, porque la familia completa huyó de su pueblo de origen.

Cenorina Martínez Mora llegó entonces con cuatro hijas –Justina, Bertha, Elisa y Petra, como la mayor- “dedicándose a las labores del hogar”.

– Hasta donde pude-, dice sobre su vida estudiantil en la ciudad, que concluyó en la prepa abierta; por su parte su mamá se dedicó a lavar y planchar ropa ajena, en casa –detalla- de la familia Salmerón, mientras sus pequeñas hijas se quedaban en una casa prestada en la colonia del PRI.

Pero también, en el caso de Petra, fue enviada a trabajar en casas porque Cenorina estaba consciente de que ello implicaba alojarla y alimentarla mientras ejercía la labor doméstica. Y es que en casa había muchas carencias, contrario a la vida del campo en La Montaña, con la accesibilidad a insumos y productos alimenticios nada más saliendo al patio en casa.

La “niña café” de 9 años en casas ajenas

Petra Hermillo empezó a sus 9 años a ejercer lo que ahora llama, como llaman en la asociación que integra y hasta a nivel internacional, trabajo del hogar remunerado; fue en varias casas de la capital y actualmente que una niña haga esa labor está incluso penado por ley.

“Cuidaba a una niña, los mandados, barrer”, como en diferentes momentos también llegaron a hacer sus hermanas, además de su mamá, que también se dedicó a vender dulces, fruta, a elaborar y vender pan, gelatinas y hasta pozole.

– Desde niña-, responde a la pregunta de en qué momento le llegó consciencia sobre las condiciones en que ejercía labor doméstica, “había discriminación…sigue habiendo; no eran palabras hirientes pero ‘tú no comes aquí’, y no era comida del día, era comida que quedaba de otros días”.

Recuerda que en una casa le daban, al comer, un plátano pasado de maduración; no lo comía porque recordaba su vida en La Montaña, “en el paraíso”, con acceso a alimentos frescos; “no comes porque no quieres”, le decían sus empleadores, como los niños güeritos que cuidaba (cuyos papás la contrataron) le llegaron a decir “niña café” por su color de piel, mientras la invitaban a jugar con ellos.

Ni para dejar de trabajar: Petra se sentía responsable de ayudar en el sustento de casa que rentaban, al ser hermana mayor, aunque le llegaran a decir “india ladina” o “sirvienta” (una palabra que especialmente le molestaba) en las casas ajenas.

Entonces hasta tenía que trabajar enferma: dice que le gustaba lavar el baño mientras tenía alta temperatura porque se echaba agua y laboraba descalza.

“Este es un trabajo; debería ser como otros, que tienen vacaciones, aguinaldo”, empezaba a pensar, “era como soñar…impensable lo que hoy está pasando”.

En pareja desde sus 16 años, con un hijo entonces –fueron tres- y habitando una zona que se gestionaba como colonia de nueva creación en la ciudad, escuchaba a la gente diciendo que “esto va a acabar”. Era 1988 y cuando la gente decía “esto” era la situación social de injusticias y crisis económica, cuando surgió la esperanza por impulsar la candidatura presidencial de Cuauhtémoc Cárdenas.

En un momento en que el entonces candidato del Frente Democrático Nacional (FDN) llegó a Chilpancingo fue Petra al mitin, donde conoció a unas universitarias, Leticia Burgos y Liduvina Gallardo. Después, a María Luisa Garfias, Emma Cerón, Olimpia Jaimes.

Con Leticia mantuvo el contacto, se reunían e impulsaron un encuentro sobre plantas con propiedades curativas; después “conozco mucha gente”, como integrantes de Comités Eclesiales de Base, con cristianos de escasos recursos, también personas que, en masa, se reunían en asambleas de apoyo a Cárdenas.

En base a esas organizaciones populares se creación dos agrupaciones importantes en la vida de la entrevistada: Comité de Defensa Popular (CDP), de donde llegó a fungir de vicepresidenta, después Mujeres Guerrerenses por la Democracia; ella, trabajando en casas y como madre de familia. Años después, como fundadora del Partido de la Revolución Democrática (PRD), siendo la primera secretaria de la Mujer en la sede capitalina. Después renunciaría a su militancia.

De la gestión social a conjuntar trabajadoras del hogar

Ya hablaba Petra de derechos de las mujeres “aunque hubo problemas: en el mismo CDP había compañeros que decían que estábamos impulsando que las mujeres dejaran a sus maridos”.

También conoció de nuevos conceptos en palabras, como “trabajadoras domésticas”, además de saber (con alegría, reconoce) que cada 22 de julio se conmemoraba un Día Internacional del Trabajo Doméstico.

En alguna marcha-encuentro de activistas en la Ciudad de México, en el año 2000, en el marco de una Marcha Mundial de Mujeres, conoció a Martha Patricia Vélez, dirigente en el estado de Morelos, quien le invitó a sumarse para ampliar redes en los estados.

Entonces Petra ya estaba más consciente de la situación del trabajo del hogar remunerado: desde la primaria Primer Congreso de Anáhuac, otras adolescentes de otros municipios, que hacían labores en casas en la capital, donde dormían, le contaban casos de acoso de empleadores mientras sus esposas no estaban; “ya no vayas, vente a mi casa”, les decía a sus compañeras, algunas aceptando.

– Se necesita esa nueva cultura del respeto-, sostiene la fundadora de la actual asociación Red de Mujeres Trabajadoras del Hogar, que este año cumplió 25 años, “me encontré con personajes que nos apoyaron mucho, me ayudaron Patricia Vélez, Hermelinda Tiburcio, Mujeres Guerrerenses por la Democracia, personas del CDP, ahí se descubrió a la mayoría de la gente que lavaba, planchaba, que hacia limpieza en casa, eso no lo hablábamos, hablábamos de que hacía falta agua, que la basura, el predial, todo eso”.

Se capacitó Petra Hermillo: iba a talleres, se reunía, participaba en marchas, “me gustaba, quería saber, ‘yo quiero dedicarme a hacer que la gente conozca que tiene derechos’”.

Todavía guarda un primer tríptico informativo, redactado con ayuda de Olimpia Jaimes, donde se detallaban información y difusión de derechos de género, además se iban visibilizando violencia intrafamiliar y la explotación por carga de trabajo en los hogares.

“Tú las quieres divorciar”, le llegaron a decir a la activista, quien respondía: “no las quiero divorciar, no quiero que padezcan lo mismo que en algún momento, lo reconozco, padecí; hay cosas que no quiero que pasen mis hijas ni mis nietas”.

Desde el 2006 se organizaron capacitaciones focalizadas en mujeres trabajadoras del hogar, “me interesaba que ese trabajo fuera reconocido ante la ley, que la sociedad reconozca que este es un trabajo; ya lo había estudiado: las problemáticas que pasamos es trasversal, pasamos por todas estas situaciones y no las debemos dejar de lado, por eso es importante tocar la cuestión de la salud, derecho a no ser discriminada; ahora tenemos claro que es la cuestión laboral lo que motivó a la organización”.

“Las cosas que he hecho no las he hecho sola”

Fueron poco más de 50 mujeres las integrantes de aquella primera generación de la Red de Mujeres Empleadas del Hogar, todas en Chilpancingo. A este año, son 997 también en Chilapa, Tlapa, Tixtla y Acapulco, encabezadas por la presidenta Justina Hermillo, la secretaria Elvira Campos y Juana Hidalgo como tesorera, “yo estoy en el área de programas y proyectos”.

Cuando se le pregunta de gestiones y logros, aclara Petra que los ha habido pero no únicamente por labor de la Red; ahora, lo recuerda, el trabajo en el hogar está reconocido, en el capítulo 13, en la Ley Federal del Trabajo, “con derechos y con obligaciones, también habla del empleador; se ratifica el Convenio 189 por la OIT (Organización Internacional del Trabajo), estipula todos los derechos de las trabajadoras del hogar, es como una herramienta que nos va guiando cómo debe de hacerse; México no lo había ratificado y se logró ratificar en el año 2020 con (el ex presidente) López Obrador, para que en los estados vaya bajando y se vea el tema de las trabajadoras del hogar; no estábamos estipuladas en salarios y ahorita hay un tabulador donde habla cuánto debe ganar una trabajadora del hogar, 350 (pesos de salario) al día”.

Se han hecho gestiones para proponer programas de atención a las trabajadoras, aunque un aspecto siempre pendiente, asegura, es la lucha de las trabajadoras del hogar por acceso a la seguridad social, una prestación obligatoria por parte de las y los empleadores que no se sigue acatando. Sólo cuatro mujeres han sido aseguradas dentro de la Red.

– Respecto a cuando usted empezó a trabajar, ¿Considera ahora mejor la situación del trabajo remunerado en el hogar?

– Sí, se puede decir que es mejor, ya están las leyes, ahorita hay que aplicarlas; las trabajadoras del hogar las tienen que exigir, los empleadores las deben de cumplir. Han venido empleadores a buscar información a Casa Solidaria, calle Comunicaciones y Transportes número 14, colonia Ruffo Figueroa (ya hay otra en Tlapa)-, en este lugar donde se ve una lona con fotos y los nombres de Lorenza, Filiberta, Matea, Leticia, Jazmín, Libia, trabajadoras del hogar gestoras y solidarias que fallecieron, a las que llegaban a pagar 30 pesos por lavar ropa ajena.

De actuales 67 años, reconocida por el gobierno del estado el año pasado, en el marco de la conmemoración por la creación de Guerrero como entidad federativa, galardonada con el Premio al Mérito Civil Antonia Nava de Catalán, dice: “este reconocimiento es para las trabajadoras del hogar, yo lo recibí nada más pero es de ellas; nosotras, sin que nos den un reconocimiento, ya somos reconocidas porque nos reconocemos nosotras mismas, pero obviamente se visibiliza, la gente lo conoce y sabe. No es por ser Petra, es por el conocimiento que recibí de otras gentes”.

– A este 2026, ¿Quién es Petra Hermillo?, ¿Cómo califica a Petra Hermillo?

– (Le piensa unos segundos) ¡No me he ocupado de mí! (sonríe). Las cosas que he hecho no las he hecho sola, he hecho con mi familia, con mis hijos. Hemos hecho lo suficiente…falta muchísimo, todavía. Yo me voy a ir de este mundo y esto va a seguir.

 

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