Nada Personal

Los siete que sí pueden con Chilpancingo

Jaime García Moreno

Amigos, los saludo con todo el gusto donde quiera que me estén leyendo y qué dijeron, ¿ya se deshicieron de mí? Pues no, aquí seguiré, para el buen gusto de la lectura de algunos y para la desgracia de uno que otro.

Después de un breve espacio, me senté a observar con calma cómo se desbordó el tema de los aspirantes a coordinadores y la desvergüenza de algunos otros que sin pena se anotaron. Once en total en Chilpancingo. Once.

Pero hoy me limitaré a hablar única y exclusivamente de Chilpancingo y si no los menciono a todos es porque no todos me parecen importantes. Y agárrense porque vengo con todo, pero con la verdad.

Para mi precioso y golpeado Chilpancingo, aunque hay más de 11 inscritos, el tema serio, el de a de veras, se resume a 7 personajes. Y los voy a nombrar como son, sin rodeos: Jesús Urióstegui García, Jessica Alejo Rayo, Iván Hernández Díaz , Servando Salgado Guzmán, Omar Chavarria Obezo, Raúl Arriaga Tapia y mi amigo Pioquinto Damián Huato. Ahí está la baraja. Ahí está el tiro.

Y a diferencia de los que solo se anotaron para ver qué hueso les avientan, estos siete sí tienen con qué. Cada uno con su estilo, con su historia y con su capital político, pero todos con algo que Chilpancingo necesita urgentemente.

Jesús Urióstegui García, un político con peso, con estructura y con grupo. De los que no improvisa. Un cuadro que ha sabido construir desde abajo, que trae operación real en tierra, que conoce a la base morenista y que no anda con rodeos. Trae el pulso del Congreso, trae interlocución con el estado y, sobre todo, trae oficio para poner orden en una capital que hoy es un desastre. Si alguien sabe lo que es aguantar presión y seguir caminando, es él.

Jésica Rayo, una mujer que ha sabido abrirse paso en un mundo de hombres, con discurso firme, con causa y con la sensibilidad que tanto le hace falta a esta capital tan lastimada.

Iván Hernández Díaz, el operador nato, el que conoce cada colonia, cada seccional, cada líder. De los que no necesita mapa para caminar Chilpancingo.

Servando Salgado Guzmán, aquí también me detengo. El amigo Servando no es un improvisado, es pueblo. Es barrio, es mercadeo, es pueblo puro. Ha sido diputado local, sí, pero su fuerza no está en una oficina, está en la calle, con la gente que lo saluda por su nombre. Es dicharachero, es directo, es entrón. Y aunque algunos fifís lo quieran minimizar por su estilo, ese estilo es el que conecta con el Chilpancingo real, el que sufre, el que trabaja, el que no vive de la grilla de café. Servando prende, y cuando prende, jala gente. Y en esta capital, el que jala gente, jala votos.

Omar Chavarría Obeso, otro que me detengo. Es un cuadro joven, pero joven con experiencia, serio, de los que sí ha hecho trabajo en territorio en Chilpancingo. De los pocos que hoy tiene la congruencia de exigir piso parejo y pedir que los diputados pidan licencia. Eso es ética, eso es valor. De esos perfiles jóvenes pero con oficio hacen falta.

Raúl Arriaga Tapia, el perfil técnico, el administrador serio, el que sabe de números, de gestión y que entiende que gobernar no es solo gritar, es saber administrar la miseria en la que nos dejaron.

Y mi amigo Pioquinto Damián Huato, un político de experiencia, de colmillo largo, de esos que ya vio de todo y que si entra a la contienda, va a poner a temblar a varios. Su sola presencia ya le da nivel al proceso.

Al resto no los menciono porque, a mi muy particular punto de vista, no tienen ni la más mínima posibilidad de lograr ni una regiduría en Chilpancingo. Suena cruel, pero así está la cosa.

Y es que gobernar Chilpancingo no es cualquier cosa. Es una ciudad con un sin fin de problemas: la escasez de agua que castiga a más de la mitad de las colonias, la falta de empleo formal que obliga a todos a autoemplearse y la grave inseguridad que vivimos todos los días.

Se necesita mucho valor para querer gobernar una ciudad como Chilpancingo. Porque no podemos olvidar lo sucedido con mi amigo Alejandro Arcos Catalán, quien luego de ganar la presidencia, le arrebataran la vida de la manera más cruel. Eso nos marcó a todos. Por eso no es un juego, por eso no es para improvisados.

Y aunque las coordinaciones de la Defensa de la Soberanía sean en realidad las precandidaturas para la presidencia municipal por Morena, no es cualquier cosa. Es la antesala de la responsabilidad más grande de la capital.

Estos siete al menos ya levantaron la mano con valentía. Ahora les toca demostrar de qué están hechos.

Por cierto, desde este espacio les hago un llamado a que se pongan a trabajar, a que caminen, a que propongan y dejen de andar de grilleros. Porque Chilpancingo ya no aguanta grilla hueca, necesita resultados. Acuérdense: al que actúa mal, se le pudre el tamal.

Y aunque no me importa si me lo toman a mal, esto sigue siendo solo un comentario sobre política, al final no es… Nada Personal.

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