En 2014, reclamos de padres a líderes en Ayotzinapa

“Hasta nos hacían llorar”

La molestia fue que se mandara a jóvenes a tomar autobuses en Iguala

Manuel Vázquez, sobreviviente, confirma presencia militar tras ataques

Crimen, guerrilla, partidos, sindicatos, se quieren meter a la normal, dice

Recuerda un caso de incursión de armados para obligar venta de droga

Chilpancingo, Gro., Septiembre 10´2026. R. Agustín Esteban.- El sobreviviente de “la noche de Iguala” (durante los ataques del año 2014), Manuel Vázquez Arellano, insinuó la posibilidad de que Julio César López Patoltzin, el militar infiltrado como alumno en la normal rural de Ayotzinapa, esté vivo; también reconoció que desde 2012 el crimen organizado ha estado interesado en asumir el control del plantel, como lo han intentado la guerrilla, los partidos políticos y “las dos corrientes del magisterio”.

En Chilpancingo, el también diputado federal anunció que antes de que se cumplan los 12 años de los ataques registrados presentará un libro titulado “Ayotzinapa, verdades incómodas”.

Vázquez Arellano relata que el texto fue impreso con apoyo del Sindicato de Trabajadores de la Universidad Nacional Autónoma de México (STUNAM), ya que el director del Fondo de Cultura Económica, Paco Ignacio Taibo II, consideró que el proyecto no cumplía con los requisitos para ser editado.

En dicho libro, el ya dos veces legislador federal por Morena reconoce los límites que tuvo el movimiento normalista después de los hechos del 26 de septiembre de 2014, que derivaron en el asesinato de seis de sus compañeros y la desaparición de los 43.

También menciona las divisiones internas, los reclamos constantes hechos por los padres de los desaparecidos, reprochando que hayan enviado a sus compañeros hacia Iguala para tomar autobuses.

“Nosotros (los dirigentes) aguantábamos los reclamos, los padres nos cuestionaban con dureza y hasta nos hacían llorar, no nos creían cuando yo, por ejemplo, les decía que estuve en contra de que se mandara a los compañeros de primer año a tomar autobuses”.

Aseguró que si en aquel tiempo la confrontación interna no detonó fue por la asesoría y el acompañamiento de organismos no gubernamentales como Tlachinollan, el Centro Miguel Agustín Pro Juárez y el Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes (GIEI), que les hicieron ver que en ese tipo de crisis las víctimas suelen pelear entre sí al no tener resultados en sus reclamos, en este caso, la localización de los desaparecidos.

Ejército: ¿Su infiltrado está vivo?

En el encuentro Vázquez Arellano, que en 2014 se identificaba como “Omar García”, señala que siempre ha defendido la versión de que en los hechos del 26 de septiembre de 2014 hubo participación de elementos del Ejército Mexicano, prueba de ello es que hay 16 soldados que actualmente se encuentran procesados por el caso.

“Yo estuve en la clínica Cristina, donde el capitán Martínez Crespo para decirnos que nos merecíamos lo que había pasado por revoltosos (sic); él mismo ordenó que los teléfonos de los compañeros se dejaran en la recepción de la clínica y cada que uno sonaba, ordenaba que el dueño contestara y dijera que estaba bien”.

Sostiene que fue el entonces secretario general del comité estudiantil, David Flores Maldonado, el que desobedeció la orden del militar y cuando timbró su teléfono celular respondió a su hermano que se encontraba en Iguala, que lo tenían rodeado los militares y que le avisara “al gobernador” (Ángel Aguirre Rivero).

Fue entonces cuando la actitud del comandante Martínez Crespo se suavizó “de manera casi radical”.

Posteriormente habla sobre Julio César López Patoltzin, el elemento del Ejército que se infiltró como estudiante en la normal, “¿Cómo es posible que una institución como la Sedena haya permitido que desaparecieran a su elemento? ¿Lo sacrificaron? ¿O está vivo y se lo llevaron a otro lado? ¿Le cambiaron la identidad y le prohibieron comunicarse hasta con su familia?”.

Crimen, guerrilla partidos, han querido infiltrar

Si bien reconoce que con regularidad admite que el Ejército infiltró a la normal rural, cuando se le pregunta si el crimen organizado en su momento logró meterse a las aulas, el legislador federal admite que responder le genera temor.

“No sé por qué se me hace fácil decir que el capitán Crespo estuvo ahí, pero decir que el crimen organizado es más complicado; para ustedes, para nosotros, para los presidentes municipales. La estadística de asesinatos a políticos y funcionarios (sic)”.

Sin embargo anota: “sé que han intentado infiltrar a la normal rural de Ayotzinapa, lo sé porque lo viví en 2012, cuando unos compañeros andaban distribuyendo marihuana y unas cositas en bolsitas blancas y el comité los sancionó, el comité determinó que esos dos compañeros ya no tenían derecho al internado, que solamente fueran a tomar clases y se retiraran, que ya no vivieran ahí”.

Continúa: “pero luego regresaron con sus amigos, con sus cositas e instrumentos en mano (armas), entraron a la normal y se metieron hasta los dormitorios del secretario general y del secretario de actas, los golpearon y les dijeron que los tenían que restituir en el internado”.

Dijo que el tema se trató en otra asamblea y se ratificó el acuerdo, pero durante varios meses los dirigentes se abstuvieron de salir con regularidad del plantel, “fue hasta ahí donde yo alcancé a ver, de ahí para acá no sé nada más”.

Sin embargo, en su libro relata que “toda institución, toda escuela, toda universidad y hasta las iglesias son territorios en disputa”.

Agrega: “es un hecho que la guerrilla quiere tener incidencia en Ayotzinapa, sería tonto decir que no. El magisterio quiere tener incidencia en Ayotzinapa y también el sindicato charro, porque todos quieren tener más maestros y nuevos cuadros, entonces la pregunta es ¿Por qué no habría de querer meterse el crimen organizado si en todas partes se implica?”.

Dijo que en todo caso es una gran responsabilidad de los comités en turno evitar a toda costa que el crimen se apodere de la institución, porque eso representaría un riesgo para el movimiento estudiantil.

Recordó que en 2014 se decía que la normal estaba infiltrada por Los Rojos, grupo delictivo que estaba enfrentado con Guerreros Unidos, el cual desató las agresiones contra sus compañeros.

A él mismo, por ser originario de Tlacotepec, recordó que en muchas ocasiones lo acusaron de tener relación con un grupo, lo que nunca le comprobaron.

Manuel Vázquez anticipa que su libro contiene verdades que no le gustarán a muchos, incluso, que puede herir algunas susceptibilidades.

Comentarios cerrados.