“Quién sabe; la verdad, ni sé”, responde el chilpancingueño (del barrio de San Mateo) sobre a quién ‘le habrá sacado’, en línea familiar, la curiosidad y facilidad por comunicar: además de ser elegido para conducir homenajes y declamar en la escuela, a sus 7 años grabó su voz emulando estar en la radio y todavía niño fotografiaba desfiles y eventos que veía en la local Televisión Educativa, de quienes sabía nombres de conductores, como Isabel Ortega, que lo entrevistó (había ganado un concurso de aprovechamiento) y “me alucino” de 10-11 años, al estar en el set y ver el área operativa. De 15 años en la sección “Dónde rolarla” y, melómano gustoso del rock, da el giro hacia los videos musicales en un programa juvenil ya existente, “Entrada Libre”, de gran popularidad cuando la televisora se traslada a Acapulco. Llegaron “Circuito Cerrado”, el acceso a artistas en los AcaFest, su ingreso a Televisa Acapulco y la migración a Ciudad de México, a estudiar Comunicación Audiovisual e integrarse, después (fue clave un documental suyo sobre Federico Wilkins), a Televisa; de ahí, en el año 2000, al canal de música de la televisora, Telehit, siendo voz principal en spots, productor asociado y conductor, a cuadro (en entrevistas de nivel internacional) hasta en cinco espacios; sale en 2005, toma año sabático en Acapulco, y hasta 2007 retoma radio con Desde Zero, realizando el Universitour, conduciendo eventos en Palladium y Mandara, a la par adentrándose a una entonces novedad (que conoció en Nueva York, vía aplicación en celular para interactuar en una emisora radial): la programación. Por interés propio, con tutoriales (ahora ya tiene trabajadores y clientes en todo el país), funda Iconweb, compañía de software con infinidad de aplicaciones institucionales y empresariales; ya fuera de la radio, que dejó en 2018, tuvo hace semanas una serie de entrevistas en Acapulco y está en actual colaboración, para generación de contenido en redes sociales, para la cadena Aplebee’s, con podcast, sketch, Lalocura y “Pánfilo”, un ‘alter ego’ contrario a cómo el público lo ve (lo sabe porque le han hecho estudios de mercado): lejano, ‘fresa’, “antes me daba coraje, ya lo acepto. No voy a ser masivo, quizá, prefiero hacer algo que me guste, que acepte, y que me sigan los que me sigan”, dice quien asegura amar a Acapulco y que no le gusta ver tan deteriorado a Chilpancingo.
Pablo Israel Vázquez Sosa
“De por sí jugaba a la televisión muy chiquito”, recuerda el comunicador y actualmente también empresario chilpancingueño, un viajante entre ciudades, radicado en la ciudad de Querétaro capital, a quien Vértice contactó aprovechando su estancia por unos días en esta su tierra natal, aquí donde viene a visitar a su mamá y de paso a continuar potenciando Iconweb, que más adelante detallará.
– En los 80’s la televisión inundaba, entonces me encantaba, quería ver cómo se hacia la televisión, a raíz de eso empecé a jugar, hacia mis estudios de televisión. De hecho tengo una grabación, de un programa de radio, a los 7 años-, recuerda el crecido en el barrio de San Mateo, “el jardín era el centro y ahí te rifabas el tiro, en San Mateo tenías que pelearte a fuerza, siempre”, y sonríe Lalo.
El niño de San Mateo elegido para comunicar
– ¿Hay en algún lado, de parte de mamá o papá, un antecedente familiar en la comunicación?
– No, la verdad no. Mi papá Marco Eduardo Murueta es psicólogo, mi mamá Patricia Acero es química, mi abuelito (Eduardo Murueta Urrutia) es abogado, toda la familia de papá son abogados.
– ¿Cómo surgiría este “gen comunicador” en tu caso?
– Quién sabe; la verdad, ni sé-, responde de inmediato.
“¿Sabes qué era una señal?, que siempre me elegían para conducir los homenajes, todo eso: dirigir, declamar, desde ahí ya; leía bien, tenía buena voz, me imagino que veían lo extrovertido que era”.
Algo importante ocurrió cuando ganó un concurso de aprovechamiento escolar, en tercero de primaria, “me entrevista Isabel Ortega en Televisión Educativa, televisora aunque aunque era local y chiquita estaba bien montada, las cámaras bien profesionales, luces, estaba bien hecha”.
– Me alucino-, recuerda esa primera ocasión en un set de televisión. Lalo, de 9 años, “les digo ‘quiero venir a colaborar aquí’, ya me sabía los nombres de todos, veía la tele; en los desfiles, que se trasmitían, tomaba fotos”.
Conoció al director de aquel medio, Arturo Cervantes, quien le dijo que se echaría a andar Taller de la Imaginación, programa que conduciría Paty Palomo, con temas infantiles, y Eduardo con una sección, donde –siempre curioso- también se metía al área de cables y transistores, de luces y cámaras, “en ese tiempo manejaba la tituladora Toño Carreto, súper melómano; estudiaba Derecho, se tenía que ir a estudiar y nadie se quedaba, entonces aprendí a esa edad, 10, 11 años –apenas me estaba acordando-, hice que esa tituladora, muy básica, animara los títulos en pantalla, eso les sorprendió”.
Tituladora que, años después, operaría en el Canal 11 de la Ciudad de México, llevado por su papá, igualmente sorprendiendo al personal operador, que no sabían que se podían animar los títulos.
Por cierto, al concluir la primaria Primer Congreso de Anáhuac se va con su papá a la capital del país, pero regresa a Chilpancingo a terminar la secundaria en el Colegio Americano, “seguí con la televisión y a los 15 años me dan mi primer programa, otro programa lo hacía Iris Castrejón, trataba temas de jóvenes y tenía una sección, Dónde Rolarla, me la dieron a mí; hacía reportajes del Mitzumaru, del gimnasio”.
Iris dejó el programa y el director de Televisión Educativa, Arturo Solís, invita al adolescente de 15 años que conduzca el espacio, ya denominado Entrada Libre, aunque Lalo –gustoso de las playeras de bandas musicales rockeras- pidió que el espacio se enfocara en uno de sus grandes gustos: la música, presentar videos y hablar de canciones.
Como había antena parabólica en casa, Lalo grababa en VHS videos del canal MTV de Estados Unidos. Un modelo de programa que se popularizaría años después pero en Acapulco, cuando el ahora empresario chilpancingueño condujo otros programas como el mencionado, además Circuito Cerrado, y empezó a hacer entrevistas, desde la televisión porteña en el contexto de los AcaFest, emisoras radiales, hasta sus años en Telehit y más recientemente en podcast con entrevistas a la orilla de playa en Acapulco. Una serie de trabajos rescatados por él mismo para su portal web, www.eduardomurueta.net.
Telehit y la internacionalización en comunicación
En 1992 Televisión Educativa se traslada al puerto y Lalo se va a vivir allá, con sus abuelos, en tiempos de –recuerda- “las glorias del Festival Acapulco; nos daban acreditación y empiezo a entrevistar a todos los artistas”.
– ¿En ese lapso leías para documentarte sobre entrevistas?, ¿Lo tuyo siempre ha sido nato?
– Nato, (aunque) me fui a estudiar Comunicación Audiovisual, es mi carrera, pero ya iba con el bagaje. Entré a Televisa por un documental que hago de tarea en la Universidad.
Siempre documentándose, Lalo sabía de la vida pública del productor de aquella televisora Federico Wilkins, tema de aquella pieza que implicó entrevistas a favor y en contra sobre el polémico personaje.
Eduardo ni conocía personalmente a Federico pero quería entrevistarlo, “hablé de la nada a Televisa”. Con dudas, pero seguro, habló, dejó recado y a los dos días accedió al personaje, concluyendo aquel trabajo de gran aceptación en las ediciones anuales de Espacio, que impulsaba Televisa, con jóvenes estudiantes incursionando en temas de comunicación.
Antes de ello, radicó de 1992 a 1997 en Acapulco, estudiando, en preparatoria y televisión, tiempo en el cual –lo demuestra con una fotografía- ganó un premio estatal por revelación juvenil, entregado por el ex gobernador Rubén Figueroa, en el marco del Día de la Libertad de Expresión. Lalo, ya en Radio y Televisión de Guerrero (RTG).
Para dejar Guerrero “Acapulco me dio mucha confianza, le digo a mi mamá que si hubiera estado en Chilpancingo no hubiera migrado: empecé a entrevistar a grandes artistas, estaba en backstage, luego me pasé a Televisa Acapulco, un logro en ese tiempo, aparte me decía la gente ‘wey, vete a México, la vas a armar’”.
Se fue “pero me doy cuenta que estoy en pañales, que hay gente mucho mejor que yo, sabe más inglés que yo; llevaba demos en VHS, nadie me hizo caso, ¡me asaltan dos veces!”.
Pero su abuelito Eduardo, “que es como mi papá, mi guía”, le insistió en que aguantara, que se quedara a concluir un semestre más de la carrera en el Claustro de Sor Juana. Fue a una edición de Espacio a probar suerte en conducción y ganó primer lugar de entre 300 jóvenes, hablando de Madonna. Era abril de 1998, en diciembre entró a Televisa, primero en área de producción, después a cuadro pero en el ‘canal alterno’ exclusivo de música, Telehit, en el año 2000, además como productor asociado y voz de spots y programas, aunque su deseo era “crear algo propio”.
Y llegó la oportunidad: el programa Fresco fue idea completa del chilpancingueño que al lograr buen rating hizo que, para el 2004, Lalo ya tuviera hasta cinco programas y realizara más entrevistas a solistas y agrupaciones: Marilyn Manson, Robert Smith (“mi ídolo, cuando lo conocí me temblaron las piernas”), Backstreet Boys, NSYNC. Así durante cinco años, admitiendo que decepcionado dejó el canal por lo que llama “mafias” internas en un conglomerado con mucho poder, como el que llegó a tener Televisa, “negociaciones por debajo del agua, a varios amigos les hicieron cosas, digo ‘esto no es para mí’, pero hay un momento en que tienes que valorar tu felicidad, ‘¿estoy siendo feliz o no?’”.
Un chilpancingueño en tele nacional, “eso estaba padre”
Era 2005 y llegó un año sabático: se fue Acapulco a descansar, a irse de antro, hasta que unos familiares empresarios lo invitan a hacer publicidad de sus negocios; como iba a la radio un amigo, Pedro Pérez, de Audiorama, “hazte la imagen de las estaciones”.
Trabajaba Eduardo en casa, dando voz a las estaciones de Audiorama, hasta que le proponen un programa, Desde Zero en 2007. Una segunda época en Acapulco que duró once años, siendo hasta conductor de eventos en antros muy populares como Palladium y Mandara.
“Fue cuando empecé programación”, la actual faceta del entrevistado. Todo empezó en un viaje en Nueva York, cuando supo que estaciones de radio interactuaban con los escuchas con una aplicación de teléfono celular, desde donde la gente chateaba, votaba por canciones, proponía.
Sin saber del tema, Eduardo quiso desarrollar esa aplicación. No encontró quién se lo hiciera y, desde cero, se adentró a tutoriales donde fue fundamental su conocimiento del inglés, al ser entonces un mercado emprendedor no explorado en México.
“Junto más de 5 mil personas ahí, en Desde Zero”, siendo pionero en esa forma de interactuar dentro de la radio de Acapulco, “solito, automáticamente, eso me lleva a tener clientes; uso tres lenguajes, con eso puedes hacer software, sistemas, páginas web, plataformas; he hecho sistemas de universidades, contabilidad interna de una empresa, he tenido que involucrar inteligencia artificial en mi trabajo”.
Un mercado de oportunidades inmenso que lo hace dejar la radio, en 2018.
Pero algo más tuvo que ver: en el marco de las Universitour, enlaces radiales con patrocinio de marcas que salía a escuelas en municipios, se dio cuenta que iba pasando de la popularidad de las y los presentes (todos querían fotos con él), a “oiga, señor, ¿A qué hora acaba esto?” en los últimos años. Las audiencias iban cambiando, los referentes en medios eran otros, y como tenía más clientes en programación decidió enfocarse en Iconweb ya como compañía empresarial que surge en 2019, “tenemos clientes en toda la República”.
Un cliente, la empresa de restaurantes Aplebee’s, lo contrata también para que realice podcast con artistas y contenido –como el sketch Lalocura, con Pánfilo que empezó desde la radio- en sus sedes, para aumentar tráfico web.
Pánfilo, por cierto, un alter ego de pueblo, cercano a la gente de a pie, característica que -según estudios de posicionamiento que le hacían en la radio- no tiene, como imagen pública, Eduardo Murueta, “me ven lejano, no sé si es mi actitud; antes me daba coraje, ya lo acepto, para tu carrera como conductor es un lastre eso. No voy a ser masivo, quizá, prefiero hacer algo que me guste, que acepte, y que me sigan los que me sigan”.
– Radicado en Querétaro, ¿Te gusta venir a Chilpancingo?
– Me gusta, es mi lugar natal, tengo muy buenos amigos, familia, veo a mi mamá-, aunque señala que “no me gusta verlo tan deteriorado”. También “amo Acapulco” pero no piensa regresar.
– A las y los estudiantes de Comunicación, ¿Qué les dirías?
– ¡Que se salgan de ahí! (ríe), ya no sirve eso. La realidad se está transformando tan rápido, una de las cosas que tienen las carreras universitarias es que tardan muuucho en transformarse. Contrato programadores que acaban de salir y su carrera está viendo lo de hace 20 años. En Comunicación te entrenaban para radio y televisión, ya no existe. Más que estudiar algo, tienes que saber reinventarte, entender la realidad actual.
“Me gustaría que hubiera más chilpancingueños que destacaran, no se quedaran buscando la plaza y la jubilación, sino que intentaran nuevas cosas, no tenemos chilpancinguenses destacados desde (Rodolfo) Neri Vela, ni siquiera en la política, la actividad más preponderante, ¡nadie!, tendríamos que tener más confianza en nosotros”.
– ¿Eduardo Murueta se hizo de un nombre y de trayectoria fuera de Chilpancingo?
– Regular, no lo que hubiera querido, pero en algún momento fue bien recibido. Digamos que le daba algo a Chilpancingo también: el orgullo de tener a alguien en la televisión nacional, eso estaba padre.









