En medio de tantas deficiencias, omisiones institucionales, rezagos históricos, pero también inconsciencia ciudadana, Chilpancingo parece entrar –sí, apenas- en años venideros donde el tema de la salud pública pasará a ser un aspecto de permanente riesgo, más que un problema sólo coyuntural que se aborde ante ciertas crisis específicas, que acaban por medio atenderse y después olvidarse.
Uno de los tantos problemas no atendidos ni resueltos, al menos para el mediano plazo, es el de los basureros a las afueras de la ciudad, uno de los cuales –el del cerro del Huiteco- reportó generación de fuego y humareda que, de paso, agravan el entorno medioambiental en la zona urbana que, de por sí, lleva décadas en franca e imparable degradación a falta de proyecciones gubernamentales de largo aliento –que no se esfumen cada tres o seis años- y de capacidad presupuestal, además ante una población que no acaba por concientizarse sobre lo que está ocurriendo con el entorno natural cada vez más degradado, sin dejar de mencionar a unas autoridades municipales, las actuales con el alcalde sustituto Gustavo Alarcón Herrera que se ha empeñado en echar culpas y deslindarse de responsabilidades, como ocurre en el rubro de la seguridad pública y en estas recientes horas con el tema de la disposición final de los residuos generados en la ciudad, donde cada que ocurre una crisis, como el incendio del lunes –trasciende que fue provocado, por cierto-, acuden autoridades –como el propio edil sustituto panista-priista-, hacen como que van a supervisar en infaltable pose; viene el respectivo comunicado deslindador, y al final el caso se olvida, así hasta que se registre otro hecho que vuelva a recordar la falta de políticas públicas en este tema, así como la falta de voluntad y hasta permanente divisionismo en niveles de gobierno.
Ante crecientes olas de calor, cada vez más insoportables desde horas tempranas del día; la permanente caída en la disposición del agua potable para las familias, así como la ahora permanente crisis gubernamental en el tema de la recolección y disposición final de las toneladas de basura generadas al día –también ‘gracias’ a una ciudadanía que mucho hace para seguir contaminando, inconsciente pero también conscientemente-, es hora de reconocer, primeramente, que se está ante un latente problema de salud pública que seguirá incidiendo en la cotidianidad y el gasto en recursos públicos, que a la par está causando riesgos en protección civil; ante ello, lo que desde ya se padece y continuará en aumento para los siguientes años, urge la reactivación de sectores sociales y académicos, también de defensa y concientización ambiental –antes más proactivos pero ahora en la inactividad total-, para que se busque incidir gubernamental, constitucional y legislativamente antes de que la actual degradación de todos los días en la zona urbana y alrededores de Chilpancingo acabe por ser el principal enemigo de esta población creciente, que sigue invadiendo cauces y tirando basura donde le plazca.
Las señales medioambientales son cada vez más palpables, sobre todo en recientes años, ante la habitual omisión de las autoridades y la despreocupación generalizada de unas y nos capitalinos que, ojalá no, parece que esperan a que se llegue a lo peor para que, al fin, se ponga sobre la mesa la urgencia de reunirse, proponer y gestionar mejoras y reformas de fondo en materia de respeto y rescate del equilibrio ecológico tan peligrosamente degradado hasta la fecha.