Lo único con lo que se puede estar de acuerdo con el dirigente del PRI en Chilpancingo, un sujeto quién sabe de dónde surgido, de nombre Edwin Morales, es el reconocimiento de que su partido se alejó de las causas populares y por eso ha disminuido el respaldo ciudadano al tricolor en procesos electorales. Fuera de ello, en encuentro radial en la capital, los mismos conceptos de antaño, los escenarios comunes, las frases apantalla-bobos, el discurso que tanto ha caracterizado a esa clase de partidos ahora sumidos en el descrédito, la creciente impopularidad, rozando incluso la pérdida de registro, como ocurrió con ese otro ente fantasmal político-electoral llamado PRD y como, para nada hay que descartarlo, puede ocurrir precisamente con el tricolor, desde hace muchos años sin dirigencias –nacionales, estatales y, como en este caso, municipales- confiables, que generen algo atrayente al electorado, que incidan en alguna posibilidad de posicionamiento.
Pero menos se van a concretar los propósitos partidistas del PRI municipal con los dichos de un dirigente que, se puede inferir –una de dos-, o no ha salido a caminar las calles, avenidas, parques y jardines, ni siquiera el zócalo y alrededores, de Chilpancingo, o ha preferido cerrar los ojos, o ver para otros lados, si alguna vez sale a la vía pública de esta capital gobernada –o eso se dice en el papel- por un presidente municipal al que Edwin Morales todavía tuvo el atrevimiento de llamarlo “echado para adelante”, refiriéndose al alcalde sustituto Gustavo Alarcón Herrera, que ‘casualmente’ se trata de un aliado político, porque no hay que olvidar que el ahora primer edil, antes de coquetear hasta con la izquierda de Morena y ser parte de la derecha del PAN, después de engatusar al perredismo que dejó de base el alcalde –todavía impunemente- asesinado Alejandro Arcos Catalán, se decidió finalmente y a la fecha por entregarle parte del poder municipal a su actual partido -aunque el sustituto caiga en la ambigüedad de enredarse diciendo que es o no es priista-, que ahora le quiere retribuir con las ‘flores’ que inútilmente le echó el dirigente municipal, sujeto con el que se está de acuerdo con eso de que el PRI se alejó de las reales causas del pueblo, pero miope socialmente y torpe políticamente se vio al defender una administración que, según mediciones de empresas encuestadoras, no acaba por despegar y, con ello, no ha arrojado percepción de aprobación en las y los capitalinos. Es cosa de salir a las calles a simplemente hablar con la gente de a pie, esa que lleva lustros ignorando el PRI, para darse cuenta que hay una ciudadanía muy decepcionada –todavía más desde el crimen de su joven alcalde constitucionalmente electo- con las maneras de gobernar en el actual trienio, donde se cuida más a una persona que a toda la población, donde la prevención del delito es nula –atribución completa de Seguridad Pública municipal-, donde nada se sabe en qué se gasta el presupuesto del pueblo porque no se ven mejoras en imagen urbana y prestación de servicios que corresponde atender al gobierno priista de Chilpancingo.
El tal Edwin Morales, en lo suyo: echando flores a su aliado político que se encamina al fracaso administrativo; el alcalde sustituto Gustavo Alarcón, llevándosela impune y mediocremente de a muertito en un cargo que nunca debió tener; por su parte la ciudadanía chilpancingueña, teniendo mucho más en claro que no quiere, para 2027, votar por alguien vinculado al PRI y a Alarcón Herrera.