Capital de baches y zanjas

En medio de una sociedad actual menos proactiva y menos atrevida, ya ni decir crítica con su clase gobernante, ni pensar siquiera en que aquí, como sí se hace en otras ciudades del país, se registre una iniciativa ciudadana, por supuesto despolitizada, que evidencie las fallas, las deficiencias, los incumplimientos y omisiones de áreas del gobierno municipal, en este caso de este sustituto que al paso del tiempo no da visos de trabajo palpable en beneficio directo y concreto de la población.

Nada: ni una iniciativa ciudadana que exhiba –como sólo un ejemplo- el empeoramiento del estado estructural del pavimento de las vialidades; tal vez en otros tiempos, con una ciudadanía más enojada, desesperada y organizada, pudiera anunciarse un “programa” Adopta un Bache, al menos para que se visibilice el sentir en una población que no advierte ni siquiera un intento municipal por anunciar alguna acción de rescate y rehabilitación de las vialidades, que además van rápidamente en degradación por el paso del tiempo y la creciente carga vehicular en donde sea.

No sólo se trata de los baches crecientes que hasta llegan a ser peligrosos: igualmente hay un silencio colectivo ante el delicado abandono de las zanjas que siguen todavía al aire libre en zonas urbanizadas, muy concurridas, en la capital, formadas ya sea por ‘trabajos’ inacabados de personal municipal, o por eso que se prevé que sean bases para estructuras de botones de pánico en materia de seguridad pública, o al menos eso se está especulando porque no hay alguien que informe y comunique ni medianamente bien en la estructura del ayuntamiento panista-priista actual, el encabezado por Gustavo Alarcón Herrera quien también parece muy cómodo, hasta despreocupado, con esta política institucional de silenciamiento y hasta pareciera de ocultamiento, no sólo en el rubro de la seguridad sino en prácticamente todo lo que tenga que ver con supuestas acciones de la administración actual.

Chilpancingo, sobre todo su zona urbana, continúa en franco colapso y sin visos de capacidad de interés y reacción de las y los dudosamente asumidos como servidores públicos del ayuntamiento, quienes también, a falta de ciudadanía –pero ciudadanía de a pie, no “preocupados” de ocasión, cada tres o seis años- desinteresada por el estado de su entorno, por visibilizar y denunciar, continúan ‘llevándosela de a muerto’, con la previsión de que puedan al fin acordarse de las necesidades de la población en próximos meses, cuando más de uno –regidor, síndico, director, el propio sustituto o algún familiar, como de hecho ya ocurre- esté buscando notoriedad preelectoral; mientras tanto, este silencio y desidia de la población chilpancingueña les beneficia: no se les presiona, no se les exige, nadie expone, no se verá un Adopta un Bache y los liderazgos sociales antes críticos, que hasta se movilizaban, están prácticamente erradicados.

Ante la retadora omisión del gobierno de Gustavo Alarcón y ante la normalizada desidia de una población que quién sabe si incluso temerá a hacerle una crítica a este gobierno municipal en específico, desde este espacio y estas páginas se continuará evidenciando esta histórica decepción en que se ha convertido la gestión de una supuesta autoridad que sigue omisa, alejada, despreocupada, como siempre aterrada de siquiera estar en cualquier lugar de vía pública.

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