“Aquí nada me falta, aquí tengo maestros y todo (…) lo llevamos en la sangre”, dice la danzante tlacololera, desde sus 7 años, y ejecutante del tambor, baqueta y flauta desde hace diez, conocida por ser, a la fecha en Chilpancingo y alrededores, la única mujer pitera, la que con los sones tradicionales va dando la pauta para los movimientos de las y los bailadores. Debutante en la danza Del Compa Chapete del barrio de San Antonio, integrante además de agrupaciones de puras mujeres en barrios de su natal Chilpancingo, la también mamá de dos pequeñas dice que como su hermano Jorge Luis tiene años fungiendo de pitero le fue enseñando, junto a un tío Jacinto, hasta conocer pisadas, tonos y ritmo del sonido del pitero estilo Chilpancingo (muy diferente en tonalidad, por ejemplo, con el que se escucha en la danza del municipio de Chichihualco), que por cierto –dice- ha tenido variaciones entre las nuevas generaciones de piteros, “muchos le meten más pisadas, alargan más sus pisadas, solitos –según ellos- le meten su estilo. Ya ningún pitero de ahorita toca como los que tocaban antes, luego se escucha el sonido”. Mientras tanto, aprendiendo más tonos junto a su hermano y todavía danzante con su papá Jorge Alberto, dice que para ser pitero –o si alguna mujer se interesa- “antes que nada es tener las ganas de aprender”; asegura que es un orgullo pertenecer a una familia preservadora de tradiciones (“les estamos inculcando todo esto a nuestros hijos”); a la niñez y jóvenes les pide que se acerquen a la cultura de la danza y hasta la hechura de máscaras, y a los piteros de la ciudad, “que toquen lo que es… ya ahorita le echan mucha crema a sus tacos”.
Pablo Israel Vázquez Sosa
“Sí”, responde segura de sí misma la joven madre, crecida en el barrio de San Antonio y nacida el 22 de octubre de 1997, sobre si a la fecha será la única mujer pitera en su ciudad. Es más, asegura que ni siquiera ha conocido a una mujer que se dedique a ejecutar los sones del pitero en la tradicional danza de los Tlacololeros.
– En ningún lado-, aclara la pitera, ejecutante de tambor y flauta, baqueta en mano, desde hace diez años.
Brenda Isela es, además, danzante, desde sus 7 años, “empecé solita viendo, nada más; como dicen por ahí, lo llevamos en la sangre: mi papá Jorge Alberto Abraján El Chapete es danzante, tiene su danza; mi hermano Jorge Luis Chapetito por igual”.
En la tradición desde los 7 años
– Empezamos a ensayar en el barrio de San Mateo, mi papá ahí ensayaba a unos niños, eran puros niños de San Mateo-, evoca sobre sus inicios en la danza tradicional de la zona Centro del estado, “nada más se les llaman pasos, (su número) va variando porque cada son, son diferentes pasos, algunos son más lentos, otros más rápidos”.
Hasta donde sabe, Brenda Isela dice que son 16 los sones en la danza tlacololera.
– ¿Qué tiempo de duración tiene cada son?
– A veces pueden ser más largas o más cortas, dependiendo cuántos danzantes vayan en la danza, de 13 danzantes. Todos los danzantes bailan el mismo son pero pasan todos bailando, se van recorriendo; los que empiezan adelante terminan hasta atrás, otra vez.
En este ciclo de la danza, como se sabe, el pitero no deja de ejecutar los sones, “hasta que pasan todos”.
Hasta cinco minutos puede estar la pitera tocando mientras se danza, aunque reitera que el tiempo varía dependiendo el número de danzantes que se llega a juntar. En recorrido, caminando, ha estado gasta media hora ejecutando los tonos, “a veces, cuando se detienen, van haciendo pausas, se le cambia el son”.
Sobre su integración a grupos específicamente de danzantes, recuerda que debutó en la Danza de Tlacololeros del barrio de San Antonio, conocida como Del Compa Chapete, que ha mantenido su papá; desde entonces ha participado en las cuelgas tradicionales anuales de los barrios en la ciudad.
– ¿Cómo te sentías de inicio, cuando salías a danzar?
– Pena, no, porque uno va tapado de la cara. Nervios, tampoco.
Participante en el personaje de El Maizo, Brenda ha integrado danzas, además de la de su papá, también con los Tlacololeros del Compa Chon, que tiene un primo, en la colonia Antorcha Popular, “he bailado con las tlacololeras de San Antonio, de la señora Teresa Mendoza; anteriormente estaba una danza de mujeres en San Mateo, que era de un muchacho que le decían Tito, pero esa danza ya no está”.
Brenda Isela recuerda que la danza de los tlacololeros evoca el origen sembrador campesino de esta zona de Guerrero, con elementos que evocan todo lo relacionado con la siembra, los animales (el jaguar que quiere meterse a la siembra, la perra siempre de nombre Maravilla, que acompaña al campesino), los productos sembrados, hasta los elementos de la Naturaleza, como el trueno en el cielo, caracterizado por el chirrionazo inconfundible al paso de las danzas. El Salvador (uno de los llamados punteros junto al Maizo, quienes encabezan la danza) representa al cazador del tigre, por eso siempre se le ve con una escopeta.
Desde sus 7 años, hablando de los personajes con los que ha salido a bailar, “empecé con La Perra, con la danza de mi papá; con el tiempo, que he estado con la danza de mi primo, voy de Maizo, igual con la danza de mi papá, cuando a veces no se le llegan a completar, me visto con él y me llevo El Maizo.
“Tengo 28 años y todavía sigo bailando”, detalla la joven, siempre en compañía de su papá, El Compa Chapete, ahí en su casa de la colonia San Ángel de la ciudad.
“Ya ningún pitero toca como antes”
Sobre el paso de danzante a ejecutante pitera, dice que como su hermano también es pitero –además de danzante-, “con él empecé, veía que tocaba y me gustaba, me emocionaba todo eso, quería hacer el intento, como podía. Después le comenté a mi hermano que me enseñara a tocar, y sí, hubo un tiempo en que me ensenó, pero en su modo de enseñar era un poquito brusco conmigo, siendo su hermana; también tengo a mi tío, que es pitero, lo conocen como Chinto, Jacinto Flores, él terminó por seguirme enseñando”.
Tambor, flauta y baqueta son los insumos obligatorios para ser pitero o pitera. Sobre la accesibilidad de ellos en casa dice que se le facilitó porque Chapetito elabora los tambores y las flautas, “las baquetas las hace a veces de palo de guayabo o las compra donde venden instrumentos”.
– Si alguien se te acerca para que le enseñes a tocar, ¿Qué le dices primero?
– Antes que nada es tener las ganas de aprender, si usted quiere aprender tiene que poner de su parte; a veces quieren aprender pero tampoco ponen de su parte.
La flauta tiene tres orificios, “cuando enseña uno, primero es la flauta, poco a poquito se va soltando uno con el tambor y la flauta para irle agarrando el ritmo a los instrumentos”.
Instrumentación que por cierto ha tenido variaciones en sus formas de ejecución, “ahorita, con el tiempo, los piteros van metiendo más pisadas, van haciendo más modernos sus sones, ya no tocan como era antes”.
– ¿Ya sufrió modificaciones entonces?
– ¡Mucho!, ya muchos le meten más pisadas, alargan más sus pisadas, solitos –según ellos- le meten su estilo. Ya ningún pitero de ahorita toca como los que tocaban antes. Luego se escucha el sonido, cuando están bailando como que brincan mucho, se quieren lucir más cuando meten las pisadas más largas.
– ¿Tú sigues tocando al estilo de antaño?
– Sí porque mi hermano, cuando me enseñó, era de los primeros piteros, luego mi tío, de los de antes-, aunque reconoce que no se sabe todos los sones, “me sé pocos porque con el tiempo me casé, tuve mis niñas (hoy de 10 y 4 años), dejé un tiempo todo esto, casi nueve años; me sigue enseñando mi hermano, ahorita he estado tratando de aprenderme más los demás sones para seguir tocando”.
Lo que también hay son variaciones en la ejecución dependiendo la región. Revela aquí que la quisieron invitar, a integrarse como pitera, unas tlacololeras del municipio de Tierra Colorada, “pero de ellas es estilo Chichihualco, y estilo Chichihualco no sé tocar”.
– Es otro tipo de música-, interviene aquí su papá, “hay tipos de tlacololeros: los de estilo Chilpancingo, Chichihualco, Zoyacapoteros y Capoteros, con música de pito y tambor pero de diferente ritmo. Hay danzas estilo Chilpancingo en Colorada, en Zumpango.
Tendrá dos años ya más constante, desde que retomó el sonido del pitero después de su vida familiar, “he participado con mi papá, con mi primo, a veces aquí nos ponemos a ensayar con mi hermano”.
– ¿Te gustaría que tus hijas se integren a lo que llevas haciendo en familia?
– Sí pero a la más grande, Candy Naomi, no le llama tanto la atención, pero a la más chiquita, Irlanda Guadalupe, a ella sí. Me daría gusto ver que también les guste todo esto, que también le empezaran con el tambor y la flauta.
– Podrían ser otras mujeres, que conozcas, siendo piteras-, se le comenta a Brenda Isela.
– Chapete, ¿Has conocido a otras mujeres piteras?-, se le pregunta a Jorge Alberto.
– No, de ninguna. Por eso siempre le he comentado que es la primera y única mujer pitera, no en Chilpancingo, a lo mejor en todo el estado.
– ¿Ni en Chichihualco?
– Tampoco, casi la mayoría de allá contratan a gente de Chilpancingo para ir a tocarles.
– En Chichihualco es más rápido el sonido, especifica Brenda Isela, quien detalla que el tambor es hasta más pequeño y la flauta es más delgadita. También con personajes diferentes y con máscaras pintadas de negro.
Con fechas de presentación previstas para octubre, por los días de San Rafael Arcángel y San Judas Tadeo, así como por los festejos a la Virgen en diciembre, además de lo relacionado con la Feria de Navidad y Año Nuevo, dice Brenda Isela que “se siente bonito” integrar la tradición de su tierra, “vas tocando y siendo la primera mujer tocando, (le toman) fotos, vas saludando, ves gente conocida, se te acercan”.
Orgullosa de la familia de tradiciones
Por supuesto Brenda ha hecho recorridos a pie y ha estado participando en el anual Encuentro de Tlacololeros en San Antonio, así como dos veces en el recorrido decembrino del Paseo del Pendón, con la danza del Compa Chapete, “vamos turnándonos con mi hermano. Si se puede también tocar estilo Chichihualco, también”.
– Aquí nada me falta, aquí tengo maestros y todo-, dice la joven, quien asegura que como “siempre me ha gustado todo esto” retomó el aprendizaje después de la pausa en su vida familiar, “lo llevamos en la sangre; si uno se siente estresado, para mí, se me quita el estrés. Siempre ha sido el mismo gusto, se siente la emoción”.
– ¿Qué te genera saber que eres parte de la cultura chilpancingueña?
– Me siento orgullosa de pertenecer a una familia con tradiciones; nosotros les estamos inculcando todo esto a nuestros hijos. Ojalá aprendan y se acerquen a aprender todo esto, y no pierdan también las tradiciones de Chilpancingo.
De hecho sus sobrinos Cristopher, Kevin y Linda empiezan a querer meterse a conocer sobre elaboración de máscara y ejecución de la danza.
– ¿Qué les dirías a las nuevas generaciones sobre las tradiciones de su tierra, Chilpancingo?
– Que no puedan la tradición, que se acerquen a todo esto. A veces, con el tiempo, hace uno mismo que todo esto se pierda, que las tradiciones se vayan dejando en el pasado. Que ellos (las niñas y los niños) se integren a danzar, a aprender un poco de lo que es la cultura del campo, saber qué fue lo que originó todo esto.
A los nuevos piteros les sugiere “toquen lo que es… ya ahorita le echan mucha crema a sus tacos”.









