TONANTZIN Y VÍCTOR: desde la tradición, crear y concientizar

Sobre banqueta, enfrente de su entonces estudio fotográfico en la colonia Burócratas de Chilpancingo, Víctor Cabrera sacaba creaciones en papel maché, madera o tela, como “una catrinsota” que elaboró para su diplomado de creación artesanal en Mochitlán, “¿A cómo?, véndamela”, le dijo algún peatón, lo mismo otra persona con una máscara tradicional de su natal Apango; después, una maestra preguntó por un traje de tlacololero confeccionado por Tonantzin Yei Beltrán, elaborado para una amiga. A partir de ahí, en 2013, la maestra y el antropólogo (ella con cursos y estudios en arte plástica y creación artística, él fotógrafo documental en pueblos, integrante de calpullis y antropólogo) fueron aprendiendo técnicas de dibujo, decorado, bisutería y ornamentación, creaciones en madera, para danzas escolares y rituales representativas de municipios del estado, con detalles, elementos y acabados “como se debe, como antes, para que la tradición no muera, sino prevalezca. Si no, nos come el imperio, nos gana”, dice el además dibujante y creador mascarero; “nuestro enfoque es cultural: conservación, investigación y difusión del arte tradicional guerrerense”, dice la igualteca de nacimiento al hablar de este espacio que ni tiene fecha de inauguración porque, de a poco, se fue convirtiendo en punto de cotización de prendas tradicionales y conmemorativas, de venta y enseñanza y capacitación para la elaboración de máscara, chirriones; del decorado y preservación de elementos tradicionales representativos, como en alguna danza o ritual, por ejemplo de tekuanes o de petición de lluvias. De nombre formal Taller de Creación Artesanal Jacarandas, con próxima sede también en el centro de la capital, “le dimos el nombre como la gente le dice, ‘vamos a las artesanías de Jacarandas’, también ‘La esquina de las máscaras’, las dos formas es como nos identificamos”.

Pablo Israel Vázquez Sosa

La ahora artesana Tonantzin Yei Beltrán Cortés -nacida el 29 de abril de 1975 en Iguala-, confeccionadora de vestimenta tradicional y promotora de conocimiento de tradición del estado, llegó a la capital a estudiar en la entonces Escuela de Ciencias de la Comunicación (ECO), “soy egresada de la sexta generación”, llegada de Acapulco, donde radicó desde niña por el trabajo de maestros federales de sus padres.
Más o menos de 17 años, Tonantzin dice que desde entonces ya no dejó esta ciudad que llama de “muchas oportunidades culturales, siempre he estado como muy vinculada a las artes desde muy chiquita”.
Mucho tuvo que ver su mamá, profesora de Artes Plásticas, Elvira Cortés de la Cruz, ejecutante de pintura, dibujo, grabado y escultura.
Integrada a cursos de pintura en el entonces Instituto Guerrerense de la Cultura en el zócalo capitalino, a la par se integró Tonantzin a ejercer teatro universitario con el grupo Chontales, “a partir de ahí encontré una identidad que me llenó: la cercanía con las costumbres y las tradiciones de Chilpancingo”.
Egresada, ejerce prensa escrita y en radio por 13 años pero siempre decía “me hace falta algo, quiero pintar; me inscribí en la Escuela de Artes Plásticas de Tixtla, era en verano; me dio clases el maestro Urzúa, Javier Lara, Ian Malaj, Víctor Juárez. Ahí me involucro en artes plásticas y empiezo a trabajar arte de distintos géneros. Después ingresé a la Escuela de Artes Visuales de Cuernavaca en fines de semana”.
Con Licenciatura en Artes Plásticas, en un momento en que su mamá enferma, y cuando se podía el procedimiento, toma la plaza por su perfil profesional. Ya estaba embarazada de Tonatiuh Quetzalcóatl y con su esposo, el antropólogo Víctor Cabrera Alonso, nacido el 2 de noviembre de 1975 en Apango.
Una inesperada venta de creaciones
Tonantzin ha sido una interesada en conocimiento prehispánico y por eso se vinculó con grupos que tenían sus calpullis; en alguna semana cultural un agosto en el zócalo de Chilpancingo conoció a Víctor, ella dando talleres de pintado de cerámica y él vinculado con una agrupación de danza y cultura prehispánicas en Mártir de Cuilapan (Apango), entonces aficionado a la fotografía.
Radicado desde los 90’s en la capital, Víctor llegó a estudiar la preparatoria 33, viviendo con un hermano, Jesús, que tenía cámaras fotográficas al ser estudiante de Comunicación, “agarré la cámara, una (marca) Minolta, y me gustó”.
Termina la prepa y Víctor salía a tomar fotografía social, para las fiestas, pero también de tipo documental, “era lo que más me gustaba: documentar tradiciones, costumbres, la siembra, el atsatsilistli (petición ritual de lluvias), Tigres, danzas, en Apango, para mis archivos personales”.
Se fue un tiempo a Estados Unidos, “me compré equipo de video y de foto, después de cinco años regresé. Me metí en la Escuela de Antropología Social, era campus en Chilpo, era un salón, ahorita estoy en el proyecto de tesis, aparte nos dedicamos a la tradición”.
En pareja desde el año 2008, antes de que este lugar se convirtiera en el lugar que es, de confección, producción, concientización, información y venta de insumos, vestimenta y artesanía de las regiones del estado fue sede de un estudio fotográfico a cargo de Víctor, ya aclientado con quienes iban por fotografías para credenciales laborales. Tona, repartiendo el tiempo en el reporteo y el magisterio, entonces en la secundaria federal 6 de Acapulco.
– Así como está actualmente, ¿Cuánto tiempo lleva este lugar?
– Lleva 15 años-, dice la entrevistada, pintando una playera con motivos del jaguar o tekuán.
Un lugar sin inauguración formal: “mi mamá, por su enfermedad, necesitaba una terapia ocupacional; fuimos a la Feria de Tixtla y le compramos unos aretitos para que vendiera fuera de la casa; ella empieza a vender y yo voy diario a Acapulco; entro en el 2010 a estudiar a una escuela en verano, de artesanías, en Mochitlán”.
Un año después se integra Víctor a aquella escuela, que recuerda intensiva, de muchas horas de práctica y creación; de hecho, aclara, “sabíamos pero no nos dedicábamos”.
Integrado con el maestro José, de la escuela Bernabé, en un diplomado de cada verano de cuatro años, entonces la pareja todavía no tenía este establecimiento, “hacíamos (artesanía en) papel maché, catrinas chiquititas, muñequitas; hago una catrinsota grande, una máscara, un Tigre”.
Todo fue empezando cuando Víctor sacaba esas creaciones enfrente de su estudio de fotos, sobre banqueta de esta colonia Burócratas –frente a lo que fue el Cine Jacarandas-, sólo porque eran grandes, había que trabajar en más detalles y después iba a presentar como sus avances en aquella escuela de Mochitlán.
Pero pasaba la gente y le preguntaba “¿A cómo la Catrina?, véndamela”, así hizo su primera venta en el –recuerdan- 2013. Después, lo mismo con una máscara tradicional de Apango, “también se me vendió, así se fueron vendiendo mis cosas”.
Decorado y confección con elementos tradicionales
Tonantzin empezó a hacer vestimenta tradicional a su hijo, el entonces niño (hoy adolescente) Tonatiuh, un adentrado desde pequeño a cuestiones de danzas y tradición; en una ocasión en Mochitlán una amiga supo que elaboraba trajes y le pidió uno, de tlacololero, “hice el traje, tenía mi máquina; fui a Acapulco y lo dejé colgado en las cositas mi mamá (que vendía aretes por su cuenta) allá afuera”, esperando que su amiga pasara por las prendas, “llega una señora y me pide que se lo venda. En la noche vuelvo a hacer el traje”.
Hizo lo mismo: dejó el traje encargado afuera de esta vivienda y pasó una maestra de un jardín de niños, quien ahora le pidió elaborar 29 trajes completos, “así empezó”.
– No sabía lo de las máscaras pero teníamos el conocimiento de la escuela, le digo (a Víctor) “te dedicas a hacer los accesorios y yo a hacer los trajes”-, recuerda Tona.
Detalla Víctor que desde entonces elabora máscara para danzas (lo que ya hacía desde su época de la prepa, con la maestra universitaria Merced Batalla), chirriones, después, el decorado en botellas (por ejemplo para mezcal) y tazas, una producción más reciente que se dio en el marco del parón por la pandemia en el 2020.
Antes, en el 2019, Tona ha ampliado relación con maestras de escuelas para que les confeccione a pequeños alumnos, de jardín de niños y primaria, desde 17, 20, hasta 35 vestimentas completas, cada año dependiendo fechas conmemorativas; primero sola, después con beneficiarias del programa federal Jóvenes Construyendo Futuro, aunque ahora el emprendimiento ha sido más familiar, “tengo mi taller de confección”.
Fueron ampliándose los encargos para escuelas “que nuestros trajes se vendían en Costa Chica, Tierra Caliente, Acapulco, Iguala, Tecoanapa, danzas completas”.
Llegó el 2020 y como los jóvenes becarios tendrían que seguir aprendiendo Víctor incursionó en el decorado de botellas y tazas, “teníamos algunos diseños pero no teníamos ese mercado, nuestro mercado eran los trajes”.
Ahora Víctor y Tona adornan, por supuesto a mano, con elementos de las regiones, con propios diseños pero respetando técnicas regionales, por ejemplo dibujado de la zona del Alto Balsas (zona Norte), de la Tigrada de Chilapa o los tekuanes de Apango (región Centro), “pintar como se debe de pintar, como antes; rescatamos esa parte. Si no, nos come el imperio, nos gana; así debe de ser para que la tradición no muera, sino prevalezca”, asegura el académico.
– Nuestra tienda es el resultado de la necesidad de la gente-, asegura maestra, quien ejemplifica la idea de las tazas pintadas (no las botellas) surgió en un contexto de presencia de maestros que se movilizaban y hacían plantones en la cercanía de este lugar, al que vieron y se acercaron a preguntar por algún recuerdo para llevar, “empezamos a hacer pruebas con tazas de porcelana”, pero ahora compran tazas de barro natural de Xalitla y aquí mismo pintan.
– ¿Quiénes les acompañan a trabajar?
– Ana, egresada del programa Jóvenes, se quedó con nosotros; hemos tenido muchos aprendices, él (su hijo) nos ayuda, tiene mucha habilidad para la pintura. Mi mamá me ayuda en la confección de trajes, en los detalles: las aplicaciones, los botones, ojales, broches, mi hermana Blanca Patricia me ayuda en algunas cosas.
Taller llamad además La esquina de las máscaras
Al llamar a esta tienda “el lugar obligado” donde se pide cotización, además de la confección de los trajes, Tona asegura que sigue trabajando para escuelas de la ciudad, como la Morelos, la Fray Bartolomé o Lázaro Cárdenas, “la gente se ubica, llegan; (por ejemplo) empezamos a trabajar lo de la erección del estado de Guerrero (en octubre) desde el mes de julio”.
Actualmente en esta tienda, dice, “estamos enfocados en varias áreas: joyería, artículos utilitarios (tazas, platos, vajilla, botella), artículos de decoración (cuadros, platones, jarrones), artículos tradicionales, de ritual, como máscaras, vestuarios, no solamente para escuelas, hemos incursionado con danzas tradicionales, para pueblos”.
Aquí destaca la maestra: “nosotros no trabajamos la artesanía solamente como producción; yo no confecciono ropa de vestir, confecciono trajes tradicionales. Nuestro enfoque es cultural, el fomento a la cultura tradicional; nuestros conocimientos en las artes, en la plástica y en la técnica lo enfocamos a la conservación, investigación y difusión del arte tradicional guerrerense. Manejamos en nuestros temas la iconografía del estado de Guerrero”.
Además de encontrarse en esta dirección, Tonantzin y Víctor están ubicados al sur de la ciudad, una sede de la Feria decembrina que concluye en estos días, y adelantan que pronto abrirán una especie de sucursal en el centro, en la calle Baltazar R. Leyva Mancilla, “nos enfocamos en realización, en diseño: por ejemplo empresas nos piden un diseño corporativo, una playera de la empresa; en educación: tratamos de ir a las escuelas y enseñar la técnica artesanal, pero también damos talleres aquí”.
Este lugar se abre desde la mañana hasta la noche, todos los días, aquí donde hay talleres permanentes de elaboración artesanal, aunque también hay cada vacaciones de verano para estudiantes, “nuestro objetivo es que aprendan a transformar y lograr un objeto a partir de ellos mismos”.
– Y por fin, ¿Cómo se llama este lugar?
– Taller de Creación Artesanal Jacarandas, le dimos el nombre como la gente le dice, “vamos a las artesanías de Jacarandas”, también como sacamos muchas máscaras le pusieron “La esquina de las máscaras”, las dos formas es como nos identificamos.

Comentarios cerrados.