Mientras en el gobierno sustituto de Gustavo Alarcón Herrera se empeñan en llevar a cabo acciones cosméticas, con ello superficiales, a lo largo del encauzamiento del río Huacapa, con el envío de maquinaria sólo para medio desazolvar el afluente, pero manteniendo las toneladas de escombro, desechos y sedimentos arrinconadas y dejadas a la intemperie, vecinas y vecinos del denominado ‘paseo’ Alejandro Cervantes Delgado no dejan de alertar sobre el riesgo de salud pública que se cierne todos los días, a todas horas, porque lo verdaderamente urgente es, entre otras cosas, erradicar los cientos de metros cúbicos de aguas residuales que diariamente se siguen descargando desde establecimientos y viviendas, una de las principales causas para que la zona mantenga una creciente pestilencia permanente con la generación, no sólo imparable sino en aumento, de fauna nociva, como mosquitos y zancudos que han proliferado en medio de una disminución en visitas domiciliarias del personal del sector Salud, tanto municipal como estatal.
En medio de este cambiante entorno climático, que de medio fresco o frío pasa a las altas temperaturas o incluso ocurrencia de lluvias; del inicio al parecer adelantado del periodo anual de incendios forestales, así como de la proliferación de males que afectan tanto a humanos –sarampión, tuberculosis, variantes de influenza y Covid-, como al ganado y mascotas en casa, como el gusano barrenador, en Chilpancingo continúa inquietando la realización, prácticamente todavía en inicio del año, de protestas por la carencia del agua potable, vital –aún más por cómo está la situación- para prevenir y combatir enfermedades como las mencionadas. Ante esto, en la Comisión de Agua Potable y Alcantarillado de Chilpancingo –Capach- debieran advertir desde ya a la población para dejar en claro lo que puede venir en materia de abasto, para ello se requiere una directiva que no sólo se la pase en el escritorio y salga a esclarecerle a la ciudad la previsión en cuanto a disponibilidad del agua para los próximos meses, aunque se insiste que bloqueos que desde ya se advierten en vialidades y hasta en el boulevard Vicente Guerrero perfilan un esbozo más bien inquietante, que debe implicar trabajo, voluntad, gestiones y resultados no sólo de las instancias del ayuntamiento capitalino, como la propia Capach, sino de las dependencias en infraestructura hídrica del estado y del gobierno federal, como la propia Comisión Nacional del Agua.
La situación preocupante y alarmante a lo largo del encauzamiento del río Huacapa -‘limpiado’ por encimita, sólo para la foto que se presuma en las redes sociales- está vinculada estrechamente a toda este generación de riesgos de salud pública que, de por sí, han prevalecido en todo el territorio chilpancingueño, aquí donde basureros urbanos y ahora carencia creciente del agua entubada, así como la muy evidente disminución de recorridos de brigadistas casa por casa, concientizando, informando y distribuyendo abate para recipientes de agua, se vuelven un más delicado caldo de cultivo para la propagación de enfermedades.
Toca entonces a la ciudadanía fomentarse, ahora más que nunca, el autocuidado; ni modo, pero hasta destinar parte de sus ingresos económicos para garantizarse insumos para la prevención porque parece que, ahora con más regularidad, la situación sanitaria rebasa las capacidades de las autoridades en sus tres niveles.