“ROUSS” TAQUILLO LÓPEZ, comercio, aguas y vida con estilo

Sin trabajar por depresión tras la pérdida física de un ser querido, “no tenía ni para comer”, un día de hace dos años la comerciante en Chilpancingo (dice que desde sus 5 años, ella en una sillita elaborando cucuruchos junto a sus papás vendedores de fruta) “tuve que hacer una reconciliación con Dios y pedirle perdón” porque no quería ni vivir, “soy bien trabajadora, ponme en el camino correcto”, rezó. Al otro día, una llamada: le pidieron aguas frescas por encargo; sin dinero, pidió fiado y elaboró dos vitroleros de guayaba-kiwi, pero la clienta le compró uno finalmente. Era de mañana y la capacitada en manejo de redes sociales, cuando vendía productos Omnilife, creó cuentas como “Rouss Taquillo” y vendió su recipiente con esa, una de sus aguas frescas que llama exóticas, que ha elaborado desde sus 21 años con su primer puesto de frutas en el centro de la capital; a la fecha, con 60-70 creaciones exclusivas, con mezcla de frutas naturales de temporada. “Me salí de lo común”, dice la ex locataria ambulante, ex restaurantera, la que llegó a vender en un solo lugar hasta 30 tipos de aguas frescas, como en el centro o la Feria decembrina; hace dos años, retomando la venta, primero usando un mueble apolillado donde ponía vitroleros y ahora desde su establecimiento, del barrio de San Mateo, donde se hacen filas de compradores y llegan jóvenes influencers de redes sociales, desde locales hasta extranjeros, “muchos copian, hasta mis videos (…) si les resulta, bien, que Dios les bendiga”, dice Rouss, con más de 70 mil seguidores en su espacio en Facebook, quien además de “enamoradísima y agradecidísima”, y de no dejar de agradecer a la gente, asegura que actualmente, moral y espiritualmente, se siente “chingona”.

Pablo Israel Vázquez Sosa

“Nací en el barrio de Tequicorral, dice mi mamá que aquí llegué de seis meses… yo soy de aquí”, asegura sobre este barrio, el de San Mateo, la ahora hasta viral emprendedora de la ciudad, de nombre Rosalba pero más conocida como Rouss, nacida el 27 de septiembre de 1960, en Chilpancingo y ubicada en su popular establecimiento de la calle Procopio García Luna.
Un emprendimiento de las conocidas como ‘aguas exóticas’ que no empezó aquí; de hecho fue desde hace décadas, cuando la entrevistada tenía 21 años, “tardé casi 40 años en la calle Justo Sierra”.
Entonces Rouss tenía una frutería, porque de hecho su familia ha estado vinculada al sector comercio en la capital, sobre todo Canuto, Elena y Luisa, con un puesto en calle República del Salvador, en el centro, donde antes estuvo el mercado central, “mis papás eran de vender toda la fruta que llegaba de Mochitlán, Tixtla; mi mamá vendía mangos peladitos; la primer fruta de temporada en Chilpancingo le llegaba a mi mamá”.
– Desde la edad de 5 años me tenían en una sillita mis papás haciendo cucuruchos porque no existía el plástico; ahí echábamos todo, en los cucuruchos-, recuerda.
Al paso del tiempo, recuerda, “fui ambulante por muchísimos años, representante de los ambulantes, 1977, ‘78”.
Las dos primeras cajas de mango en un puesto
Esta plática tuvo que pausarse varias veces: a partir de las 12:30 del día, de a poco pero después de manera más constante, las personas no dejaban de llegar y como Rouss es quien sirve e interactúa con sus clientes había que detener el hilo de la conversación, que se iba retomando en los ratos en que no había alguien.
“Quería ser maestra pero me ganó más el corazón del comercio, lo decido cuando me caso y yo no quise que mis hijos crecieran fuera del entorno familiar; en la frutería tenía a mis hijos comiendo en unas cajas”.
Tenía 18 años cuando, ya en pareja, esperando al primero de sus cuatro hijos, Rouss inició con un puesto atendido completamente por ella mientras su entonces pareja estudiaba Medicina Veterinaria fuera de la ciudad. Por su parte, “estaba embarazada y estaba en la (escuela) Comercial Guerrero, estudiaba (para) secretaria ejecutiva bilingüe; la terminé, en las mañanas vendía y en la tarde me iba a estudiar, nace mi hijo Oscar y no lo quise dejar solo, por eso decidí vender; tenía mis chiquihuites, vendía tomate, chile, y cuando se terminaba la temporada de chile nos íbamos a traer a Chilapa chile chiltepín, iba con mi mamá”.
– Hablando de comercio, ¿Quién te ayudó con el ‘puntero’, ese primer dinero para empezar a comprar insumos para vender?
– Mis papás me ayudaron, pero el señor José Mendoza, que en paz descanse (que tenía en aún abierto Comedor Chilpancingo), me daba todos los costales de chile serrano y jalapeño.
Llegó el contexto de la demolición del entonces mercado del centro, para dar paso al cambio a su actual sede en avenida Insurgentes, “y nos quedamos de ambulante, enfrente de la Bonetería Lilia puse un puesto de madera; ahí le metí más fruta y empecé a irme a la Central de Abasto (de la Ciudad de México), de ese lugarcito no me salí, de ahí me fui a la calle Justo Sierra y ahí tardé casi 40 años”.
Fue en ese lapso en que Rouss integró una organización para evitar irse al entonces nuevo mercado, “(de) la gente mayor, muy pocos se quisieron ir al mercado, lo veían lejos; hacíamos plantones, nos íbamos al ayuntamiento para que no nos movieran”.
Aquel grupo llegó a vender precisamente a esta calle, Procopio García, todos dentro de un predio particular; Rouss supo que en la esquina de las calles Justo Sierra y República del Salvador había un local vacío; como su mamá se había ido a traer mango “empecé con dos cajas de mango que me trajo mi mamá, mango panameño y mango corriente”.
Admite que tenía dudas sobre si sus mangos se irían a vender, pero como cerca había un sindicato de maestros, éstos le fueron comprando. Acabó aquel producto y empezó a irse a la Central de Abasto, trayendo cajas con fruta, a la par de que un maestro le llevaba plátanos igualmente para que los venda. Como se iba surtiendo cada vez más, el espacio se fue llenando de producto hasta que requirió cambiarse de lugar, y eso hizo, justo enfrente, en una accesoria donde estuvo unos 30 años, ya como “Frutería Rosalba”.
Fueron otros diez años en otro local, sobre la misma calle, justo detrás del edificio Juan Álvarez de Finanzas, aunque aquí fue de elaboración de comida, una fonda denominada Los Helechos (por cierto una plantas que le gustan y que adornan este actual establecimiento) mientras –detalla- ya estaba en proceso de separación de su pareja, padre de sus hijos Oscar, Mirna Olivia, Norma Leticia y Xiomara. Era entre los años 2007 y 2008.
Rouss, las redes y las populares aguas exóticas
– Le brinqué a lo grande, tuve restaurant grandísimo-, recuerda, aunque no detalla mucho: dice que duró unos cuatro hasta que se tuvo que cerrar.
Por un tiempo fuera de Chilpancingo, regresó rentando una vivienda, justo frente a esta frutería, donde reinició el comercio, “sin ni un quinto”; esta vez, con esquimos y jugos de frutas, alrededor de dos años.
Revela que tuvo una delicada recaída en salud, “quedé inválida”, dice que “por todo lo que traía”, y mientras acudía a terapia asegura que le rezó a Dios, pidiéndole por su salud y que la pusiera en el camino correcto.
Otra estancia de la comerciante fuera del estado y como prometió a su mamá que regresaría a su tierra, desde hace ochos años ha permanecido trabajando permanentemente aquí. Antes, recuerda, estuvo vendiendo en las ferias decembrinas “con 30 sabores, en (la calle) Allende tardé diez años y hacía 18 sabores diarios. No había redes (sociales) pero había calidad”.
Después, vendiendo productos de nutrición y belleza de la empresa Omnilife –donde por cierto tuvo una introducción en el manejo de redes sociales con fines de difusión y promoción en ventas, lo que le ha servido para potenciar sus actuales redes sociales, como “Rouss Taquillo” y “Al Puro Estilo Rouss Vallarta”, un emprendimiento que tiene su hijo en aquella ciudad-. Como Omnilife es una empresa internacional, mientras interactuaba en sus redes a Rosalba Taquillo se le ocurrió el eslogan “Rouss Taquillo por el Mundo”, que después cambiaría al actual “Al puro estilo Rouss”.
– Yo me salí de lo común-, dice sobre su actual negocio, de alrededor de dos años echado a andar. Picafresa (de variedad de frutos rojos de temporada), Lima-limón con pepino, Mojito de fresa, Vuelve a la Vida, Taro, Citrus (mandarina, naranja, toronja), guayaba-kiwi, Mangonada (mango, piña, maracuyá), Vampiro de frutos rojos, acompañados de escarchado con chile, con obleas, gomitas, Miguelito, hasta con un toque de rompope en el caso de la piña colada, “orgullosamente preparadas con 100 por ciento fruta”. Asegura que tendrá entre 60 a 70 sabores exclusivos, elaborados a lo largo de sus años en el comercio.
Indirectamente, para la mezcla de sabores en sus aguas, tuvo que ver –recuerda- un “señor Quintanilla, el magnate de las manzanas”, en la Central de Abasto, “él metía las primeras frutas exóticas y él decidía a quién se le vendía de las bodegas. Era la primera en traer toda la fruta exótica, vamos innovando, no nos quedamos con lo mismo”.
– Les admiraba que trajera tráileres cargados de fruta-, recuerda de aquellas veces que se iba a la capital del país; fruta por ejemplo piña, que utilizaba también a fines de año para la elaboración de ponche.
– Yo no estoy seria-, dice la chilpancingueña, “Dios siempre me ha puesto gente muy linda”.
Eso sí, “muchos copian, hasta mis videos, digo ‘no pasa nada, que Dios los bendiga’, aquí llega gente, aquí tenemos trabajo, y si les resulta, bien, que Dios les bendiga”.
¿Y cómo te sientes?, “chingona”
Asegura que pasó, en el año 2021, por otro proceso muy fuerte, “creo el más doloroso”: la pérdida física de un nieto de 18 años, “tuve que hacer una reconciliación con Dios y pedirle perdón, porque ya no quería vivir; con mi nieto se fue mi vida, se había ido mi hijo. Bajé de peso, perdí masa muscular como no tienes idea, me estaba yendo, me abandoné, me perdía en la calle. Quería morir”.
Volvió a dejar de trabajar “y llegó un momento en mi vida que no tenía ni para comer. Tuve que hacer una reflexión y pedirle a Dios perdón, perdón por todo lo que había deseado, irme, teniendo cuatro hijos maravillosos, mis siete nietos, le dije ‘dame una oportunidad, Señor, soy bien trabajadora, ponme en el camino correcto’”.
Un domingo le habló una amiga para decirle que necesitaba, para una convivencia de trabajo, dos vitroleros con aguas frescas, “y yo sin dinero….no les iba a hablar a mis hijos, que no tenía dinero, que no tenía para no comer”.
Rosalba Taquillo fue al mercado a pedir fiado a comerciantes y con lo que tenía hizo las aguas. El lunes, temprano, su amiga le dijo que nada más requería un vitrolero de agua, aunque le pagaría por los dos que había elaborado, “lo demás tú véndelo o regálalo”.
Y se quedó Rouss con su agua de guayaba con kiwi, “¿Y ahora qué hago?”.
Eran las 10 de la mañana y se le ocurrió modificar la página personal donde vendía productos Omnilife, se registró en Marketplace, empezó a etiquetar a potenciales áreas con clientes, “11:30 de la mañana ya no tenía nada de agua. Al otro día, vuelvo otra vez”.
Sacó entonces un mueble viejo, apolillado, y además de pedirle a Dios que terminara el agua antes de que se tronara la base donde estaban los vitroleros le pidió a alguien que la grabara con su teléfono celular, interactuando con un cliente, video que puso en su estado de WhatsApp y, a sugerencia de su hijo, también subió a sus redes sociales.
Ahora, sólo “Rouss Taquillo” tiene alrededor de 70 mil seguidores en Facebook, ya con las visitas de creadores de contenido como Abril Alvarado, Ni Kiss, Koke Lozano y Alex Serrano, cuando se hacían las filotas enormes “y yo solita, trabajando, hacia aguas, jugos, lavaba, desde las 3:30 de la mañana”. Actualmente son cuatro jóvenes que reparten tiempos para irla apoyando en la recepción de clientes, en toma de pedidos y ofreciendo otros productos, como botanas e igualmente productos de nutrición y belleza.
“Enamoradísima y agradecidísima” es como dice sentirse Rosalba Taquillo, “lo digo en cada video, no tengo palabras cómo agradecer a gente tan linda”.
– Moral y espiritualmente, ¿Cómo te sientes?
– Chingona.

 

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