Un primer precedente, de riesgo para las aspiraciones de militantes de Movimiento de Regeneración Nacional –Morena-, se ha sentado en el estado de Baja California: morenistas de aquella entidad, también –como Guerrero- con proceso electoral de elección de gobernador el próximo año, han interpuesto y les aceptaron una queja por actos que configuran proselitismo personalista anticipado por parte de Julieta Ramírez, senadora además vocera de bancada de ese partido en la Cámara Alta, a quien le juntaron pruebas documentales que ya recibieron y analizan en la Comisión Nacional de Honestidad y Justicia –CNHJ- del partido.
En el marco del anunciado endurecimiento de lineamientos internos en casos de promoción personalizada en Morena, más de uno y una puede tener la misma suerte en Guerrero, donde no sólo persiste un desorden en ‘las y los corredores’, cuando ni siquiera se ha dado el banderazo inicial de la carrera –en este caso por la gubernatura para el sexenio 2027-2033-, sino que ellas y ellos mismos ponen en riesgo su participación en el proceso interno, primero, para la designación del coordinador o coordinadora de los Comités de Defensa de la Transformación en la entidad, después, por consiguiente, de una eventual candidatura formal en caso de haber pasado el primer filtro partidista.
Porque, al igual que en el caso de Baja California, más de uno y una andan muy entusiastas pasando por encima de las reglas establecidas en Morena y para ello están echando mano de una presencia personalista en espacios de redes sociales –aprovechando las lagunas que todavía persisten en regulación y difusión de lo que se pueda considerar, o no, proselitismo preelectoral-, como también en las calles y de la manera más burda: jugándole al “misterioso” con pintas en paredes, con gallardetes y lonas instaladas por sabrá quiénes, donde se leen desde apellidos, algún nombre o un ‘juego de palabras’ que no requiere nada de ciencia ni imaginación para dilucidar quiénes son las y los autores intelectuales de esas instalaciones y leyendas en las paredes: Jacinto González, Iván Hernández, Esthela Damián, Diana Bernabé, entre otras y otros morenistas en el estado, que ya debieran quitarse la careta para dejar de hacerse los sorprendidos, o hacer como que no saben –con ello insultando a la inteligencia colectiva-, jurando desconocer de dónde salen esas ‘iniciativas’ fácilmente expuestas para denunciarse y que van a ser causal de quejas ante instancias del partido, puede ser que hasta autoridades electorales, porque se está fuera de los tiempos administrativos siquiera como para que, desde ya, se le inunde de nombres, apellidos e intentos de eslogan a una ciudadanía a la que ya no se engaña fácilmente, que de inmediato detecta cuando se le quiere tomar el pelo o se le quiere hacer objeto de burla, como en estos casos, con esas y esos militantes que, o siguen callando para tratar de deslindarse, o de plano están mintiendo flagrantemente, asegurando desconocer quién mandó y cómo es que se está incurriendo en esa abusiva, ambiciosa y muy evidente estrategia de proselitismo adelantado, por ahora impune ante autoridades electorales.
No extrañe, por ello, que lo que ocurrió en Baja California se replique en Guerrero, donde ha prevalecido un claro desorden que implica, por si fuera poco, a integrantes de la dirigencia y servidores públicos de Morena, pésimo ejemplo de institucionalidad sobajada por ambición, personalismo y prepotencia.