Penumbras chilpancingueñas

El reporte -y posterior solicitud de cooperación económica- tras la agresión física y asalto la noche del domingo, en la colonia Los Ángeles, a una cantante local, así como los imparables videos subidos a redes sociales de cámaras de seguridad de viviendas y negocios, donde se aprecia a jóvenes robándose motocicletas y motonetas de la vía pública capitalina, dan cuenta de una permanente crisis de seguridad que, con altibajos, parece que de nueva cuenta acaba de entrar a un periodo de altas en la incidencia. Esos acontecimientos referidos, así como la enésima escalada de crímenes tanto en zona urbana como en los alrededores de Chilpancingo, están dando cuenta de ello.

Así que, mientras los robos y asaltos siguen impunemente a la alza, así como el actual baño de sangre más recurrentemente, nadie en el gobierno sustituto del alcalde Gustavo Alarcón Herrera -primera autoridad que ha preferido la polarización y los dimes y diretes institucionales sobre todo de cara a las fundamentales Mesas de Coordinación para la Construcción de Paz- ha salido a explicar o aclarar, por ejemplo, cuál es el estado operativo de las cámaras de videovigilancia que deben de estar funcionando en puntos estratégicos de la capital, herramientas en seguridad que, para dar un ejemplo, serían fundamentales para dar seguimiento policial y de inteligencia al conductor del vehículo que, la mañana de este jueves, dejó en su interior los cuatro cuerpos de asesinados en la lateral del boulevard; cámaras de las que nada se sabe, ni sobre su estado y en qué se están utilizando, sobre todo si realmente han servido para avanzar en investigaciones o hasta intervenir en casos de localizaciones ante desaparición forzada, otra modalidad del delito también en aumento en Chilpancingo. Nada, sólo el silencio institucional.

Como nada se ha informado sobre qué plan o estrategia puede que haya para dignificar el estado de las calles y avenidas, para empezar con alumbrado público que siempre sirva, que no opere en horas del día y que realmente genere percepción de seguridad para colonos, peatones y automovilistas; la zona donde se reportó el asalto a la mujer artista, la colonia Los Ángeles, ha sido otra de las tantas donde ha faltado el trabajo de las autoridades, las estatales pero sobre todo las del municipio, que de hecho no hacen más que seguir agraviando a las y los gobernados con un abandono creciente y por tanto más evidente. Se nota en las calles céntricas destrozadas, solitarias y obscuras; en el zócalo y el andador Zapata que increíblemente –a pesar de asaltos e intentos de incursión a establecimientos- siguen a obscuras y sin recorridos constantes de uniformados; también, con esas constantes quejas y muestras de enojo de víctimas de asaltos violentos en las calles y del robo de patrimonio igualmente en la vía pública.

En un nuevo entorno violento en Chilpancingo, el rubro de la seguridad pública sigue siendo tema de censura por unas autoridades municipales que, o no quieren hablar por miedo o simple comodidad para no entrarle a ‘temas espinosos’, o –como Gustavo Alarcón- que siguen en la tesitura de hacer como que no están ocurriendo la robadera y el baño de sangre en la ciudad; como si no hubiera dudas sobre el estado de las cámaras de videovigilancia y como si no hubiera enojo y consternación ante asaltos o robo de motos y motonetas; como si, en efecto, a este gobierno le valiera nada lo que realmente ocurre en materia de inseguridad.

 

 

 

 

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