Mientras continúa la creciente andanada de hostigamiento en contra del comercio establecido, ahora incluso hacia un locatario del centro, además reportero de esta casa editorial, que este jueves denunció presión del gobierno de Chilpancingo por las notas informativas donde ha documentado, todos los días en estas páginas, deficiencias e incompetencias del alcalde sustituto Gustavo Alarcón Herrera, de sus segundones y golpeadores institucionales que tiene hasta en su área de Comunicación Social, el nuevo escándalo de tintes trágicos, fomentado por la administración municipal, se dio en los pasillos del pleno zócalo, justo cuando por enésima vez se han instalado esos vendedores con productos de temporada que, por cierto, siguen siendo de los más apapachados por el ayuntamiento; decenas de comerciantes tolerados previo pago de cuota, acortando espacio de vía pública y siendo competencia desleal para esas y esos chilpancingueños que además tienen que enfrentar el encarecimiento de pago de servicios y licencias, los riesgos por inseguridad pública –se sabe que hay intentos de meterse a locales del primer cuadro-, y hasta el intento de desquite a quienes el alcalde sustituto considere sus “enemigos” sólo por publicar críticas bien fundamentadas.
Ya controlada la situación por el inédito accidente de ayer, ya cuando el zócalo -frente y al lado del Museo Regional- estaba atiborrado de uniformados, Gustavo Alarcón fue a ser fotografiado, caminando entre el área donde ocurrieron daños a locales y lesiones a algunas personas; parece que ahora ‘enfermo de protagonitis’ –muy posiblemente por fines electorales-, se trata de un alcalde evidenciado ahora porque ni siquiera a sus consentido$, esos vendedores de temporada que le pagan por instalarse en el mejor lugar de vendimia en toda la ciudad, les puede garantizar seguridad y confiabilidad mientras se la pasen invadiendo y golpeando al comercio establecido.
Si bien no es nada común que algún sujeto quiera meterse en coche a querer circular por pasillos del zócalo, y menos justo cuando el lugar está invadido por decenas de comerciantes temporales y ambulantes, la administración priista-panista actual ha sido incapaz de dignificar el estado de ese, se supone que el mejor lugar de la capital: además de la falta de recorridos policiales en las noches, del riesgo de más asaltos como el documentado hace días, y del riesgoso acceso habitual de conductores hasta la plancha de la plaza cívica, el accidente de ayer deja al descubierto vulnerabilidades no atendidas, como la regulación o de plano prohibición de vehículos –particulares y sobre de todo de empresas, como repartidoras de hielo, como un ejemplo- en las entradas a los pasillos como en las calles Madero o Abasolo, donde ni barras protectoras y mucho menos vigilancia ha habido, una omisión diaria, solapada por todas las áreas del gobierno del alcalde sustituto, que devino en un accidente que no se había registrado antes en el corazón de Chilpancingo.
A nadie protege el gobierno municipal y, en el colmo, todavía menos a quienes le generan ingresos económicos, lo que es sintomático en un gobernante, eso sí, que va a pararse de manera hipócrita y electorera a donde ya ocurrió lo peor, mientras por otro lado manda a hostigar, y en el caso particular del denunciante reportero de Vértice, a intimidar a quienes destapan sus fallas. Hay prioridades y si hay fotos de por medio, para la pose, mejor para Gustavo Alarcón Herrera.