Jaime García Moreno
Les cancelaron la fiesta: ahora les toca ver como gobiernan las mujeres
Amigos, los saludo con mucho gusto desde este espacio que es suyo. A más de uno se le atragantó el pozole.
Y es que lo que ya se sabía en los pasillos, por fin lo hizo oficial el IEPC: hay municipios en Guerrero donde los hombres no van a poder ni siquiera anotarse. Se acabó. En esos ayuntamientos solo podrán competir mujeres.
Y aunque algunos lo quieran disfrazar de indignación democrática, la neta es que a varios se les vino abajo el negocio. Porque ya se sentían presidentes, ya habían invertido, ya habían repartido despensas, ya andaban prometiendo obra que ni ellos mismos se creían. Y ahora, a llorar a su casa.
Uno de los que debe estar con el hígado reventado es el alcalde de Iguala, Erik Catalán. El que gobierna como si Iguala fuera su rancho, como si fuera un mini virrey. El que cree que puede hacer y deshacer a su antojo. Pues que se vaya acostumbrando, porque en Iguala el próximo sello de la presidencia tendrá perfume de mujer y no el aroma a soberbia que él dejó impregnado.
Otro que debe estar sacando cuentas alegres es el de Tlapa de Comonfort, Gilberto Solano Arreaga. Nadie le quita que es un gran anfitrión, que atiende bien y que sonríe para la foto. Pero Tlapa, el corazón de la Montaña, sigue igual: hundido en el atraso, en el olvido, en la pobreza que ningún informe maquilla. A lo mejor, y solo a lo mejor, lo que Tlapa necesita no es otro compadre buena onda, sino una mujer que sí sepa lo que es administrar carencias.
Y no son los únicos.
En la lista negra para los machos suspirantes están: Acatepec, Atlamajalcingo del Monte, Alcozauca, Atlixtac, Coahuayutla de José María Izazaga, Copanatoyac, Cuajinicuilapa, Igualapa, Leonardo Bravo, Marquelia, Mochitlán, Quechultenango, San Luis Acatlán, Tlacoapa, Xochihuehuetlán y Zapotitlán Tablas. En todos esos, si eres hombre, por más que te hayas gastado la quincena en lonas y en espectaculares chafas, no vas.
Y por si alguno anda muy creativo, les aviso de una vez: a menos que mañana aparezcan vestidos de mujer, con peluca nueva, se cambien el nombre en el acta y vayan corriendo al Registro Civil a pedir cambio de sexo para alcanzar candidatura, no hay manera. Porque con tal de no soltar el hueso, uno ya no sabe de qué son capaces. Si ya se han cambiado de partido tres veces en un año, ¿qué les cuesta cambiarse de género en una tarde? Al cabo la vergüenza no la conocen. Y qué bueno que se les cerró la puerta.
Porque hay que decirlo sin hipocresías: muchos ya se veían metiendo mano al cajón. Ya se frotaban las manos pensando en las arcas municipales, en las obras infladas, en los diezmos de cada contrato. Ya hasta tenían lista la planilla de compadres, primos y aviadores. Y de pronto el IEPC les dijo: “Fíjense que no”.
Se les cayó la sopa antes de llegar a la boca.
Por eso da gusto verlos hoy calladitos, escondidos, sacando la calculadora para ver cuánto perdieron de lo que ya habían invertido sin tener el hueso asegurado.
Esta medida no es un capricho feminista, como andan chillando algunos en los cafés. Es una sacudida necesaria a la política rancia que cree que los ayuntamientos se heredan por ser macho, por ser cacique o por ser el que más grita en la Montaña.
Hoy les toca a ellas. Y les toca porque cuando les han dado la oportunidad han demostrado que saben gobernar con menos escándalo y con más resultados.
Así que a los que ya se sentían alcaldes, les tengo una noticia: vayan descolgando sus lonas. Guarden sus sombreros. Y si quieren participar, que sea cargándole la bolsa a una candidata mujer, que para eso sí son buenos.
Como dice el dicho y les queda perfecto: el hombre propone, Dios dispone, y el IEPC los manda a todos a la banca.
Y no me lo tomen a mal, esto solo es un comentario. Lo demás es ardor de los que ya no van a mamar del erario.
Les aseguro que no es Nada Personal.