Cerraba con el concierto un homenaje a Solos en América
Ciudad de México. Marzo 20 2026. (SIM).- Miguel Mateos y Alex Lora estaban al centro escenario con sus guitaras al hombro, mientras el público agazapado en sus butacas permanecía a la expectativa. Nadie parecía esperar a Lora. Entonces, Mateos tomó el microófono, hizo el conteo hasta cuatro y de pronto, todos en el Auditorio Nacional se convirtieron en un “chico de la calle” para cantar: Cuando seas grande.
Así, Miguel Mateos cerraba su concierto en México: un homenaje a Solos en América (1986), el disco que lo proyecto en el continente. El álbum reúne 12 melodías,entre ellas: Es tan fácil romper un corazón, y Mi sombra en la pared, habla sobre el crecer, la libertad, America Latina y el amor.
“Hemos compartido una que otra fiesta, pero no un escenario. Es un placer un honor, que una leyenda viva del rock del continente comparta conmigo el escenario”, habría dicho Miguel Mateos para anunciar a su invitado especial. Alex apareció en el escenario con paso firme, el puño en alto, y el grito que se ha convertido en su sello personal: ¡Viva México, cabrones, y qué viva el rock and roll!
El argentino y el mexicano no perdieron el tiempo, y prendieron al público con Las piedras rodantes, que el público coreo a pie de letra y vitoreo con aplausos. El dueto, contó Mateos, fue su idea, y la platicaron con teléfono: “somos dos piedras rodantes en el mundo del rock”.
Las dos horas previas de concierto, Mateos mantuvo al público en un vaivén entre las canciones del disco tributado y el resto de su repertorio, e incluso algunos covers en inglés que popularizó en la década de los 80.
A las 21:05 horas, Miguel Mateos apareció primero en las pantallas, surcando nubes azules a bordo de su emblemática guitarra eléctrica, y ataviado en un saco con bordados.
Después, entró corriendo por el costado derecho del escenario, llegó hasta el filo del estrado y elevó los brazos al público, que lo recibió de pie y con aplausos, para escuchar: Llámame, si me necesitas.
“Buenas noches México, gracias por estar 40 años, boludos y boludas. ¿Pueden creerlo? Gracias por estar aquí, hermoso lugar, que orgullo. Estamos tributando solos en América y a ustedes solos en la vida”. Gracias, gracias decía Mateos.
En diálogo con sus seguidores, recordó que hace 40 años por primera vez puso un pie en el país con Solos en América, nadie lo conocía, y comenzó a recorrer las radios: “los musicalizadores, decían: hay algunos temas buenos, fueron muy generosos y comenzaron a pasar las canciones”.
La conexión con el público fue inmediata con canciones como: Mi sombra en la pared, Perdiendo el control, Y sin pensar, Ámame ahora, no mañana, Libre vivir.
El público recompensó al cantante en esta primera parte del concierto con el tradicional: ¡ Olé, olé, olé, olé, Miguel, Miguel!
Miguel Mateos tiene 72 años, y una potencia de voz intacta. Durante su concierto, el vaivén también es de un costado del escenario a otro, de un instrumento a otro: tocó teclado, guitarra, pandero y armónica. Pero en un momento entre canciones, mientras tomaba aire, y su público lo apuraba con la siguiente melodía, soltó espontáneo: “Son 2 mil 500 metros de altura, aguanten, yo soy un hombre de río, pero me gusta la montaña”.
Con Obsesión, el coro colectivo selló la noche.