Jesús Nayib y Ángel Imanol, capitalinos de Ciencia y consciencia

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Ni “genios” ni “titanes de las prótesis”: los hermanos Peralta Mateos sostienen que curiosidad, apoyo familiar, voluntad, hasta sorpresa en gestiones (por ejemplo, al abrírseles puertas que pensaban impensables o hasta inalcanzables), son fundamentales para hacer, exponer, desarrollar y concursar en Ciencia. Niños imaginativos y curiosos (desarmaban hasta ventiladores), Jesús Nayib y Ángel Imanol se adentraron a la Computación desde chavos; mientras el segundo estudió Derecho en la UAGro, el primero conoció de programas, sensores, electrónica, diseño y novedades en Robótica estudiando dos años en Puebla; recién llegó a retomar estudios en Ingeniería también de la UAGro, es por la pandemia que se pone a crear caretas –ya tenía impresora 3D en casa, al norte de Chilpancingo-, que regalaba con familiares en unidades médicas; después, la curiosidad por conocer sensores Leap Motion –el primero lo compraron de uso, en Mercado Libre que detecten puntos de flexión de una mano, en este caso una creada con plástico rojo, hilos de pescar, resortes, brazalete MYO, tarjeta Arduino y servomotores, que presentaron en abril, en el concurso Infomatrix (donde ganaron bronce nacional entre más de 200 participantes), pero que se remonta a dos concursos previos: uno estatal –tercer puesto también- y uno latinoamericano, del SOLACYT, logrando el segundo lugar que les amplió notoriedad, acercamiento con otros jóvenes de Ciencia en Guerrero y la capital, pero también necesidad de gestiones ante instancias donde les cerraron puertas, menos en la secretaría privada de la gobernadora y la dirección del Comedor Universitario, que los vinculó con el ex rector Javier Saldaña; “nos hemos arriesgado; tenemos algo y preferimos mostrarlo a que se quede empolvado”, dicen los ahora ponentes en escuelas y exposiciones, también solidarios con otros divulgadores y desarrolladores, sobre todo los más jóvenes que ellos, a quienes llegan a donar lo que tienen (por ejemplo algún sensor) al verse reflejados en sus propios inicios, “sabemos lo que es estar solos y no poder contar con nadie”, aseguran quienes han sido “de puros 6 y 7” de calificación escolar, a quienes –revela Nayib- incluso hubo maestros que les dijeron “como eres tontito no vas a lograr nada”, aunque “eso nos ha llevado a donde estamos ahorita: hemos agarrado todo como motivación”.

Pablo Israel Vázquez Sosa

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Apenas a inicios de abril, concretamente del 7 al 10 de ese mes y con sede en Guadalajara, Jalisco, Nayib y Ángel participaron en el concurso nacional Infomatrix, explicando los beneficios de este aditamento que tanta notoriedad pública ya les ha dado: su Mano Robótica en 3D, con sensor Leap Motion; ellos participando en línea, aquí, en su vivienda al norte de Chilpancingo y también en lo que llaman el bunker, este lugar también en casa que –confesarían al final de esta plática- quisieron emular como aquellos espacios muy reducidos, con cables, computadoras, sueños y ambiciones bienintencionadas, en que empezaron los entonces jóvenes, ahora reconocidos gigantes de la Informática, Steve Jobs y Bill Gates.

“Fue como algo raro”, responde Jesús Nayib –por cierto también destacado deportista, con medallas diversas en varias disciplinas, nacido el 15 de abril de 1997- cuando supo que les notificaron el tercer lugar obtenido por su proyecto de Ciencia; en la clausura del evento les habían notificado que se entregarían únicamente “reconocimientos”, pero al seguir las trasmisiones y ver el correspondiente a su reconocimiento, se dieron cuenta que el documento tenía la leyenda Reconocimiento Bronce.

Un evento que contempló todos los niveles de escolaridad, con alrededor de –los contó Nayib- 218 participantes del país, pero en las finales había unos 29 representantes sólo universitarios.

“Sorprendente”, narra Ángel Imanol -con carrera recién terminada de Derecho en Acapulco, nacido el 17 de abril de 1998- sobre su sentir aquella vez, “de un número tan alto, como que es algo que no te lo tienes esperado”.

Unos curiosos en el entorno familiar

– ¿Cómo un chavo de Ciencias Sociales, casi abogado titulado, está inmiscuido en la Ciencia pura y dura?, se le pregunta al joven Ángel, radicado en Acapulco, egresado de la Facultad de Derecho de la Universidad Autónoma de Guerrero (UAGro) en el puerto.

– Desde los 12 años me he involucrado en las tecnologías-, responde, aunque también admite que nunca ha tenido alguna especialización relacionada, “pero sí tengo ideas respecto a este tipo de cuestiones; mi hermano y yo tenemos una visión: la mano es un escalafón para ayudar a toda la comunidad. Lejos de que la gente los vea como proyectos, es un propósito que tenemos para contribuir para que la sociedad se acerque más a la tecnología porque en Guerrero existe una brecha muy grande en Tecnología”.

Pero también Ángel desarmaba los juguetes, ¡hasta ventiladores! que les compraban sus papás, la maestra de preescolar María de Lourdes Mateos Morales y el licenciado en Derecho Ignacio Peralta Palma, “desde pequeño he sido era una persona muy hiperactiva”.

Jesús Nayib, más enfocado en la Ciencia, sobre todo en Electrónica y Computación, actualmente está en el quinto semestre precisamente de Ingeniería en Computación, en Ciudad Universitaria de la UAGro en la capital. Reconoce que el gusto por la Tecnología lo vio primero en su hermano, aunque también un tío, Daniel Antonio (“yo tenía 6 años, el 13”), lo adentró a ese nuevo aparato que llegó a casa: una computadora que compartían porque además compartían cuarto para dormir.

Hubo otra influencia: un entonces prometido de una tía, quien “le movía muchísimo a la tecnología, cualquier cosa que se descompusiera él reparaba”.

Aquel joven también llegaba con lo nuevo en aditamentos tecnológicos, como un teléfono celular o una computadora, que el entonces chamaco imaginaba que tenía moldeando en plastilina su propio celular o computadora, “yo era más como de diseño y mi hermano iba más en lo técnico, eso se fue complementando con el tiempo”.

Eso fue definiendo la elección de carrera para Nayib, quien también admite que “llegué en ceros” en cuanto a conocimiento de transistores, chips, sistemas, programas y lo relacionado con la Informática.

De caretas en la pandemia al sensor gestual

– Y en concreto, ¿Cómo se fue consolidando este proyecto?, se le pregunta sobre esta mano robótica, que es por cierto su primera creación tecnológica.

– Como uno de los dos tenía que meterse a la Tecnología en etapa universitaria, yo conozco a dos profesores en Puebla -porque me dieron la oportunidad de estudiar fuera, en la Universidad del Valle de Puebla-, allá estudio dos años y se me da la oportunidad de trabajar con dos profesores, uno fue ex ingeniero de Microsoft y otro que fue campeón nacional y ahorita está trabajando en una sonda espacial.

El primero se llama Eduardo Guerra Villaseñor, y el segundo, Josué Pérez Cruz, quienes le asignaron un proyecto de desarrollo de robot tipo Rover “y ahí aprendí a soldar, electrónica, impresión 3D y programación”.

Algo importante: desarrollar ciencia y tecnología pero con miras a compartir conocimiento, y el primero a la mano era Ángel, entonces estudiante en Acapulco.

No pudo Nayib continuar sosteniendo económicamente la estancia y estudio en Puebla y regresa a Chilpancingo, primero con ideas de emprendimiento aplicadas a la tecnología; habló con su hermano de rentar consolas de videojuegos, creadas por código abierto, o de crear moldes en diseño tercera dimensión (3D) con nombres en bases de recipiente para gelatinas.

Supo que se podrían revalidar estudios en la UAGro y retoma una carrera, que es la actual, en una institución de la que dice “me enamoré” luego luego de haber ingresado a Ingeniería, “si me preguntas si el ritmo bajó de Puebla a la UAGro, la verdad no”.

Eso fue en 2020…año de pandemia por Covid-19. Ángel ya practicaba en un despacho jurídico y Nayib tuvo de regalo –vía un tío, Juvencio Parra- una impresora en 3D, que empezó a utilizar para crear caretas de prevención del virus, viendo ambos -junto a su tía Mary Mateos- que se empezaron a masificar en uso en los días más álgidos de la propagación.

Así que desarrollaron caretas con hojas de acetato y Nayib se iba a entregar a hospitales y centros de salud de la ciudad; Mary, con un negocio de papelería en la avenida Juárez, incluso llegó a regalar a quienes iban a comprarle y veía que no portaban algo de protección facial.

– Vimos cómo la impresión 3D, que es una de las tantas en Tecnología, cómo estaba ayudando-, dice Nayib, “pero todavía faltaba algo por exprimirle a la impresión 3D”.

Recordó que cuando estudiaba en Puebla sus maestros hablaban de un sensor que podía detectar gestos, “como el Kinect del Xbox”, y así, sólo buscando en la web, poniendo “sensor gestual” en Mercado Libre, dieron con uno, entonces a 500 pesos. Un aditamento Leap Motion que, en este caso, sirve para detectar puntos de flexión de la mano, porque para entonces los hermanos ya tenían lo que llaman “una intriga” por las prótesis corporales, “¿Qué se sentirá hacer tú un movimiento, en este caso una mano robótica, que lo haga?”, se preguntaban.

– ¿Qué los motivó específicamente a pensar en una mano para fines incluso de posible beneficio médico?, responde Nayib:

– Con la aportación de las caretas empezamos a aparecer en redes sociales, en el periódico, entonces digo “me gustaría mantener ese ritmo”, te motiva.

– Aparte se podía sacar más conocimiento de los sensores gestuales-, interviene Ángel Imanol.

Así que del primer sensor Leap Motion, de uso, comprado a través de Mercado Libre, supieron de otro sensor, éste que detecta señales que emiten músculos del antebrazo, “cada tensión que hacía, el brazalete detectaba y podías mandar esos datos para mandárselos a un sistema robótico; nosotros ya teníamos la mano”.

– Nunca buscamos, en ningún momento vamos a buscar, un fin lucrativo-, aclara Ángel, “solamente va a ser para cuestiones de investigación”.

De hecho, adelantan, tienen la intención de irse a llevar pláticas de Ciencia y Tecnología a comunidades apartadas del estado, como las que ya han realizado en escuelas de la ciudad; incluso tienen prevista otra más en el Colegio de Bachilleres (Cobach) de Chilpancingo, tentativamente para este lunes.

Sensores y placas, gestiones y solidaridad

Financiados con dinero propio, también el aportado por familiares, desarrollaron la mano con el brazalete-sensor MYO, con una placa-tarjeta Arduino como ‘el corazón’ del proyecto, controlando los periféricos electrónicos, y fue lo que presentaron en el Infomatrix de hace semanas.

Ahora, sin sensores, desde la cámara que tenga una computadora, han logrado que también tenga movimiento la mano robótica, creada literalmente desde cero: con filamentos de plástico –los de color rojo- en impresión 3D, hilos de pescar y resortes -como ‘los tendones’-, además de motores eléctricos llamados servomotores que giran sobre su propio eje.

– Veíamos convocatorias pero no teníamos nada-, dice Nayib sobre cómo se adentraron a certámenes más públicos. Por entonces acababa de llegar a la ciudad, en 2018, por eso considera que desde el 2020 empezó esto que ya ha detonado y los ha puesto como jóvenes creadores en Ciencia en el estado, “ahorita, todo concurso por el que hemos pasado ha sido porque nos hemos arriesgado; tenemos algo aquí y preferimos mostrarlo a que se quede empolvado”.

Así, cayeron en cuenta que integrar concursos y exposiciones es adentrarse a una cadena de vínculos y personas que van invitando y/o avisando de próximas actividades divulgadoras. Así, de hecho, Infomatrix de abril es su tercer evento público, porque participaron en un evento estatal, organizado por la Red Mundial de Jóvenes Políticos de Guerrero, logrando tercer lugar; después, el año pasado, segundo lugar en un evento a nivel internacional, el Emprende que organiza la Sociedad Latinoamericana de Ciencia y Tecnología (SOLACYT), lo que dio pie al evento en abril, éste de alcance nacional.

Desde siempre este ‘caballito de batalla’, presentado como Control de Mano Robótica 3D con sensor Leap Motion, un mecanismo con muy variables alcances: control de drones; detección de puntos de flexión para Fisioterapia, para posteriores estudios específicos en prótesis; interacciones en realidad virtual. De hecho aclara Jesús Nayib: “nosotros hicimos la mano no porque quisiéramos ser ‘titanes de la Biónica’ o de las prótesis, lo hicimos para que la gente y organizaciones, como SOLACYT, puedan comprobar que ya podemos controlar un sistema robótico, en este caso una mano”.

Los hermanos llegaron a tener más de diez sensores Leap Motion, que algunos han entregado en donación a instancias como el Consejo de Ciencia, Tecnología e Innovación del Estado de Guerrero (COCYTIEG), impulsados porque, desde que empezaron en esto en 2018, advirtieron los rezagos que hay en materia de promoción y divulgación de la Ciencia y la Tecnología, además de carencia de medios e insumos para que otros menores y jóvenes se vayan involucrando e interesando.

Fueron ampliando los contactos y, por ejemplo, conocieron al también divulgador de Ciencia Leo-Enver Garibay, a quien llaman también una motivación que les iba trasmitiendo conocimiento; después, a Claudio Carbajal, de la fundación Idea Joven, ambos, invitándolos a dar sus primeras pláticas sobre la mano robótica.

Para las participaciones en eventos, incluso para mejorar los insumos, aditamentos y hasta la computadora en el bunker, los hermanos destacan el apoyo de personas como Carlos Marmolejo, profesor del Tecnológico de la ciudad, y recientemente del director del Instituto de la Juventud municipal, Jordan Hunter Palma.

Sobre las gestiones hechas, ya hablando para buscar financiamiento económico con miras a participar en Infomatrix, recuerdan que de decenas de puertas que tocaron prácticamente ni una se abría, “llegábamos con currículum, (les decían) ‘llévatelo’, ¡ni siquiera lo abrían! Nos agüitamos”.

Sus tías les dijeron que buscaran a la gobernadora Evelyn Salgado Pineda; fueron entre mucha duda e incertidumbre, aun ya con el reconocimiento latinoamericano y priorizando la compra de una computadora mejorada, con capacidad para trabajar en inteligencia artificial; fueron a su oficina y, para su sorpresa, de inmediato les atendieron a través del secretario particular, Raúl García, “él no dudó, en el primer día nos resolvieron”, y eso que apenas iniciaba la actual administración estatal.

Solicitaron apoyo en oficinas de la Rectoría de la UAGro y se toparon con mucha burocracia, pero de un universitario sí recibieron la atención, sin esperárselo: del ingeniero Oscar Arcos Fuentes, director del Comedor Universitario de la capital, quien los contactó con el ex rector Javier Saldaña Almazán, aportando para la inscripción del concurso Infomatrix, así que en este certamen fueron los únicos guerrerenses participantes.

Verse en los más chavos adentrados en Ciencia

Seguir contribuyendo socialmente, continuar la integración en eventos y concursos internacionales, y promover más pláticas y conversatorios en escuelas, están entre los planes a corto plazo de los hermanos Peralta Mateos.

“La voluntad mueve montañas”, destaca el casi abogado Ángel Imanol sobre todo lo recorrido hasta ahora, aunque además “la persona que te va a ayudar es la que menos te esperas, pero también agradecemos a nuestra familia porque fue nuestro apoyo, y a personas externas que son amigos de nosotros; más fuerte que el apoyo económico, es el apoyo moral; los consejos, esos te alientan, te impulsan, sin eso no tienes nada”.

Ambos, también, sugieren más actividades, promoción e incluso mayor inversión en áreas como Secretaría de la Juventud (Sejuve) y el Instituto Guerrerense del Emprendedor (INGE), “no están mal, tienen la idea, pero falta un poquito”.

– A estas alturas han hasta donado sensores, Nayib, ¿Qué sientes para tus adentros al saber que ya apoyas a otros chavos con ideas emprendedoras y que van empezando?

– Me recuerda a mí. Yo llegué en ceros, sabemos lo que es estar solos y no poder contar con nadie. En Puebla, mis tías me mandaban para mi semana: una vez me gasté toda mi semana, en lunes, para material para laboratorio, y no comí. Imagínate cómo me voy a sentir que ese chavo no va a tener que gastar y yo se lo doy, sin problema.

Concluye Ángel Imanol con un interesante y muy útil mensaje a las nuevas generaciones de jóvenes en Ciencia: “va a haber un momento en su trayectoria en que van a sufrir, (pero) en el fracaso llega el éxito”.

– ¿Se puede hacer Ciencia en Guerrero?

– ¡Sí!-, responden al mismo tiempo, “y un montón”, aunque también, “sin curiosidad y voluntad no hay nada”.