En estas mismas páginas, hace días, se denunció el trato displicente, irresponsable, hasta déspota, de personal tanto administrativo como de seguridad privada de la clínica del IMSS en Chilpancingo, que primero negó la atención a una persona que se había caído y requería internación de urgencia, y después obstruyó el estacionamiento de personal paramédico que, ese sí, había arribado para trasladar a la lesionada a un hospital; una mujer a la que se le negó el acceso por mera tramitología, a la que se mantuvo frente al nosocomio, en la banqueta de la avenida Miguel Alemán.
Por supuesto no ha sido el único caso sino al contrario: personal médico, de enfermería y de administración continúa ‘destacando’ más por sus criticables tratos hacia las y los derechohabientes que por esforzarse en cumplir sus horarios laborales en condiciones y actitudes siquiera más o menos dignas, respetuosas y humanas, como ha sido precepto y discurso de estos gobiernos federales que, de paso, no acaban por cumplir la promesa –ahora se puede escuchar hasta populista- de tener un sistema de salud pública como el de Dinamarca.
Ese ideal discursivo continúa siendo una utopía cada vez más lejana en el México actual, pero sobre todo en estados como Guerrero y en ciudades con aún muchos atrasos como Chilpancingo, que ya sea en la clínica del Issste –que este jueves registró la enésima protesta de derechohabientes profesores- o en la sede del Instituto Mexicano del Seguro Social -IMSS- no deja de evidenciar una constante de carencias y deficiencias, sobre todo malos tratos todos los días hacia personas enfermas, en condiciones graves y sus acompañantes, quienes además de la preocupación y el estrés por la situación, todavía tienen que lidiar con trabajadores y ‘profesionales de la salud’ apáticos, que dejan con la palabra en la boca ante una petición de orientación o abiertamente no tienen ni un tacto o consideración a las personas que no llegan por gusto o para ganarse la amistad del personal.
Más allá de que ha faltado, sobre todo ante quejas en redes sociales, el valor civil para dar a conocer, con nombres y apellidos, tanto a quienes denuncian como a las y los que son denunciados al interior de la clínica del IMSS, el nosocomio lleva años en la misma tesitura operativa y de trato hacia el derechohabiente, una situación que no ha trascendido tanto porque los escándalos, las protestas, las carencias y el mal trato se han centrado, recientemente, en la otra clínica pública, la del Issste, pero finalmente se trata de instancias de la salud del Gobierno de México que no acaban por mejorar atención ni a las y los enfermos ni a sus familiares, que no tienen a dónde recurrir, por eso no queda más que la queja hasta anónima y sobre todo el soportar calladamente por la necesidad de atención médica y de enfermería, aunque ello implique volver a confirmarse que los hospitales públicos de Chilpancingo, como las clínicas del Issste y del IMSS, siguen siendo un creciente fiasco por su burocratismo, sus carencias, su lentísima tramitología y las permanentes actitudes hasta de externos, como el personal de vigilancia a las afueras.
No se tiene, ni de cerca, un sistema de salud como el de Dinamarca y, al contrario, en Chilpancingo el personal hospitalario carece incluso de tacto y hasta de humanidad en el trato diario. Es lo que ha habido y es lo que hay a pesar de discursos y promesas, hasta de protestas y constantes denuncias ciudadanas.