Golpazo: cuando se quiere, se puede

Especialistas en tema de seguridad pública y criminalidad lo han estado resaltando: el operativo donde fue iba a ser detenido, pero finalmente abatido este domingo, Nemesio Rubén Oseguera Cervantes, El Mencho, capo de capos y por ello histórico líder del cada vez más influyente Cártel Jalisco Nueva Generación –CJNG-, es un acontecimiento histórico para el país porque ha implicado del descabezamiento de la red criminal-empresarial no sólo de México, sino de todo el mundo; alguna mafia de cualquier país, por muy poderosa, añeja, intimidante y organizada que fuera, no se había comparado con el nivel de influencia y peligrosidad del cártel jalisciense, con presencia incluso en varios municipios de Guerrero, con ello, en gran parte de este país que se ha librado de un capo igual o más pesado, dados los acontecimientos recientes y actuales, que El Chapo Guzmán o El Mayo Zambada, a últimas fechas asolados por instituciones y debilitados ante el surgimiento precisamente del CJNG, que este domingo desplegó unidades y sujetos armados en 20 estados de la República. De ese nivel el golpe al imperio criminal más poderoso en recientes lustros en México.
Más allá de las opiniones muy particulares sobre este acontecimiento –que si se ha regresado a ‘la guerra contra las drogas’ como con Calderón, tan satanizada en regímenes de Morena pero ahora llevada a cabo por presiones de Estados Unidos; que si se trata de otra acción para desviar la atención ante contextos delicados para prominentes morenistas, como el influyente Jesús Ramírez o quienes habrían estado vinculados al ciudadano asesinado Sergio Carmona, el llamado Rey del Huachicol, que habría inyectado dinero ilegal para campañas en estados; que si se trató de una operación para mantener ‘contento’ a Donald Trump, aunque ello signifique sumisión del Gobierno de México-, en la vida real, en la percepción social, se ha dado un golpe muy importante a la criminalidad, una demanda ciudadana que ha visto cómo, desde hace años recientes, se ha estado ante grupos criminales mandones e impunes, con cabecillas sin ser perseguidos y menos siendo aprehendidos aunque se les haya vinculado a hechos gravísimos como la muerte de civiles como “daño colateral”, además del habitual envenenamiento social a través del narcotráfico, o la victimización a civiles a través del ‘cobro de piso’, sin dejar de mencionar la ejecuciones de figuras renombradas, seguidas y respetadas, como Carlos Manzo en Uruapan, Michoacán, o Alejandro Arcos, alcalde de Chilpancingo bestialmente asesinado, un caso que se ‘ha enfriado’ y del que nada se ha sabido sobre avances que lleven a su esclarecimiento, por supuesto a la detención del o los perpetradores; presumiblemente, también integrantes del crimen organizado empoderado e impune en este estado y prácticamente en todo el país.
De ahí la importancia del mensaje que se ha lanzado desde la institucionalidad: la estrategia “abrazos, no balazos”, del sexenio pasado, ha cambiado para dar paso a la búsqueda –donde quiera que estén- y aprehensión de los capos promotores de delitos graves en México y a nivel internacional; una buena noticia para las y los mexicanos honrados que salen todos los días de casa a la escuela, al trabajo, al emprendimiento, quienes merecen tener la certeza de seguridad y de que regresarán sanos, sin ser potenciales víctimas de delitos del crimen organizado. Qué necesario era darle este nuevo giro a la estrategia, esta sí, de seguridad.

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