EUSTAQUIO ZÚÑIGA ARIZMENDI: la Música “todo me ha dado”

Multi-instrumentista pero sobre todo en piano y saxofón tenor; maestro de inducción musical en jardín de niños; integrante de la Banda de Música del gobierno estatal; director fundador de orquesta sinfónica infantil-juvenil; egresado de primera generación de dos escuelas de Música en la ciudad (“José A. Ocampo” y “Margarito Damián Vargas”); impulsor de su propia organización musical versátil; gestor de instrumentación e impulsor de nuevos músicos menores de edad (empezando por sus dos hijos, hoy músicos de carrera) en la comunidad de Amojileca y Chilpancingo… pero “Yiyo” reprobó Música en tercero de secundaria porque no le entendía. Lo que sí entendió fue una lección de su mamá Jacoba, previo jalón de orejas: si reprobaba más se iría a vender desde la madrugada hasta la noche como ella, comerciante de fruta. Eustaquio Zúñiga Arizmendi ya no volvió a reprobar hasta la carrera de Economía, que dejó porque prefirió la Música al escuchar, al piano tocado por un amigo, “Balada para Adelina”, cuando mucho antes, de muy niño, hacía sonar botes de lata, y de 10-11 años, se iba a cantar y pedir monedas al entonces camión Circunvalación de la ciudad, además de tocar el güiro en el grupo musical de unos vecinos. Alumno primeramente de Ángel Bringas (“de los maestros que no hay ahorita”), con quien integró la primera banda de música juvenil-infantil en el estado, de 40-50 integrantes, que salió a tocar a varios municipios, “Yiyo” (apodo de su abuela desde niño, por el programa Topo Gigio, que le gustaba) prevé llevar la orquesta municipal que encabeza a las iglesias, esta semana estará en la Catedral y, además de alternar con músicos profesionales hasta militares y fusionar coros y géneros rítmicos, continúa formando nuevas generaciones de músicos, desde niños hasta adultos mayores, porque la Música “todo me ha dado: me ha dado espiritualmente, una familia, me ha dado todo lo que tengo”.

Pablo Israel Vázquez Sosa

– Me trajeron mis papás a los 4 años, emigraron ellos del campo a la ciudad-, dice de entrada el acapulqueño, nacido el 20 de septiembre de 1969, ya con más de 50 años de radicación en la capital, hijo de Elpidio Zúñiga Palma, oriundo de Ayutla, y de Jacoba Arizmendi Bibiano, de Las Vigas, viviendo en pareja en la colonia La Cima del puerto.

“Les gustó Chilpancingo y ya se quedaron; mi mamá es comerciante y mi papá es plomero”, dice el prácticamente chilpancingueño, quien confirma que, al menos que sepa, no tiene antecedente familiar en la Música, “le preguntado a mi papá, ¿De dónde salió eso?”.

Sí dice tener vagos recuerdos de pequeño, 6, 7 años, pegándole rítmicamente a botes de lata, “no sabía que me empezó a gustar la Música, mi papá le dijo a mi mamá ‘creo que este niño va a ser músico, (con) cualquier cosa quiere hacer un sonido’”.

De cantar en el Circunvalación a la instrucción académica

– ¡En tercer año reprobé Música en la secundaria Antonio I. Delgado!-, recuerda a sus maestros Humbertina y Silvestre, “no entendía lo que era la Música”.

Entonces, prácticamente enfrente de sus compañeros, llegó su mamá y lo regañó y hasta le jaló las orejas, algo que llama una lección de vida porque, de castigo, para que no piense en reprobar de nuevo, lo mandó a vender todo el día al mercado, “ella vendía nanche, mango, fruta de temporada, y me pone todo el día, de 5 de la mañana a 7, 8 de la noche”.

Yiyo, como es mejor conocido, ya no volvió a reprobar en la escuela, “no me dieron ganas”.

Terminó la prepa 1 y se metió a la Escuela de Economía, carrera que no le gustó, además ya se estaba adentrando más al ejercicio musical.

Era 1985 y un amigo de prepa, Mario Garay, lo llevó a la entonces nueva Escuela Estatal de Música José Antonio Ocampo, que dirigía el maestro Ángel Bringas García, “soy de la primera generación en 1986”, inscribiéndose después de escuchar una melodía al piano, Balada para Adelina, que le gustó y que tocaba su amigo.

Pero antes, el chamaco Yiyo salía con botella de vidrio de Fanta y un palito, a manera de güiro, para tocar y cantar en el entonces llamado Circunvalación, un camión del transporte público, “pedíamos dinero”.

Vivía en la colonia Pino Suárez y tenía de vecinos a unos hermanos músicos, integrados a un grupo que recuerda como Rítmico Murati 6, quienes lo invitaron primero a ensayar con el güiro, después, a sus 10, 11 años, a tocar incluso en la inauguración del zoológico Zoochilpan.

Retomando su primera instrucción musical en la mencionada escuela, dice que le gustó muchísimo aprender, recordando especialmente la amabilidad y disposición de enseñar del maestro Bringas, “de los maestros que no hay ahorita”.

De inicio atraído por la ejecución del piano, que aprende y enseña a la fecha, conoce la sección de viento madera y, en específico, empieza a aprender a tocar saxofón tenor con su maestra Joaquina.

Tuvo que ver, para ello, la conformación de la primera banda de música infantil y juvenil del estado de Guerrero, que organizaba y dirigía el maestro Bringas; como veía los ensayos, el chamaco Yiyo le pidió a su maestro que lo integre también, “estudia un instrumento”, le respondió.

– Me gustó el sonido del saxofón, escuchaba bien padrísimo a los alumnos que iban avanzando. Ahí me especializo-, recuerda el músico, “desde 1986 no suelto el saxofón tenor hasta la fecha”.

Yiyo también fue parte de esa primera generación de banda de música infantil-juvenil que tocó en gran parte del estado, en el sexenio del gobernador Alejandro Cervantes Delgado, “éramos entre 40 y 50 niños y jóvenes”.

Sobre cómo se solventaba entonces la prepa y la estadía en la escuela de Música, Eustaquio detalla que fue lustrador de calzado, vendedor de discos, periódicos, chicles, tortas y enchiladas en la ex terminal de autobuses Flecha Roja en la avenida Alemán, también ayudando a las vendedoras de tacos dorados afuera del Cine Colonial.

Tras su aprendizaje en la José A. Ocampo, Yiyo se pagaba clases particulares hasta que conoce de otra escuela de Música, la Margarito Damián Vargas, “fui también de la primera generación de egresados en el año 2000, donde eran unos salones del (Instituto) Tecnológico. La fundó el (hoy ex) director de la Filarmónica de Acapulco, Eduardo Álvarez, y dejó de director al maestro Memije. Ahí es carrera técnica”.

Para entonces, además, Yiyo ya era integrante de la Banda de Música del gobierno del estado, tocando desde 1990 a la fecha, como se sabe, en eventos institucionales y los martes, jueves y domingos en el zócalo de la capital.

De Sonidos de Amojileca a la actual orquesta

Desde el 2000 conformó su propia agrupación Teclados y Metales Yiyos, que inició como tecladista solista en compañía de algún cantante ocasional, pero se fue conjuntando desde que sus entonces pequeños hijos, Víctor Adrián y Gabriel David, le pedían que les enseñara a tocar, a uno saxofón y al otro el piano, instrumentos en los que también se han especializado en nivel Maestría.

De Los Yiyos, a la fecha la agrupación se denomina Los Yiyos Music Band, “tocamos un poquito de todo, menos corridos alterados”.

En el lado magisterial, Yiyo ha estado impartiendo bases musicales en un jardín de niños, ahora CAI (Centro de Atención Infantil) Octavio Paz, desde hace 34 años.

Del 2013 al 2016 Yiyo vuelve a cursar en la Margarito Damián Vargas porque le dijeron que en la anterior sede, donde estuvo a inicios de los 2000, se había perdido documentación, así que como técnico egresado, ya con su certificado, en 2017 se le acerca Enrique Hidalgo, quien lo invita a dar clases a unos niños en la comunidad vecina de Amojileca, “cobraba 50, 100 pesos, nomás para mi gasolina”.

Entonces con unos 25, 30 alumnitos, ahí se dieron los primeros cimientos para la conformación de una orquesta sinfónica infantil y juvenil municipal, entre el 2017 y el 2020, enseñando flauta, trompeta, clarinete, saxofón, piano, “al principio regalé flauta dulce y prestaba mis instrumentos”; después llegaron las gestiones ante autoridades, políticos y dirigentes.

Una gestión que llegó al entonces gobierno municipal, pero que se paró debido a las restricciones por la pandemia (aunque confiesa que nunca dejó de ir al poblado a continuar las clases), pero con la idea de integrar una agrupación de hasta 200 integrantes Yiyo continuó hasta que en 2022 la entonces alcaldesa Otilia Hernández escuchó a la orquesta y le pidió al director presentar un proyecto, de nombre inicial Orquesta Sinfónica Sonidos de Amojileca.

Es así que en febrero del 2023 se conforma y reconoce institucionalmente la actual Orquesta Sinfónica Municipal de Chilpancingo (Osmuchi) con una convocatoria en marzo para integrar a las y los menores de edad, con miras a conformar lo que Yiyo llama la primera sinfónica de su tipo en todo el estado, “recibo (en la primer sede en la colonia Morelos) a más de 150 alumnos”.

Sus dos hijos, el zumpangueño Geminiano González, Veyda Salinas y Enrique Hidalgo fueron los primeros maestros de las y los nuevos alumnos, “todo el proyecto es mío, yo le puse Osmuchi”.

Desde pequeños de 10 años hasta una alumna de 82 años han pasado por la enseñanza y presentaciones de esta orquesta, donde se imparten Historia de la Música, Rítmica y Métrica, Solfeo y Lectura de Notas, “las primeras materias que se llevan en Conservatorio”.

El debut de la Osmuchi fue el 27 de octubre del 2023, en el marco de conmemoración de erección de Guerrero como entidad federativa. Insiste Eustaquio: “la única en su tipo que ha habido, hasta la fecha, hay bandas de música, que es diferente, está la Filarmónica de Acapulco, tienen diferentes características”.

Como hay un alumno (de las 75 a 82 personas que regularmente están ensayando) que es además estudiante de la Escuela de Artes de la Universidad, donde se integró un conjunto coral, Yiyo invitó al grupo a cantar con música de la orquesta, en concreto, Aleluya, de Haendel, en las iglesias de los barrios de San Mateo y San Antonio.

Las y los integrantes de Osmuchi han tocado junto a la banda de música del estado, la banda de la Novena Región Militar en Acapulco, “posteriormente quiero reunir con un grupo musical, probablemente fusionemos con Los Yiyos”.

Con proyecto actual de presentaciones en más iglesias de los barrios chilpancingueños, incluso en la propia Catedral de la Asunción de María, ejecutando estilo barroco-coral, de entrada “vamos a estar el 13 en la Asunción, a las 7:30 de la noche, voy a poner a cantar a una soprano y un tenor”, en el marco de conmemoración de la fiesta patronal en la religión católica.

Una vida en la Música que “no cambio por nada”

– Maestro en el CAI, en la banda de música, director de la Osmuchi, en la agrupación versátil, ¿Cómo te das tiempo de andar haciendo tantas cosas?

– Me doy tiempo para todo. Me levanto a las 5 de la mañana, me duermo a las 9, 10 de la noche, y todo el día de un trabajo me voy a otro. Me gusta andar así, las disfruto muchísimo.

La pregunta inevitable: ¿Por qué el apodo de Yiyo?, responde Eustaquio Zúñiga que de muy niño, de unos 3 años, le gustaba y aún le gusta mucho el programa infantil Topo Gigio, y cuando sabía que iba a empezar salía corriendo a ver la televisión. Su abuela Dolores, a manera de broma, le decía “ahí viene Gigio” y que iba a empezar Topo Gigio, para ver al pequeño corriendo hacia la tele, así que cuando llega a Chilpancingo ya tenía ese apodo desde casa en el puerto, “luego con mis hijos nos dicen ‘ahí vienen Los Yiyos’”.

– ¿Qué tanto te ha dado la Música?

– Todo me ha dado: me ha dado espiritualmente, una familia, me ha dado todo lo que tengo; una satisfacción tremenda personal que no la cambio por nada.

 

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