Mantiene vivo el danzón desde 1937
Ciudad de México. Abril 26 2026. (SIM).- En la colonia Guerrero hay un lugar donde el tiempo se aletarga y en el que las paredes acumulan casi nueve décadas de memoria, la duela cruje bajo pasos que se repiten generación tras generación y la música, lenta y ceremoniosa, marca el ritmo de un ritual social que se resiste a desaparecer.
Se trata del Salón Los Ángeles, fundado el 29 de julio de 1937 y convertido, con los años, en referencia de la cultura popular urbana, un espacio en el que han tocado, cantado o bailado innumerables personalidades de México y otros países.
Considerado como la cuna del danzón en la capital mexicana, el recinto ha sido escenario de una transformación cultural constante sin perder su esencia.
«Yo creo que la importancia del salón es su capacidad para transformarse en estos 88 años y haber tenido la fortuna de presentar a las mejores orquestas de los géneros que se han presentado aquí desde el danzón», dijo a Xinhua su actual director, Miguel Nieto, tercera generación de la familia fundadora.
«El salón sigue vigente porque hay filmaciones, programas, entrevistas que tienen que ver con muchas cosas, no sólo con la música del recuerdo como el mambo o el chachachá, sino con nuevos grupos que hemos ido promoviendo», subrayó.
El danzón, ritmo y baile de origen cubano, llegó a México desde Cuba a finales del siglo XIX. En el Salón Los Ángeles encontró décadas después un territorio fértil para su adaptación.
Aquí se volvió más pausado, más elegante, más cercano a la idiosincrasia mexicana. No es sólo un baile, sino un código social donde la invitación, la aceptación y la distancia corporal construyen una narrativa de respeto.
En palabras de Nieto, es un lenguaje compartido con otras tradiciones de pareja, pero con un sello propio. «En el danzón el hombre conduce en pareja», explicó, al ponderar la dimensión simbólica de los movimientos del baile.
Más allá de su valor histórico, lo que distingue al Salón Los Ángeles es su carácter intergeneracional. En la pista conviven adultos mayores, jóvenes y principiantes que aprenden observando y repitiendo.
«Para nosotros es un orgullo poder seguir pisando esta duela y bailar con estas grandes orquestas», dijo José Gerardo Reyes, conocido como «El Huehue» y quien lleva 38 años como bailador, 12 de ellos en el Salón Los Ángeles.
Esa continuidad se sostiene también en historias personales. Paola González, visitante habitual desde hace casi tres décadas, encuentra en el baile una forma de resiliencia.
«El baile te saca de muchas presiones, de muchas angustias», señaló Paola, al tiempo que narró que acudir con frecuencia al Salón y bailar le permitió «sacar un poquito de la depresión que traía» tras perder a su hijo mayor.