Presencia de mero ornato, convocado por mera cortesía institucional, al ser el evento oficial de destrucción de armas de fuego decomisadas en la plaza cívica de esta ciudad que gobierna menos, Gustavo Alarcón Herrera sigue siendo de los presidentes municipales más reprobados en materia de seguridad pública y niveles de percepción de seguridad en la población.
Están de ejemplo, de primera instancia, las mediciones nacionales precisamente sobre percepción del estado de la ciudadanía en espacios públicos; históricamente, también por su alta densidad poblacional, Acapulco y esta capital encabezan los más altos índices municipales sobre baja percepción de tranquilidad y confianza nada más saliendo a las calles.
Están también, sobre todo, los recientes hechos que exhiben una total falta de resultados municipales en materia de prevención, pacificación, rescate de espacios de recreación familiar; en general de seguridad, lo que ha quedado de manifiesto con los recientes reportes de ingreso a establecimientos comerciales para robar –como se denunció hace horas en conocido bar de la avenida Alemán, así como de manera constante entre comerciantes del primer cuadro-; el inédito robo de tuberías de cobre, un hecho hasta grabado vía cámaras de seguridad particulares al perpetrarse en plena vía pública en las noches; la aún grave incidencia del intento de robo, o robo consumado, no sólo de motocicletas o motonetas, también de vehículos, en plena mancha urbana de la capital ahora gobernada bajo las siglas del PRI y del PAN por afinidad ideológica del alcalde sustituto Gustavo Alarcón.
Hay, por tanto, una delincuencia del fuero común operando a sus anchas también intentando meterse a locales comerciales y asaltando transeúntes –como se denunció hace meses en un caso especialmente sonado- y por ello hay una ciudadanía desesperada y molesta, con un sentimiento de desatención de sus autoridades, que por ello se ha visto en la necesidad de tratar de sorprender y agarrar a los delincuentes de poca monta que, está demostrado, parece que ni se busca y menos se hacen operativos para su eventual detención; que no extrañe entonces que así como ocurrió el miércoles en la colonia 1º de Mayo, donde vecinos atraparon y amarraron a un acusado de ratero en la zona, lo mismo se vaya replicando en otras zonas de la ciudad, con el serio riesgo que ello representa en materia de gobernabilidad, una posibilidad cada vez más latente cuando se tiene un gobierno sustituto en las mismas: con servidores públicos como el propio alcalde bien vigilado por guaruras y elementos federales; con un primer cuadro, zócalo incluido, donde la anarquía y el permanente riesgo han sido preocupante característica sobre todo en estos meses de administración imprevista, la actual integrada por omisas y omisos, que han evadido el tema de la proliferación de rateros de poca monta que andan asaltando en negocios, robando en las calles y hasta siendo agarrados por vecinos molestos.
Mientras “el ciudadano de primera” que es Gustavo Alarcón sigue blindado con uniformados a su alrededor, se va a ir del gobierno municipal –que nunca debió encabezar- dejando innumerables pendientes y rezagos; uno de ellos será en el rubro de la seguridad pública, área de atención gubernamental totalmente resquebrajada desde que se asesinó, todavía impunemente, a Alejandro Arcos.