Se había advertido desde hace semanas el retorno de las protestas por carencia del servicio público de distribución del agua potable dada la incontenible degradación, en todos los sentidos, de Chilpancingo, que no deja de pasar por situaciones turbias de manera constante y no ha acabado por consolidar una administración municipal estable, eficiente, que resuelva.
Lo que hay con el sustituto Gustavo Alarcón Herrera es una seguidilla de decisiones cuestionables o intrascendentes, de una permanente decepción por las formas de ejercer gobierno en esta ciudad de urgencia de mejores gobernantes, así como de un –se reitera- empeoramiento en la prestación y garantía de servicios básicos municipales; está, como sólo de uno de tantos ejemplos de la preocupante situación, la crisis de seguridad que sigue azotando al alumnado, personal magisterial y directivo de escuelas públicas del nivel básico, como –otra vez- de la primaria Gregorio Torres Quintero; planteles donde se siguen metiendo raterillos no detenidos a robar lo que sea y, con ello, no sólo afectar la situación educativa y laboral, sino volviendo a exhibir a unas autoridades que ya son ‘clientas’ de quienes perpetran todavía esa clase de delitos.
También está de ejemplo, de esta degradación de Chilpancingo, la carencia del agua potable que se sufrió desde fines del año pasado, aunque probablemente por causas de las fiestas de Navidad, año nuevo y la Feria no se hizo tan evidente la molestia de las y los usuarios, quienes de a poco pero se espera que de manera más constante -como ha quedado demostrado este mismo lunes de normalización de actividades en la ciudad, en la esquina de las calles Teófilo Olea y Galeana-, están retomando las protestas en las vialidades, que incluso ya se preveían desde hace semanas porque ese nido de burocratismo añoso y de incompetencia operativa, denominado Comisión de Agua Potable y Alcantarillado de Chilpancingo -Capach- sigue sumido –como toda la ciudad, de hecho- en un estancamiento desesperante porque mientras van en aumento las exigencias y necesidades en materia de distribución hidráulica, garantía de drenaje y permanente disposición de agua para consumo humano, en la paramunicipal nada se transforma, nada mejora, nada que indique que las y los chilpancingueños van a seguir pagando por una distribución que le garantice certezas y disponibilidad hídrica. Todo lo contrario: la protesta en el referido punto de Chilpancingo, de inmediato iniciado el año, es un aviso de cómo va a pintar la situación por la no sólo permanente, sino creciente carencia del agua, por cierto un problema que va a alcanzar tintes de seguridad nacional, puede ser que hasta en el corto plazo, por su decreciente disponibilidad en este y otros países.
Sigue Chilpancingo muy tocado en temas sensibles socialmente, como los rubros de seguridad pública y distribución del agua a través de Capach; deficiencias que, de una vez se prevé, le costarán facturas electorales a Gustavo Alarcón y quienes le acompañan en el ayuntamiento y las sesiones de cabildo: funcionarios, directivos, regidores, síndicos, hasta aliados políticos que van a acabar pagando ante las crecientes muestras de alarma, preocupación, desesperación y decepción de una población que está empezando a salir a las calles a protestar, que todavía sufre los golpes de la criminalidad hasta en sus escuelas y que no acaba por percibir que se está en una ciudad mejorada y rescatada, sino todo lo contrario.