En este Chilpancingo permanentemente inseguro, donde el único que tiene garantizado el acompañamiento policial y de Guardia Nacional es el presidente municipal sustituto Gustavo Alarcón Herrera, dos casos esta semana –denunciados a través de las redes sociales- dan cuenta de la inseguridad y el abuso de poder impulsados desde dos, de por sí, poco confiables dependencias del gobierno de la capital: la Subsecretaría de Tránsito y la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana –SSPC-, a través de su Policía Preventiva.
Ambos casos muy graves, que dan cuenta del nivel de impunidad, prepotencia y sospechoso actuar de esos uniformados de la ciudad, pero también del valor civil de los afectados, ciudadanos de a pie que se animan a revelar las anomalías de las que son víctimas o que hasta se han metido para tratar de evitarlas, como en el caso de la exhibida a los policías que, subidos en la camioneta oficial número 039, fueron rodeados por vecinos en la colonia Las Palmas para evitar que se llevaran “detenido” y enviado presuntamente a barandillas a un adolescente con uniforme de secundaria, al que además –según una voz escuchada en el video ‘subido’- un uniformado le había propinado una cachetada por un presunto comentario del muchacho. Algo que, por supuesto, no amerita que una autoridad abuse y agreda a un o una ciudadana. Finalmente el menor, de unos 13 años, fue rescatado por el grupo de vecinos, en medio del nerviosismo de los elementos de la SSPC del gobierno del sustituto Gustavo Alarcón.
En el otro hecho denunciado, que da cuenta del tipo de instituciones municipales que se tienen en Chilpancingo, una pareja –que mostró parte de las señales de agresiones, un golpe en el pómulo él y un rasguño en un cachete ella- acusó de abuso de autoridad en Tránsito municipal,, primero con el uso de una grúa sin razón social visible, llevándose su coche al corralón; después, obligando al joven a que firmara una aceptación de que la unidad le fue entregada sin faltantes ni descomposturas; al desconocer el estado de su coche se negó a firmar, viéndose rodeado de agentes que, de la amenaza de que sería detenido, pasaron a las agresiones –también a su pareja- y a atacar el coche, para después advertirle que lo tenían identificado. Para ello –según la denuncia- ya le habían tomado fotos a las placas y al propio vehículo, lo que ameritó la denuncia penal correspondiente del agraviado junto a su novia.
Y dos casos sólo de esta semana. A la fecha –como siempre-, sin que se sepa de alguna postura oficial de la administración sustituta, ni del alcalde Gustavo Alarcón y menos de los respectivos titulares de Tránsito y Seguridad Pública, que ahora resulta que también hay que cuidarse de sus elementos cuando se dé el milagro de verlos en la vía pública haciendo como que trabajan.
Tiempos funestos y de riesgo se ciernen, todos los días, en este Chilpancingo donde además de los hechos violentos graves ‘habituales’, ahora hay prepotentes con uniforme que pueden llevarse adolescentes a la menor oportunidad o golpear a jóvenes en ‘bola’, mientras continúan la impunidad y el proteccionismo en las áreas del ayuntamiento. Ante ello no queda más que tener la valentía de hacer las denuncias al menos en las redes sociales, aunque si se recurre a las instancias penales, mucho mejor, para que se oficialicen los actos de unos supuestos “cuidadores” más cerca de actos delincuentes que de los servidores públicos.