Chilpancingo estancado

Los metros cuadrados de escombro dejados desde enero no sólo en vía pública, concretamente al lado de Plaza Guerrero, sino en un lugar del primer cuadro de Chilpancingo donde todavía, por si fuera poco, es muy complicado siquiera caminar por la reducción de espacios para las y los peatones – en referencia a la plazoleta de la Libertad de Expresión, justo detrás del palacio municipal de Chilpancingo, que muy seguramente todos los días verá el alcalde sustituto Gustavo Alarcón Herrera cuando ingresa al edifico, por supuesto ostentosamente cuidado con aparatosa presencia uniformada que le rodea a todas horas- sigue exponiendo a una administración que sigue omisa, incapaz de operar por la ciudadanía siquiera a metros de su sede de gobierno.

Por supuesto la dejadez en materia de imagen urbana se suma a la larga lista de incapacidades, omisiones, deficiencias y problemas que se ciernen con mayor fuerza para las y los habitantes de la capital: además de la habitual violencia, que la tarde de este lunes ha dejado la enésima persona lesionada de bala de la colonia Jardines del Sur –especial agravio social cuando, está visto, el único que se siente seguro en la ciudad es Gustavo Alarcón-, desde ya se advierte una crisis en el suministro del agua ahora debido a un nuevo componente: la toma de los sistemas de distribución del agua potable en la sierra de la ciudad, tema social dada a conocer desde el viernes que todavía este lunes ha movilizado a pobladores y comisarios, que se dicen desatendidos en sus demandas a pesar de que hay autoridades que saben de sus carencias –por ejemplo en materia de salud- y deficiencias como en infraestructura carretera. En una ciudad donde la Comisión de Agua Potable y Alcantarillado de Chilpancingo –Capach- no ha sido garante de mejora en el reparto del agua a barrios, colonias y comunidades de la ciudad, una protesta colectiva como la actual en la sierra chilpancingueña sumiría, todavía más, a la cabecera municipal en una crisis que de por sí puede ser sin precedente, dados los acontecimientos hasta globales que afectan en la disponibilidad del vital líquido.

Chilpancingo se hunde en delicados problemas sociales sin atender –como en la sierra-, en la inseguridad que es viable que resurja en cualquier momento, afectando a terceras personas, como también en el constante empeoramiento en la imagen urbana –ahí están el escombro al lado de Plaza Guerrero y los persistentes puntos negros aún a pesar de supuestas detenciones y multas-, además del –ojo porque es igualmente delicado- constante cierre, de forma definitiva, de locales comerciales en prácticamente toda la ciudad, fenómeno constante, creciente y callado, que denota también una crisis económica que nadie ha atendido y menos desde el lado institucional, mucho menos aún en esta administración de la que poco se sabe que impulse y realice como política pública.

La capital continúa sumida en una constante de estancamiento donde ningún rubro e indicador social parece ir mejorando, sino al contrario: una dejadez institucional como la actual sólo es causal de decepción, de mala percepción social, de un sentimiento de alejamiento de parte de quienes ahora se asumen como servidores públicos en este ayuntamiento ocupado por rebasados ante los acontecimientos, omisos ante las deficiencias, sumisos ante el entorno social y decepcionantes en el ejercicio de gobierno. Y así piensan aun en candidatearse.

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