Está por iniciar, si no es que ya se empezó a echar a andar, una estrategia al interior del gobierno sustituto de Chilpancingo, por supuesto potenciada desde áreas como Comunicación Social, para, de a poco, ir mostrando al alcalde por ahora priista-panista como un gobernante con alta aprobación ciudadana; se sabe, incluso, que ya se están filtrando presuntas mediciones listas para divulgarse en ‘medios amigos’ para, gradualmente, ir sembrando percepción a la y al chilpancingueño de que se cuenta con una primera autoridad con alta aprobación social, por supuesto con fines de posicionamiento preelectoral, a la espera de que algún partido o liderazgo político muerda el anzuelo y se atreva a arriesgarse a levantarle la mano, confirmándolo como su candidato a algún cargo de elección popular, aunque en “radio pasillo” es fuerte el trascendido de que Gustavo Alarcón Herrera quiere competir, ahora sí en proceso electivo constitucional, por la alcaldía de esta ciudad que simple y llanamente se le está saliendo de las manos, que lo rebasa conforme pasa el tiempo, él en esa silla edilicia que le queda muy grande.
La capital del estado ha estado en declive imparable y, la verdad, con toda objetividad, sería tanto una ofensa para las y los habitantes de quienes sufren día con día deficiencias e incumplimientos, como un alto riesgo de derrota en las urnas para el partido y/o dirigentes que tengan la osadía de mandar como eventual candidato a Gustavo Alarcón, quien tan olvidados tiene los espacios públicos, así como las mejoras en toda la cabecera municipal, que no queda más que preguntarse por qué se está ‘guardando’ el ejercicio del presupuesto público municipal. Cabe incluso preguntarlo con objetividad y seriedad, ¿Acaso Gustavo Alarcón tiene en prácticamente ‘zona de guerra’ la cabecera municipal –con zanjas, baches y obras inconclusas- para, llegado el momento, empezar a ‘soltar el dinero’ y generar con ello la idea de que su administración está trabajando y ocupándose del mejoramiento en imagen urbana?
Y es que no hay manera de tratar de explicarse por qué, prácticamente como nunca, Chilpancingo se mantiene sumido en diario empeoramiento y sin que se advierta algún asomo de voluntad por tapar baches, rehabilitar luminarias –hasta las descompuestas en plena plaza cívica-, volver a sanear el encauzamiento del río Huacapa, agilizar y mejorar en mucho la recolección de basura, retomarse los recorridos pie-tierra de policías preventivos, y un sinfín de prioridades que, sin embargo, no se están ni medianamente atendiendo. Tan fácil como salir de casa, ver esquinas de las calles, las vialidades y hasta el estado actual del zócalo, para darse cuenta de ello.
Pero, increíblemente, Gustavo Alarcón está, de menos, pensando actualmente en decidirse si buscará alguna candidatura para el proceso electoral del próximo año; de entrada, sus poco competentes subalternos de Comunicación Social empiezan a generar percepción con miras a tratar de levantarle posicionamiento sobre todo en el sector votante. Sólo que, para desgracia de sus intereses, hay un importante problema: Gustavo Alarcón como propuesta electoral no tiene ni carisma –ese ‘ángel’ que se requiere para, de menos, llamar la atención ante público- y mucho menos lo están avalando resultados en lo que va de su administración. Sólo hay que ver el entorno actual en la ciudad para caer en cuenta que urge ya un cambio de gobernantes, por supuesto todo lo contrario al ‘estilo’ del sustituto actual.