Chilpancingo, Acapulco: normal violencia

El ataque armado contra la fachada de una casa y un vehículo, la tarde de este miércoles en el fraccionamiento José Vasconcelos, es sólo la suma de acontecimientos permanentes que recuerdan que en Chilpancingo se sigue haciendo lo insuficiente en materia de combate real y eficiente de la inseguridad pública, aunque hay que insistir que a nivel municipal la nulidad de resultados es tal que sigue siendo una constante el riesgo de que, en cualquier lugar y hora, se escuchen detonaciones de arma, se encuentre algún cuerpo –como sigue siendo permanente- o se conozca de algún ataque armado.
Pero si en Chilpancingo la situación es de por sí grave, Acapulco sigue siendo el lugar donde los delitos permean a todas horas, todos los días, con el preocupante agravante de que siguen siendo más las mujeres atacadas a balazos y asesinadas, como ha ocurrido –en nueva ola creciente de incidencia- en estos días; en el puerto, la joya de la corona en lo económico y turístico de la entidad, cualquier estrategia o avance por la pacificación y la recomposición del tejido social registra profundos retrocesos porque, al igual que en Chilpancingo, también en el puerto las deficiencias en la materia se advierten a nivel gubernamental.
Por más que en el discurso y la realización de eventos intrascendentes de un rato se quiera mandar el mensaje institucional de que se hace algo por retomar la seguridad pública, al final el trabajo realmente de resultados, el de talacha que influye en la protección ciudadana, recae en instancias del gobierno del estado como la Secretaría de Seguridad Pública, a través de su Policía Estatal, así como de la Federación, con las acciones permanentes, de calle, coordinadas con instancias estatales, de parte de la Guardia Nacional, Defensa, Marina, Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana y demás dependencias que hacen lo que les corresponde –actos de prevención, resguardo, patrullaje, decomisos, revisión, hasta de respuesta y aprehensiones ante hechos delictivos, como ocurrió ayer en Acapulco- mientras lugares como el puerto y Chilpancingo, desde las competencias que deben acatar sus respectivos gobiernos locales, representan el eslabón más débil, el nivel gubernamental susceptible a la infiltración delincuencial y a la desconfianza permanente hacia sus cuerpos de Policía y Tránsito; ahí están, de permanente mal ejemplo, las acusaciones que históricamente, desde hace años, han pesado sobre elementos preventivos y agentes viales en la capital como en el mencionado puerto.
La imparable violencia, que no pueden incidir siquiera para su disminución, es el talón de Aquiles de las respectivas administraciones del alcalde priista-panista de Gustavo Alarcón Herrera en Chilpancingo y de la morenista oaxaqueña de nacimiento Abelina López Rodríguez en el siempre ensangrentado Acapulco. Lo bueno para sus gobernadas y gobernados –se reitera desde este espacio- que sólo les quedan unos meses de ejercicio de poder municipal; ella, en el puerto, ya con las puertas cerradas hasta dentro de su propio partido, si es que todavía sueña con participar en las elecciones del próximo año; él, temeroso de salir a las calles en Chilpancingo, simplemente ‘nadando de a muertito’, decepcionando pero manteniendo el intrascendente perfil, callado, amnésico, de piel dura ante pendientes que no va a resolverle a la reclamadora población. Ambos, eso sí, “referentes” de la nulidad en el servicio público y en intentos de pacificación.

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