Así como con los jóvenes que agravian propiedad pública y privada con presuntos grafitis; así como con quienes han salido a robar motocicletas y motonetas hasta a plena luz del día; como con quienes se han metido a robar escuelas de nivel básico en las colonias, así, igualmente, la impunidad prevalece en el también delito del fuero común del robo a transeúnte en Chilpancingo.
Nada, ni una aprehensión. Es más, ni una información pública sobre algún operativo aunque sea únicamente municipal. Esos y otros delitos –como los intentos de meterse a saquear establecimientos, para ello tratando de levantar cortinas en las noches- siguen ocurriendo y a pesar de hacerse uno que otro mediático –como la denuncia de asalto a peatón prácticamente a metros de la sede del palacio municipal- sigue sin verse voluntad del gobierno del alcalde sustituto Gustavo Alarcón Herrera para hacer como que instruye algo de trabajo, recorridos, operativos pie-tierra, intento de resultados a quien todavía mantiene como encargado de despacho en la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana Municipal -SSPCM-, el policía estatal comisionado Abraham García Valente, de quien –como en el resto de las áreas operativas, como en Tránsito municipal- muy poco se sabe qué han hecho, impulsado, promovido o propuesto desde sus encargos en el servicio público. Nada, ni una postura institucional, ni un informe a la opinión pública. Autoridades municipales omisas, opacas, hurañas, que se resisten al escrutinio público y a hablarle de frente a la población. Exactamente como su jefe administrativo –el de facto, quién sabe quiénes sean-, el sustituto Gustavo Alarcón, encerrado en su reducido mundo de muro de cuidadores y barberos, de pose en fotos y emisión de videos institucionales donde lo único que demuestra es su torpeza siquiera al dirigirse tratando de hablar a las y los gobernados.
Chilpancingo sigue siendo el lugar inmejorable para la comisión de delitos del fuero común –que compete atender y evitar a autoridades de la capital-, como el robo en escuelas y de motos, el atentado con rayones en fachadas o el asalto en pleno primer cuadro, donde se supone que se debiera priorizar el reforzamiento en seguridad pero –también se sabe- no hay presencia municipal, lo que es aprovechado por asaltantes de poca monta, hijos grafiteros de padres influyentes o saqueadores de escuelas, sabedores de que la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana Municipal y el alcalde sustituto Gustavo Alarcón se han desentendido del combate al delito, y en el caso del edil, también de la responsabilidad de instalar digno y duradero alumbrado en las calles, parques y avenidas. En este actual trienio imprevisto, deficiente, de origen surgido tras un gravísimo e inédito hecho de sangre, con servidores públicos omisos y despreocupados de lo que realmente ocurre en las calles –empezando por las y los regidores, siempre callados y más interesados en sus aspiraciones electorales que en trabajar por las y los chilpancingueños-, la impunidad en comisión de delitos parece ser norma institucional, porque hasta pareciera que lo hacen a propósito: no meterse con delincuentes operando en Chilpancingo y urge desentrañar por qué, ¿Miedo, simple omisión, posiblemente complicidad con estructuras dentro y fuera del ayuntamiento? A saber. Nadie investiga, nadie pregunta en la prensa, nadie pide cuentas a Gustavo Alarcón y al resto de sus incompetentes.