Si la violencia en las calles de Chilpancingo ha empezado a desatarse por enésima vez –como lo evidencian las recientes ejecuciones y hallazgos de cuerpos, además de mortales ataques a balazos como ayer en la mañana, a un maestro de un colegio en la ciudad-, el abandono en todos los sentidos que padecen tanto el primer cuadro como el propio zócalo de Chilpancingo es síntoma de la crisis que no sólo persiste y se va agravando, sino que continúa solapándose, ya sea por omisión o simple incompetencia, a saber si involuntaria o a propósito.
Mientras la zona de bares y cantinas de la calle andador Emiliano Zapata ha contado con regular presencia policial y, de vez en cuando, recorridos de efectivos de la Guardia Nacional, sobre todo los fines de semana, de noche hasta la madrugada, la que puede llamarse ‘la mejor zona’ de toda la ciudad continúa en completo abandono ya bien entrada la noche: al disminuir la afluencia de familias y de comerciantes, tanto temporales como locatarios, la alerta es la misma porque, como nunca antes incluso, es notable la ausencia de recorridos policiales e incluso de resguardo de edificios gubernamentales, como el Palacio de Cultura, el Museo Regional y por supuesto el palacio municipal, donde antes, en su parte frontal, era habitual advertir policías preventivos caminando o estando sentados en algún rincón de ese punto. Pero ahora, a pesar de las denuncias incluso de asaltos e intentos de incursión a establecimientos en los alrededores, hay espacios en completa obscuridad; y ya ni decir de las calles aledañas: justamente al lado del ayuntamiento, entre restaurantes y cafeterías, prevalece una obscuridad peligrosísima, propicia para la comisión de delitos que no pueden erradicarse porque, además, no se ha sabido de alguna detención o detenciones de criminales, sean ‘ratitas’ del fuero común, personas armadas o agresores como el de ayer en la mañana, que mató al joven profesor de Inglés y por quienes, de nueva cuenta, se están expresando muestras de enojo, temor al salir a las calles y reclamo a unas autoridades que continúan evidenciando fallas a la hora de trabajar por la seguridad y la pacificación públicas en Chilpancingo.
Ya que ni siquiera los vendedores de temporada, frente al Museo Regional, cuenten con presencia y recorridos de la Policía Preventiva –lo que sí se notaba en años anteriores- durante las noches y madrugadas, es muestra de la indolencia y omisión de áreas como la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana del Municipio, que encabeza el policía estatal comisionado Abraham García Valente; como la regiduría de Seguridad y Protección Civil, Ernesto Franco Pérez, así como del propio alcalde sustituto Gustavo Alarcón Herrera, que sigue como intrascendente ‘ciudadano de primera’, él sí blindado a donde vaya mientras el vecinal reporte de todos los días es que el centro y el zócalo continúan al menos parcialmente a obscuras, pero en completa desatención en materia de recorridos, vigilancia y presencia policial municipal y estatal, así como federal vía la Guardia Nacional, algo grave y más cuando se percibe un aumento en la violencia que sigue dejando –como en estos recientes días- ataques a balazos, lesionados “colaterales”, luto en hogares –esta vez, en el del joven profesor Luis César- y un creciente sentimiento de indefensión y abandono por parte de autoridades sin capacidad de reacción y prevención, ni siquiera en el ‘mejor lugar’ de la capital.