Área pública privatizada

Ha sido, sobre todo desde hace pocos meses a la fecha, más complicado todavía siquiera caminar más o menos tranquilamente, sin obstáculos, en el primer cuadro de Chilpancingo: de buenas a primeras, no de manera espontánea porque –se sabe- cualquier ocupación de vía pública requiere pago a Gobernación municipal o directamente al ayuntamiento, nuevos puestos de cualquier cosa, por más pequeña que sea –pan, chácharas, ahora hasta flores y adornos por este Día de Muertos-, se instalan en espacios antes utilizados para estacionar automóviles y/o motocicletas, con sus dueños o encargados ocupando el paso exclusivamente peatonal, es decir la banqueta, como lugar de transición o de muestra de lo que se debe. Si esta práctica ha estado normalizada, como ejemplos, en pasillos como Morelos, que da acceso al zócalo, o en metros de banqueta de la avenida Insurgentes, rumbo al mercado central, el zócalo y el resto del centro siguen siendo muestra de una ambición cada vez más desmedida por parte de quienes son destinatarios prácticamente directo de lo recabado por concepto de “pisaje”: servidores públicos que siguen sacando ventaja de sus encargos para sólo cobrar y, por más que se les insista, nunca transparentar tanto el monto cobrado al día como su ejercicio, se supone que para beneficio de la ciudadanía.

Mientras se siguen viendo más accesorias comerciales cerradas en donde sea, con la leyenda “Se traspasa” o “Se renta” –signo del estancamiento económico, del bajo poder adquisitivo social, de las fuertes y mayores cargas impositivas del ayuntamiento por operación, y de la creciente competencia desleal que siguen siendo el ambulantaje y los expositores ‘temporales’ como los que ahora siguen, por enésima vez, en pasillos y accesos al zócalo-, fechas de especial consumismo como el actual, el tradicional Día de Muertos y el extranjerizado Halloween, son propicias para que surjan nuevos emprendimientos de calle, que ocupan –además del zócalo, calle Zapata al alrededores- parques y jardines, como un nuevo puesto de venta de flores de cempasúchil en el siempre abanado parque lineal del paseo Cervantes Delgado y calle Madero, recientes emprendimientos que –se deja bien en claro- no pretenden criminalizarse en este espacio, al tratarse esa vendimia de un medio honrado y digno de buscarse el ingreso económico y la subsistencia, lo que se denuncia es que el gobierno sustituto de Gustavo Alarcón Herrera se vaya por la más fácil, que es tolerar –previo pago- la instalación de vendimia invasora donde sea, con afectación al automovilista y la ciudadanía de a pie, pero sin generar facilidades, políticas públicas, estrategias, gestiones, para la recomposición de la economía en la capital.

Ni una idea, ni una gestión, ni un plan que anuncie el alcalde sustituto, ni un viso de acercamiento con ese sector, también en completa sumisión, que es el comercial y empresarial; una cadena de omisiones y ambiciones en el gobierno priista-panista que, sin embargo, se va a ir el próximo año; lo que ahora debe interesar es saber qué van a plantear las y los aspirantes a la alcaldía chilpancingueña, también a las diputaciones locales con distritos en la capital, en quienes se tienen puestas hasta las esperanzas para que incidan en el urgente rescate de Chilpancingo, no sólo de su vía pública, sino de su gobernabilidad y dignidad, pisoteados ambos a la llegada de esta imprevista administración con futuros perdedores cuando levanten la mano para candidatearse en el 2027.

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