Abandono urbano y grosera ostentosidad

A este domingo en la tarde, en la esquina de las calles Andador Zapata y Galeana –uno de los puntos públicos más concurridos todos los días en Chilpancingo-, permanecía, como desde hace semanas, un ahora abandonado ‘trabajo’ de presunta rehabilitación de sistema de drenaje, así que hay que caminar y conducir todavía con mucho cuidado porque además del hoyo a cielo abierto ha permanecido escombro a su alrededor.

Sólo metros adelante, en el andador, la habitual invasión comercial que quita gran parte del espacio peatonal, desde la entrada por la calle Nicolás Catalán hasta llegando prácticamente a la plaza cívica del zócalo; un largo tramo que debiera ser para la caminata pero que, como prácticamente todos los días, se ha preservado como otra ‘caja chica’ más del gobierno sustituto de Chilpancingo, que sigue sin transparentar a cuánto asciende, diariamente, lo que capta por concepto de cobro de permiso y ‘pisaje’ al creciente número de vendedores, hay que decirlo, invasores de más espacio común que aprovechan las facilidades que se dan en Chilpancingo, desde hace años pero sobre todo a la llegada de estos servidores públicos… algunos, por cierto, con aspiraciones electorales, por ello no se descarta que se beneficien de esa entrada de dinero del comercio invasor, y es que es tanta la opacidad que ello da para pensar que esas sumas que ingresan, quién sabe si a las Cajas del ayuntamiento, puedan ejercerse para dentro de unos meses, para el arranque de las elecciones y no precisamente para mejoras en imagen urbana. Algo completamente creíble cuando se sabe que Gustavo Alarcón Herrera, el rebasado alcalde imprevisto, que nadie esperó y por el que nadie votó, podría estar pensando en buscar la alcaldía ahora bajo proceso electoral, es decir él buscando el voto; un trascendido que ha tomado fuerza en medio del permanente declive de su partido, el PRI, y la inexistencia del otro partido al que le vincula, el PAN.
Una posible aspiración y candidatura que, de inmediato, pintan para el rotundo fracaso; primero, por las condiciones en que se mantiene Chilpancingo a la llegada de esta administración donde todos: síndicos, regidores, directores de área, funcionarios medios, están trabajando por su lado, para nada conjuntados y sí priorizando sus ambiciones electorales particulares; segundo, por las condiciones propias del señor Gustavo Alarcón, una autoridad a la baja, sin carisma, que no genera ni empatía y menos admiración –básicos para efectos de resultados electorales y conexión con posibles votantes-, quien sigue viéndose, de forma grosera e insensible, como un “ciudadano de excepción” cada vez que llega a salir a la calle o alguna colonia: sí autoridad constitucional, por ello con debidas atenciones sólo por la investidura, por otro lado este alcalde sustituto genera percepción de inseguridad al verse rodeado de ostentosa vigilancia personal, lo que se nota hasta en la información institucional: hay que imaginarse el tipo de eventual candidato que llegue a ser una persona como Gustavo Alarcón; hay que imaginárselo siquiera en campaña, entre la gente, entre sus compañeros de partido, incómodamente ‘blindado’ por decenas de guaruras, policías de civil y creciente recurso material y humano de la Guardia Nacional a su alrededor, ¿Qué clase de confianza va a generar un aspirante así?, y con los “resultados” ahora mostrados desde la alcaldía, ni cómo pensar en reposicionarse, él y su partido.

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