A rescatar el zócalo, que urge

Tan recurrente ha sido la invasión del comercio fuereño e informal en pasillos del zócalo de Chilpancingo, que no sólo hay expresiones de extrañamiento en la población ahora que, al fin, ese punto permanece libre en accesos y pasos peatonales, sino además es noticia para páginas informativas y medios de prensa; todas y todos, asombrados pero también planteándose la pregunta que ha flotado en el aire y en las pláticas, ¿Hasta cuándo estará así de limpio y libre ese zócalo, como nunca antes ocupado por toldos, estructuras, tela e instalaciones eléctricas ‘hechizas’ donde además se ha robado la energía eléctrica?

Porque si desde años ha sido latente que lleguen comerciantes –de fuera hasta de Guerrero, en la mayoría de las ocasiones- a copar con sus metros de estructuras el ahora mal llamado ‘centro histórico’ de la ciudad, a la llegada del sustituto Gustavo Alarcón Herrera se está ante una constante inevitable que afecta a las y los propios paisanos del alcalde priista-panista: vendedoras y vendedores establecidos, que pagan renta por ocupar accesorias, erogan gastos obligatorios por salarios, servicios públicos –si es que luego hay- y todavía por permisos y licencias cobrables en cajas del ayuntamiento capitalino, han enfrentado y sufrido cada vez más semanas de permisos oficiales municipales no para que ellas y ellos ocupen esa zona -se supone que la mejor de toda la ciudad- para instalarse a vender, sino para que les metan competencia desleal, que además ha dañado estructuralmente como ejemplos en partes del Museo Regional o del ahora Consejo de la Judicatura –antes Tribunal de Justicia- y, en general, impacta en las de por sí ventas a la baja que llega a reportar el comercio local, constantemente golpeado y, como se ha recalcado desde este espacio, prácticamente solo, porque fuera de algunas quejas en redes sociales, o en las páginas de este medio, la realidad es que sigue sin haber un o unos liderazgos que pesen mediática y socialmente y alcen la voz de reclamo ante esa constante de afectación a la y al locatario residente, de casa, el que se ha mantenido sobreviviendo en esta ciudad de por sí con sus problemas y deficiencias cotidianos.

Mientras la ciudadanía se pregunta cuándo volverá la invasión comercial en el zócalo, y mientras ahora ha habido tímidas posturas de representantes empresariales, muy políticamente correctos, sobre intentos de cuestionamiento a esas instalaciones aprobadas por el gobierno municipal, en concreto por Gustavo Alarcón, este año -en que cual más político potentado, hijo de vecino cualquiera, o advenedizo que nunca falta presumiendo tener las respuestas a los grandes problemas sociales, cuando antes ni se preocupaba u ocupaba- será especialmente importante escuchar lo que planteen quienes quieran no sólo gobernar, sino también legislar por Chilpancingo; futuros y futuras aspirantes a la presidencia municipal y a los dos distritos locales del Congreso local que ahora, sí o sí, deben mostrarle más respeto a esas y esos a quienes les pedirán el respaldo y eventualmente el voto, ¿De qué forma?, planteando propuestas viables, serias y cumplibles, por ejemplo, qué podrían impulsar para rescatar y volver a dignificar el centro histórico de la capital, vuelto un mercado donde se llega a ofrecer ya casi de todo, vuelta una zona donde unos cuantos salen beneficiados, tanto por cobro de permisos como por la instalación en ese lugar privilegiado de toda la ciudad.

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