Aparentemente en buen lugar como punto de venta, en lapso de unos meses se ha vuelto a anunciar como “se renta” un establecimiento, ahora de nuevo cerrado y vacío, en la esquina de la calle Morelos con el paseo Alejandro Cervantes Delgado, frente al acceso del panteón central y en una zona de alta afluencia diaria de automovilistas.
Igualmente, en la muy concurrida avenida Ignacio Ramírez, a metros de un costado del ayuntamiento de Chilpancingo, los propietarios de un establecimiento que operó muchos años como papelería ya bajaron cortinas definitivamente, como el fin del año pasado lo hizo el dueño de la añeja Perla del Sur en el acceso al zócalo capitalino por la esquina con la calle Abasolo.
Desde este transcurrir de inicio de año, es cosa de salir a las calles para platicar con personas del sector comercial, fijos y semifijos, que han confirmado el encarecimiento de insumos diarios, o han tenido que modificar sus etiquetados en productos y servicios con montos a la alza, como ya se está viendo en algunos puntos de venta de alimentos, como sólo un ejemplo.
Autoridades como del gobierno sustituto de Chilpancingo mucho tendrán que hacer, más allá de solapar la invasión comercial hasta por servicios inverosímiles como la aplicación de tatuajes en el zócalo, para echar a andar la ‘maquinaria’ que dé impulso a la productividad, a la generación de circulante de dinero, con ello de preservación de fuentes de empleo a través de establecimientos operables, seguros, con certezas, viables de manera permanente, porque lo que hay –en este inicio de año en ‘cuesta de enero’ y encarecimientos diversos- son más emprendimientos y fuentes de empleo que están cerrando, una tendencia desatada sobre todo a lo largo del año pasado, que recuerda la urgente necesidad de coordinación institucional, hasta legislativa, para que se echen a andar estrategias efectivas, eficientes, al alcance de todos –desde pequeños comerciantes hasta sectores empresariales-, para no dejar morir a los negocios comerciales, con ello de generar crisis en sus impulsores y despidos de personal, como ha estado ocurriendo precisamente por este más constante entorno de crisis de circulante, así como de garantías de consumo y operatividad.
Mientras a nivel gubernamental –al menos desde los niveles estatal y federal- continúan permanentes acciones por la recomposición social, lo que ha permitido disminuir índices en delitos graves en el estado, a la par –porque las señales empiezan a ser más contundentes y preocupantes- este año debe ser de prioridad para la productividad y las garantías de apertura de negocios y emprendimientos; para ello, claro está, también se requiere el empuje, la inventiva, la solidaridad, el acompañamiento y la –por fin- actitud más proactiva de dirigentes y representantes de las agrupaciones, cámaras y demás iniciativas colectivas empresariales y patronales, calladas y callados desde hace años al menos en Chilpancingo y eso que esta ciudad no deja de registrar entornos que preocupan y que tiene que ver con inseguridad, protección y fomento de competencia desleal.
Este debe ser el año de la recomposición también productiva, comercial y empresarial de la capital antes de que negocios y empresas sigan cerrando sus puertas de manera definitiva, con todo el riesgo social, hasta también electoral, que ello representa. Solapar ambulantaje, de inicio, no es para nada buena idea.